Octubre 8th, 2009HOMENAJE A NUESTROS MAYORES
Cuando recorro el Valle del Guadalhorce (al que también llaman ‘Valle del Azahar’ por sus plantaciones de naranjos) me percato rápidamente de la influencia que la capital malagueña ha tenido y tiene en el desarrollo urbanístico de los pueblos de sus riberas. Los más cercanos a Málaga son tan sólo un espacio-dormitorio que perdió, hace ya tiempo, su condición de rural. Me atreveré a establecer un nuevo límite en el propio eje del río, donde los pueblos que quedan sobre la margen derecha se han visto mas influenciados por un urbanismo desordenado que aquellos que se encuentran al otro lado, en la margen izquierda. Es una regla general, con alguna que otra excepción -posiblemente-. La pérdida del carácter rural no sólo es una cuestión estética o de forma, es algo más profundo, es la pérdida de las raíces, de la identidad, es un cambio de mentalidad y valores que impide reconocerse en lo que uno fue. Es una huida hacia adelante por la supervivencia. Toda la sociedad sufre en mayor o menor grado esa falta de identidad, pero los mayores -qué duda cabe- no sólo la sufren sino que suelen salir malparados de los embites.







