Marzo 24th, 2010ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

· Los Pedroches, fábrica de paisajes ·
¡No tengo palabras! No es que haya perdido la inspiración, sino más bien que los paisajes visuales y sonoros de los Pedroches me las robaron. Llevo ya un día aquí y acabo de llegar a un remanso de paz entre casas de piedra y calles rectilíneas, El Guijo. Me he colado hasta el corazón de los caminos que se encuentran entre el cielo y la tierra, al cruce de las dos ‘autopistas’ reales más sonoras: la ‘Cañada Real Soriana’ y la ‘Real de la Mesta’; en el cruce de ambas miro al anochecer y me quedo maravillado por lo que me ofrece.
Casi todos los viajeros, caminantes, habitantes y personajes que me cruzo en mis crónicas aprecian el paisaje, pero suelen ser los forasteros quienes lo contemplan durante más tiempo. O a lo mejor me equivoco y quienes los interiorizan más fielmente sean los pastores que recorren las cañadas reales entre ganados; aún así los primeros los tratan de conservar a base de fotografías. Yo, fotografía sí, fotografía no, rememoro y me considero un militante del paisaje.
Y como buen militante, busco los rincones más propicios para su contemplación, y encuentro en Los Pedroches uno de esos lugares fundamentales donde debieran confluir las ‘Rutas del Paisaje’, aún no inventadas, pero apuntadas tras estas frases. Quienquiera que se aventure por las trochas, tras las casas, entre las ovejas o al borde de arroyos junto a ermitas encaladas, recibirá aquí un regalo en forma de paisaje.
Podría describir lo que tengo enfrente con esas palabras robadas que se han quedado tras las poderosas encinas cordobesas, podría intentar almacenarlo en los sonidos que me acogen al sentarme en el cordel, o incluso podría intentar dibujarlo con trazos pastel y lápices de colores; pero aún así me faltaría algo: la imagen de lo visto y la sensación que la acompaña. Con todo lo anterior y acaso la duda de no poder convencerles les ofrezco, enhebrados entre mis párrafos, algunas de esas imágenes en las que pude traducir los paisajes más acogedores de la comarca.
Si se mira al cielo, las nubes -arte efímero-, cambian el ocaso por momentos; si se asciende a uno de los mansos cerros pedrocheros, la dehesa embalsada entre vaguadas y cañadas se extiende hasta el horizonte; si se escucha al paisaje, el sonido de merinas vagabundas llena el aire del final del invierno; arboles ennoblecidos, paredes de piedra inmóviles, cruceros blanquísimos guardando el paso del valle…
Estas son algunas de esas sorpresas imprevistas que se extienden entre el cielo y la tierra de esta comarca emocional. Kilómetros llenos de olores, sonidos y colores a los que no incomoda el reloj, están ahí en la antesala del día, al amanecer, bajo la luz vertical del mediodía o en los coloraos rasantes de la puesta de sol. Es aquí en esta tierra de sensaciones, donde los paisajes escondidos entre el cielo y la tierra se hacen visibles. Todos y cada uno de ellos esperan una visita, están pendientes de tu llegada…
Jorge Garzón / Miradas ©2010














Marzo 27th, 2010 a las 7:04 pm
Enhorabuena por este blog tan profesional e interesante. Mi pueblo Valenzuela me ha llevado hasta allí. De parte de un vinagorro que está fuera de su tierra.
Abril 2nd, 2010 a las 9:24 pm
Yo vengo de hacer un cachito de la Transandalus por los Pedroches, y de ciclar por el Cordel de la Mesta y dormir en la encantadora Casa Rural Cañadas Reales, de El Guijo.
Por cierto, ahora mismo escribo desde Valenzuela, con la procesión pasando por la puerta.