¡Bienvenido a los Pedroches!

¡Bienvenido a los Pedroches!

Hay dos paisajes castellanos en el sur peninsular, hay dos enclaves que recuerdan, en sus hechuras de paisaje y en lo recio de las gentes, a la tierra de Delibes y a los olmos secos ensalzados por Machado; una de ellas no fue castellana ‘de chiripa’, como diría el castizo, y es que si geográficamente no se interpusiese Sierra Madrona y las menores de Santa Eufemia o la Garganta, la preciosa comarca de los Pedroches sería una continuación natural del manchego valle de Alcudia y de la Serena extremeña, recuperando -eso sí- su tono andaluz al llegar a las oscuras lomas arboladas de la cornisa norte del Valle del Guadalquivir.

Acabo de llegar a Los Pedroches que me acogen, no sólo con un cartel de bienvenida bien visible desde la carretera, sino también con el porte de sus encinas centenarias y los regatos de agua que fluyen por todas partes. Luce el sol, lo que es casi una excepción este invierno ¡quién lo diría en Andalucía! Y las vegas verdean tímidamente mientras los pastos, aún pardos, humean por la condensación y el frío de la noche; bandadas de rabilargos se pelean por las copas asoleadas de los chaparros y el sonido de las merinas por los cordeles me recuerda donde nació mi abuelo: Tierra de Campos, Palencia.

Desde Villanueva de Córdoba alcanzo Pozoblanco, y de allí me dirijo a Dos Torres, la villa noble. Caras amigas me reciben en la sede del Grupo de Desarrollo Rural y me facilitan valiosa información para descubrir los rincones de esta tierra amiga. Según me dirigía a Dos Torres he ido dejando atrás vías de comunicación centenarias: caminos rurales, cordeles, veredas y las primeras cañadas. Desde lo alto del pueblo, en el Pozo de Nieve junto a la ermita, visualizo los caminos que transitan la comarca y me arrepiento por no haber traído la bicicleta para recorrerlos al mismo paso de los rebaños de ovejas, pausadamente, sin prisas, empapándome de una de las comarcas con mayor proyección de Andalucía.

Recorriendo lso caminos a otro paso, a mí me sigue pasando lo mismo esté donde esté,  cuando escucho el nombre de ‘Los Pedroches’ me retrotraigo al sentimiento de un paisaje, se despierta en mí la emoción al imaginar las dehesas, las cañadas, las estepas, los ríos y las paredes de piedra. Quiero contarles y así empiezo hoy, sobre un  modo de vida en cuyo reloj manda aún la naturaleza. Quiero traer, en definitiva, un trocito de los Pedroches a las pantallas de sus computadoras. ¿Puedo?

Jorge Garzón / Miradas ©2010

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