La Tetica de Bacares, 2.080 m de altitud.

La Tetica de Bacares, 2.080 m de altitud.

Es toda una sorpresa mirar al horizonte de los Filabres desde cualquier tramo del Almanzora. Es una sorpresa porque la silueta de la sierra desvela formas matemáticas en las cuerdas de las montañas. Una de ellas, prominente y bien visible desde el valle, es el triángulo equilátero de la Tetica de Bacares, que con sus 2.080 metros de altitud es la segunda máxima altitud de los Filabres tras Calar Alto (2.168 m). En ambas, la comarca del Valle del Almanzora, de la mano de la de Filabres-Alhamilla, rozan el cielo y desde luego miran más allá, su mirada se pierde por el centro del universo conocido cuando las cúpulas de los telescopios se abren y rastrean la oscuridad.

No sé si existe un gen ‘montaraz’, pero hay algo en mis genes que, cuando observo una montaña -sea la que sea- me impele a subir y mirar desde lo alto. Y eso es lo que me dispongo a hacer, ascender a la Tetica de Bacares, monte emblemático donde los haya, invitando al mismo tiempo a cada uno de los que esto lean a que también lo hagan. Es cómodo, fácil e inolvidable si se presencia, allá arriba, el anochecer de una tarde invernal.

Una auténtica maraña de pistas y carriles surcan las laderas de la sierra de los Filabres, pero hay dos puntos de entrada para el comienzo de esta ascensión. El primero desde Purchena, detrás de las piscinas, pasa junto al Centro de Interpretación del Tiempo -aún en obras- dirigiéndose hacia el área recreativa de la ‘Silveria’. Esta ruta es muy larga y transcurre, casi en su totalidad, por carriles de tierra bien compactados, aptos para todo tipo de vehículos siempre que no llueva y el barro aparezca.

Ascender de Purchena a la Tetica es eterno, y no por la existencia de una distancia inabarcable, sino por las continuas paradas que han de hacerse para admirar las hermosas y amplias vistas que se extienden sobre el valle. Al pasar por las laderas se aprecian las huellas del carboneo excesivo que en su día asoló encinas y cornicabras de estos montes, pero al mismo tiempo se disfrutan los espesos pinares que anuncian una mayor altitud. Con frecuencia paso junto a cortijos desvencijados, semiderruidos por el tiempo, rodeados de paratas que permitían una agricultura de subsistencia, en las que aún se cultivan almendros y huertos estivales. Las condiciones meteorológicas han sido condescendientes con los valles orientados a levante, y en uno de ellos encuentro el primer almendro en flor, el primero del invierno, casi cuarenta días antes de lo previsto.

La segunda ruta que nos lleva a la geométrica cumbre es la que parte desde el pueblo de Bacares. Recomiendo esta última por su sencillez y comodidad, ya que permite alcanzar la máxima altura por una estrecha carreterilla asfaltada que brinda acceso a la multitud de antenas de comunicación erigidas en lo alto del risco. Desde la localidad bacareña parte la carretera AL3102 (Bacares-Velefique), encontrándose el cruce a la Tetica junto al punto kilométrico 30 de dicha vía, hacia levante. Recomiendo que se estacione allí el vehículo y se continúe a pie hasta coronar la magnífica atalaya, lo que conseguimos siguiendo el asfalto, tras salvar los cuatro kilómetros y medio que nos separa del vértice.

Mientras asciendo contemplo el bosque de pinos silvestres, que con su corteza anaranjada le da un aspecto alpino a estas tierras áridas y severas, frías y nevadas en pleno rigor invernal y abrasadas por el sol en los meses estivales. Avanzo y me detengo de improviso ante lo que parece ser una grieta que atraviesa una pista forestal, pero al fijar la vista me percato de que dicha grieta se mueve, resultando ser una fila completa de orugas de procesionaria del pino, fijándome entonces que un gran número de árboles soporta dos o más nidos de esta mariposa nocturna devoradora de acículas. Hasta alcanzar la vegetación típica de montaña, los clásicos piornales, las interminables procesiones de orugas se repiten sin cesar; sin duda el cálido noviembre ha propiciado el nacimiento excesivo de larvas. Los pinos lo sufrirán, está claro, pero también hay que entender que los bosques de repoblación son masas forestales artificiales que sufren, con más frecuencia que las formaciones naturales, ataques de plagas e insectos predadores.

Poco a poco me encaramo, a base de ‘zig-zags’ a la cúspide de la Tetica de Bacares, donde puedo leer la placa que han erigido en conmemoración del enlace geodésico entre Europa y África, hecho poco conocido pero de grandísima importancia científica, ya que consiguió fijar la distancia exacta entre los dos continentes. Realizado en el año 1879, forma parte de la literatura científica más deliciosa, de la que traigo un extracto:

“A primeros de septiembre, nada más instalarse en sus bases, se desató un temporal de vientos y nieve. Descendió el termómetro a diez grados bajo cero. Los observadores experimentaron en los cuatro vértices la decepción de no columbrar durante el día de un lado a otro del Mediterráneo las señales que recíprocamente se transmitían. Ni una sola vez divisaron desde un continente los reflejos de la luz solar que con los heliógrafos se les enviaban desde el otro; y hubiera sido completo el fracaso de la expedición, de no haber utilizado durante la noche las luces eléctricas que mediante potentes reflectores se enviaban mutuamente.

Las observaciones se hicieron por la noche, desde el 9 de septiembre hasta el 4 de octubre, empleando círculos acimutales Brunner y lámparas eléctricas alimentadas por generadores movidos a vapor.

Las penalidades que sufrió el personal acampado en el Mulhacén casi no tienen nombre. La presión barométrica fluctuaba alrededor de 500 milímetros, produciendo perjudiciales efectos sobre la salud de los observadores. La temperatura oscilaba enormemente, y tras la puesta de sol comenzada a descender, siendo insoportable el frío a muchos grados bajo cero. Sobre la nieve congelada por la noche caía durante el día una nueva nevada, que aumentaba el espesor de la que cubría montes y valles. Por último, en la mañana del 19 de septiembre, cayó un rayo sobre el vértice del Mulhacén, descomponiendo parte de los aparatos.

La permanencia en el vértice Mulhacén, sobre el cual se desencadenaban con creciente frecuencia horribles tempestades, era del todo imposible. El geodesta Monet dispuso trasladarse con todo el personal y el material al vértice Tetica, en el cual estaba ya instalado el 10 de octubre, permaneciendo hasta el 24. En este intervalo pudo percibir dos veces los reflejos solares enviados de M’Sabiha, en las tardes del 13 y del 18, y una sola vez los de Filhaoussen, en la mañana del 18 de octubre. Medidos los ángulos formados entre sí por las tres direcciones del cuadrilátero, abandonó el pico de Tetica el 25 de octubre, después de una penosísima campaña de ochenta y un días, con la certeza de que el proyecto de enlace era realizable, aunque con el temor de que su realización exigiría mucho tiempo si los observadores no tenían a su disposición señales verdaderamente extraordinarias.

En Argelia estaba instalado el Capitán Derrien desde el 1 de septiembre, en M’Sabiha, desde el cual, en 1868, el Capitán Perrier había distinguido a simple vista la costa española. Desde el 1 al 12 de septiembre el vértice estuvo cubierto de espesa y persistente niebla, y fue imposible toda observación; pero el día 13 apareció por fin la lluvia, y limpió tan bien la atmósfera, que a la mañana siguiente el heliotropo de Filhaoussen brillaba al Oeste, y la costa española aparecía hacia el Norte-Noroeste confusa todavía en la dirección del Mulhacén, pero muy clara en la de Tetica. El día 26 de septiembre, al ponerse el sol, distinguió la costa española; pero la vio mejor al día siguiente, destacándose de una manera notable las cumbres de Mulhacén y Tetica, gracias a lo cual midió el mencionado geodesta los ángulos y las alturas, dibujando con gran exactitud todas las inflexiones que aparecían en las sierras españolas.
Desde el día 12, avisado de que el coronel Monet había abandonado el vértice Mulhacén para trasladarse a Tetica, el oficial francés hizo apuntar sus espejos en dirección a este vértice. El día 18 de octubre vio aparecer en el campo del anteojo un débil resplandor rojizo, que era la luz solar reflejada por el heliotropo. Esta imagen sólo permaneció en el campo del anteojo por espacio de veinte minutos; mas fue suficiente para que quedara determinada la dirección a Tetica. Respecto a la de Mulhacén, la forma de esta montaña, vista desde M’Sabiha, podía dar lugar a una incertidumbre de 5’ a lo sumo.

Calar Alto y Sierra Nevada al fondo.

Calar Alto y Sierra Nevada al fondo.

Por su parte, el Capitán Koszutski estaba instalado en el vértice Filhaoussen desde el 25 de agosto. Solamente el 26 de septiembre divisó por primera vez la costa española. Mulhacén se destacaba perfectamente también se distinguía Tetica, pero no sus heliotropos, que permanecían invisibles. Finalmente el 24 de octubre pudieron medirse los ángulos y las alturas. La campaña francesa terminó el 3 de noviembre de 1878.

El resultado de este reconocimiento preliminar hizo factible el proyecto, de manera que el gobierno español invitó a su homólogo francés para que participase en el mismo, decidiendo ambos que el general Ibáñez de Ibero y el comandante Perrier coordinasen los trabajos.

Se construyeron 1.100 metros de caminos de montaña de dos metros de ancho, por los cuales y con grandes dificultades, se pudo izar hasta la altura mayor de España, o sea, hasta el vértice del Mulhacén, en la cumbre de Sierra Nevada, el enorme bagaje científico que era necesario utilizar.

Se trataría de un cuadrilátero gigantesco sobre el Mediterráneo. Una de sus diagonales y un lado miden cerca de 270 km.”

(GENERAL IBÁÑEZ; CORONEL PERRIER (1883): «Enlace Geodésico y Astronómico de la Argelia con España» en Memorias del Instituto Geográfico y Estadístico. Tomo VII. Instituto Geográfico y Estadístico, Madrid)

El sol se empieza a ocultar destacando entonces las cúpulas astronómicas de Calar Alto y tras ellas la silueta blanca de Sierra Nevada. Me giro hacia Levante y así puedo contemplar uno de los espectáculos más sorprendentes que jamás vi en montaña alguna: la sombra de la Tetica de Bacares extendiéndose sobre la bruma de cerros y valles, alcanzando una distancia considerable.

La sombra alargada de la Tetica de Bacares.

La sombra alargada de la Tetica de Bacares.

El momento es irrepetible. Cuando el sol desaparece y los púrpuras envuelven hacia el sureste las formas de sierra Alhamilla, me calo gorro y guantes de lana comenzando el descenso que me  llevará a Bacares, el pueblo que me proporcionará parada y fonda esta noche, donde sueño dar buena cuenta de una copilla de vino junto a un par de huevos con papas fritas y jamón de Serón. Más no puedo pedir, rural como la comarca, así me siento y así recorro camino.

¡Y que dure, por favor!

Jorge Garzón / Miradas ©2009

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