Si la belleza de la costa protegida del Cabo de Gata-Níjar es indudable, y gracias a sus valores ambientales excepcionales, llega al corazón de quien se adentra por sus sendas y playazos, el resto de la costa levantina almeriense no le va a la zaga y aunque más humanizada, esta plagada de rincones y tesoros aún por descubrir.

Hace unas semanas, me encontré virtualmente en  estas latitudes con mi compañero Pedro, que maestro de la imagen, supo retratar los mejores paisajes de la recortada costa volcánica del Parque, por lo que complementariamente, me dedico a buscar los rincones más bellos que el litoral almeriense aún esconde, aprovechando para observar la rica flora costera y sus aves, comprobando que en la pequeñez de esos rincones radica la grandeza de esta comarca.

No se puede uno acercar a la costa levantina de Almería sin rendirle homenaje a la linterna del faro del Cabo de Gata, más aún, detenerse en las salinas de la Almadraba a otear algunas de las más valiosas aves que aquí se citan: gaviota picofina, tarro blanco, archibebe fino o los bandos de avocetas y flamencos en vuelo rasante sobre el agua. Camino del Cabo merece la pena orillarse buscando alguno de esos búnkers que, semiocultos sobre el agua, permiten otear la superficie dorada del mar.

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No recuerdo bien donde estaba, pero al mirar el reloj me percaté que pasaban de las cuatro y media, así que enfilé para el puerto de Garrucha, donde a las cinco en punto comienza diariamente la subasta en la lonja pesquera. ¡Un inesperado regalo al alcance de la mano!

Una hora antes había observado a las gaviotas y alcatraces que, a no más de una milla de distancia, se arremolinaban en torno a los arrastreros, señal inequívoca de haber izado la red poco antes de enfilar a la bocana del puerto. Allí les esperé yo, mientras sentado junto a uno de los barcos contemplaba como con habilidad extrema, un pescador limpiaba una ‘lija’ extrayéndole la piel de un sólo corte. Atracados en el muelle costero descansaban tres barcos palangreros…

“Calamos palangre de fondo, a 200 brazas de profundidad y 800 de tranzaâ€, -me dijo-.

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Diciembre 21st, 2009MOJÃCAR | La Isla blanca

Cuando dejé atrás las tierras de Guadix, y tras devorar, con temperaturas bajo cero, los Llanos del Zenete, paré en Huéneja, a las puertas de tierras almerienses. El frío hizo que me refugiase en un bar de carretera donde una taza humeante de cacao y una madalena ‘de las de antes’ me devolvieron las ganas de continuar camino. Las nubes volaban rasantes y el pronóstico del tiempo era confuso: aseguraban que las lluvias cubrirían la región, pero los pájaros se movían sin timidez, lo que presagiaba cierta estabilidad en las condiciones meteorológicas.

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Diciembre 6th, 2009ALMENARAS COSTERAS (Parte II)

Si ya eran interesantes las almenaras de la franja litoral occidental, no lo son menos las de la parte oriental de la comarca. Nueve torres más jalonan la costa y se van acercando unas a otras según se van tajando los arroyos y las playas van dejando paso a las pequeñas calas de uno de los parajes naturales más sobresaliente de toda la costa mediterránea peninsular: el malacitano-granadino ‘Paraje Natural de Maro-Cerro Gordo’.

Sigue la costa mansa cuando dejamos atrás las torres hermanas de Algarrobo Costa, aunque poco a poco las desembocaduras de ríos y torrentes van recortando con pequeñas colinas el resto de almenaras. A tres kilómetros y medio de las anteriores nos encontramos con la primera: la Torre de Lagos, de ocho metros de altura y a cuarenta y seis por encima de las olas del mar. Las vistas desde esta atalaya del siglo XVI son amplísimas y posee una posición ventajosa para la defensa del litoral. Tras ella se alzan algunas urbanizaciones que no la respetan como se merece, al igual que los usuarios de su entorno, noctámbulos de fin de semana, que se empeñan en sembrar su derredor de desperdicios varios, siendo ésta como es, una de las dos únicas que conservan motivos decorativos sobre el mortero original.

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Una de las más destacables riquezas histórico-artísticas de la franja litoral oriental son las torres vigía que se alzan sobre los promontorios y llanuras costeras, excepcionales testigos de los asaltos perpetrados por piratas, berberiscos y corsarios sobre las poblaciones ribereñas de esta costa del Mar de Alborán.

El litoral del antiguo Reyno de Granada se jalonó de almenaras guardadas para prevenir ataques desde el mar; bajo el reinado de Yusuf I se construyeron -o repararon- cuarenta de estas almenaras desde la comarca almeriense de Vera a los confines occidentales del estado nazarí, junto a la desembocadura del río Guadiaro. De más que probable origen fenicio-romano, se utilizaron posteriormente, de finales del siglo XV en adelante, por castellanos y portugueses como defensa costera en la consolidación de la España cristiana.

El sistema de alerta se basaba en prender fuego y otear el horizonte, constantemente. Cada atalaya veía dos más, una a levante y otra a poniente, durante el día se elevaban ahumadas y por la noche luminarias, un sistema de defensa que perduró hasta bien entrado el siglo XIX.

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La Axarquía, desde las faldas de la Sierra de Alhama y Tejeda

'La Axarquía, desde las faldas de la Sierra de Alhama y Tejeda'

Entro en la Axarquía en un día ventoso, sopla tan fuerte que se ha llevado, con las lluvias de la noche anterior, todo lo malo. Por fin ha refrescado, el color de la tierra ha mudado y la atmósfera está limpia permitiendo avistar el horizonte del mar. Tomando imágenes, documentándome y preparando la ruta he llegado hasta la costa donde el sol brilla con timidez invernal, la suficiente para transformar un día cualquiera en una agradable jornada.

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