Octubre 20th, 2009LA ALGABA | El mundo perdido

Amanece en la Serranía.

Amanece en la Serranía.

Cuando se busca el horizonte de Ronda, los peñascos y la roca caliza dominan la lejanía y enmarcan el paisaje con una grandeza inesperada. Entre los riscos y los tejados de la ciudad se extiende un verde continuo, profundo y oscuro, que forman las copas de quejigos, encinas y alcornoques, es la dehesa cerrada y el monte mediterráneo que circunvalan la ciudad y la introducen en la Serranía.

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Uno de los nombres que resuenan en la mente de todo viajero que decide venir al sur de España es Ronda. No sólo es imaginación en la mente de quien atraviesa un mar para llegar hasta aquí, no es sólo un sueño ansiado al observar una imagen del profundo tajo bajo la cálida luz vespertina, es una realidad que muchos experimentan cada fin de semana. De Ronda se ha escrito tanto como los centímetros que mide el Puente Nuevo que cruza el tajo y aún así, uno no se cansa nunca de saber de ella, de conocer esta hermosa ciudad enclavada entre dos catedrales milenarias. Porque Ronda tiene dos catedrales pero casi nadie se percata de su existencia.

Una de ellas es mundialmente conocida: su tajo de 98 metros de altura podría contener la torre catedralicia más famosa de España: la Giralda. Es una altura que incluso rivaliza con otras, se me ocurre ahora mismo la de Estrasburgo que roza con su espadaña los 142 metros de altura. La Giralda de Sevilla se representa en los libros de naturaleza por algunos de sus habitantes más valiosos, los cernícalos primilla de su torre; Estrasburgo ha hecho de las cigüeñas de su catedral un símbolo internacional y los niños que la visitan se llevan una cigüeña de peluche, un paraguas de pico rojo y silueta alada. Han dignificado a sus aves por ser únicas.

¿Y Ronda? ¿Podría hacerlo también? ¡Desde luego! Lo extraño al caer la tarde, paseando por Ronda, es no contemplar sobre el tajo, o bajo el puente, o en los tejados cercanos el vuelo acrobático de un ave negra con un pico curvado y patas de color rojo intenso, las chovas piquirrojas, conocidas en la ciudad como ‘grajas’. Quien no las ve las escucha, pues su graznido es característico y resuena en los verticales escarpes de arenisca y conglomerado.

El tajo de Ronda es uno de los destinos más apreciados por los aficionados del turismo ornitológico. Es raro no pasear al borde del escarpe y no encontrarse a alguien que, prismáticos en ristre, observa algunas de las especies emblemáticas que aquí se dan cita. Se citan en primavera cuando los vencejos reales, tras superar el brazo de mar del Estrecho,  llenan con sus alas afiladas y vientre blanco el espacio aéreo rondeño; se citan en las frías noches de invierno cuando paseando cerca del Palacio de Mondragón se oye el reclamo insistente del búho real atravesando la noche; se citan cuando el sol se esconde y durante todo el año, las acrobáticas ‘grajas’ que ascienden en vuelo directo para dejarse caer y hundirse vertiginosas en lo más profundo del cañón abierto por el Guadalevín. Y eso maravilla, no sólo a los turistas de naturaleza sino a todo visitante que se asoma al cortado. Es imposible no verlo y la gente pregunta por esas aves.

Uno de mis rincones favoritos en Ronda, aparte de Santa María la Mayor, el puente viejo y los rincones que rodean al alminar de San Sebastián, es el hotel Reina Victoria, concretamente sus jardines, los que cuelgan sobre el tajo de Ronda. Aquí me encuentro escribiendo esta crónica desde una de las mesas que se asoman a una inigualable puesta de sol otoñal. A pocos metros de aquí debió desgranar el poeta Rainier Marie Rilke muchos de sus versos, lo cual no es extraño a juzgar por el entorno, jardines de estilo británico, terrazas armoniosas y una tranquilidad reinante que alimenta de serenidad al alma.

Me levanto de la silla acercándome al cortado. Frente a mí se alzan las sierras de Líbar y  Grazalema, destacando el Peñón Grande, rotos sus detalles contra el fondo ardiente del sol. Acabo de pasar junto a mí uno de los halcones peregrinos que viven en el tajo, ha caído como una flecha y se ha elevado un minuto después rompiendo el cielo con sus alas puntiagudas. Y es precisamente ahora, cuando el sol comienza a huir del espacio visible rondeño, cuando su segunda catedral comienza a tomar forma de silueta. Una catedral natural de montañas rodea esta preciosa e irrepetible ciudad malagueña; se mire por donde se mire lo sublime gana y uno se percata de que al igual que una catedral lo es, la naturaleza tiene también algo de sagrada. No se puede cuantificar, pero la satisfacción de estar en Ronda, la felicidad de sentir el aire fresco en la cara, la serenidad de las flores y su aroma mientras se pasea, son los valores que enmarcan una visita a Ronda. Y desde luego le harían un gran favor si, al igual que con otras aves hicieron otras ciudades europeas emblemáticas, Ronda elevase a sus chovas piquirrojas a la condición de símbolo. Sería su más efectivo y económico embajador, lo mismo que ya lo es una imagen de su tajo.

Jorge Garzón / Miradas ©2009

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Gente del Guadalhorce

Cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, ponen voz a su mirada. Elegidas al azar, nos ofrecen su visión personal, la más cercana. Nos descubren, a través de sus palabras, por qué merece la pena visitar su pueblo o su comarca.

· AUDIO PODCAST TEO (Fotógrafo), Coín ·

· AUDIO PODCAST LOURDES (Técnica), Coín ·

· AUDIO PODCAST PATRICIA (Caracterizadora), Coín ·

· AUDIO PODCAST LEO (Empresario), Coín ·

Jorge Garzón / Miradas ©2009

Cueva de las GrajasLa sierra de Archidona es un resalte margocalizo destacable a pesar de tener una altitud no muy elevada. Es un guardián natural de su vega y vigila hacia oriente toda la penillanura que se fuga hacia Granada, la que lleva hasta Salinas. Se trata, por derecho propio, de un mirador excepcional que permite gozar de puestas de sol inigualables y desde donde se divisan las provincias de Granada, Córdoba, Sevilla, Cádiz y la propia Málaga.

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Octubre 12th, 2009LOS SOTOS Y NORIAS DEL GENIL

La zona más septentrional de la comarca nororiental de Málaga destaca por sus Cuevas, concretamente dos poblaciones: Cuevas Bajas y Cuevas de San Marcos, ésta última también conocida en la antigüedad  por el nombre de su yacimiento arqueológico más cercano: Medina Belda.

El límite provincial de la comarca lo pone un accidente geográfico bien definido: el río Genil.  El afluente más largo de España ennoblece el paisaje aguas abajo del embalse de Iznájar, regalándole a los montes arcillosos la frescura de su ribera, la abundancia de agua y sotos de vegetación espesa poblados por álamos blancos, mimbreras, alisos y fresnos corpulentos. El Genil le aporta al paisaje una pincelada de frescor y una paleta de verdes cambiantes, en contraste con el inmutable tono oliva de los cerros circundantes, tanto en esta provincia Málaga, como en la que se asoma a pocos metros de mí, Córdoba.

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Archidona es uno de esos lugares a los que la fama precede, pero cuando todo el mundo está de acuerdo en cantar alabanzas a lo que a primera vista se ve, a mí, que me gusta rascar bajo la superficie, me entran ganas de investigar un poco más. Entonces tengo que ir al lugar, buscar entre los legajos, recorrer con tiento los lugares y hablar con la gente. Básicamente, mirar con otros ojos.

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Octubre 10th, 2009LAS VILLANUEVAS | La Vega alta

Con cierta frecuencia he de conducir por la autovía A-92, de Granada a Sevilla y viceversa, de Granada a Antequera y vuelta atrás, a Fuentedepiedra, a Málaga o a Estepa, aquí las menos. Cada vez que lo hago me fijo especialmente en una sierra modesta que rompe el horizonte casi llano de los encinares de Salinas, la sierra de Archidona. Me gusta su perfil, atrevido y agreste, que rivaliza con el cercano Peñón del Indio en plena vega antequerana, al que supera en altitud. Es, como bien dicen, un fantástico mirador natural. No hablaré de ello ahora pero sí pondré sobre el papel una muestra que certifica el dicho tradicional de que ‘lo que se prueba poco no puede llegar a gustar’. Siempre que he cruzado la comarca de Archidona no he logrado percatarme de la situación de pueblos como Villanueva de Tapia, de Algaidas, del Trabuco o del Rosario. Mi confusión con las ‘Villanuevas’ era tal que a duras penas podía situarlas en el mapa. Error mío que he podido desterrar tras recorrer la comarca nororiental de Málaga.

Tengo las ideas claras y ya he ordenado las poblaciones en el mapa, al norte de Archidona hay dos Villanuevas (la de Tapia y la de Algaidas); al sur hay otras dos (Trabuco y del Rosario) que aman la montaña abrupta y se recuestan al pie de torreones calizos, mientras que las dos primeras gozan de solar agrícola, más suave, poblado de olivos, fanegas de sembradura con cereal o almendro y cortijos con solera. Entre ellas Archidona que las vigila a las cuatro, dos arriba y dos abajo. Desde las salidas de la autovía lo único que se atisba de esta Vega alta que ocupan son los carteles con el nombre de los pueblos: Villanueva de Tapia 14 km, Villanueva de Algaidas 18 km. No es mucho para empezar, pero no me desanimo fácilmente y me dirijo por una carretera ancha cruzando un mar de olivos. Lo primero que me encuentro es un gigantesco cajón de hormigón que -al parecer- pertenece a las obras de la nueva línea del AVE que unirá Granada con la antequerana barriada de Santa Ana.
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Octubre 9th, 2009COÍN | El Albaicín Chico

Coín es conocida como ‘la villa de las tres mil huertas’ y aunque algunas menos serán hoy día, atestigua con ello la excepcional importancia que el agua tuvo -y aún tiene- en el desarrollo de la población. Ya sabemos que el maridaje con lo natural y el agua fue típicamente árabe y morisco y con el manejo de canales, acequias e ingenios diversos consiguieron, no sólo domesticar su flujo, sino también diseñar un aprovechamiento ventajoso ante la escasez y la adversidad. Fueron arquitectos del agua y de la vegetación asociada a ella.

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Octubre 8th, 2009HOMENAJE A NUESTROS MAYORES

Valle de Abdalajís

Valle de Abdalajís

Cuando recorro el Valle del Guadalhorce (al que también llaman ‘Valle del Azahar’ por sus plantaciones de naranjos) me percato rápidamente de la influencia que la capital malagueña ha tenido y tiene en el desarrollo urbanístico de los pueblos de sus riberas. Los más cercanos a Málaga son tan sólo un espacio-dormitorio que perdió, hace ya tiempo, su condición de rural. Me atreveré a establecer un nuevo límite en el propio eje del río, donde los pueblos que quedan sobre la margen derecha se han visto mas influenciados por un urbanismo desordenado que aquellos que se encuentran al otro lado, en la margen izquierda. Es una regla general, con alguna que otra excepción -posiblemente-. La pérdida del carácter rural no sólo es una cuestión estética o de forma, es algo más profundo, es la pérdida de las raíces, de la identidad, es un cambio de mentalidad y valores que impide reconocerse en lo que uno fue. Es una huida hacia adelante por la supervivencia. Toda la sociedad sufre en mayor o menor grado esa falta de identidad, pero los mayores -qué duda cabe- no sólo la sufren sino que suelen salir malparados de los embites.

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Octubre 7th, 2009EL ARTE DEL AZULEJO

Nunca hubiera imaginado en mis andanzas viajeras recalar en un lugar donde un elemento tan corriente en nuestras vidas como el azulejo pudiera ser motivo de una crónica rural. Las referencias a la azulejería almogiense simplemente no existen. Espero que quien lea estas líneas no crea que voy a ofertarle un nuevo modelo de ‘gres’ o que voy a ‘alicatar’ esta página con reflejos cerámicos. Los azulejos de Almogía ni se venden ni se prestan, están en las calles para deleite de quien las pasea.

Almogía es cuna de los verdiales más dicharacheros de la provincia y no ha dejado pasar la ocasión de firmarlo en cerámica: ‘Almogía, cuna de verdiales’ puede leerse en casi cualquier rincón del pueblo o junto a las carreteras que a él llevan. Y destacable es, en su entrada desde Málaga una vez sobrepasado el mirador de la curva, el panel que nuevamente lo grita sin pudor. Una valiosa pieza de azulejería popular, trabajada en cuerda seca.

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