· Un día tormentoso en Los Guåjares ·

Hollando caminos he enfilado rumbo a la costa granadina a travĂ©s del Valle de LecrĂ­n. Lo recorro pero no puedo disfrutarlo como quisiera, las cortinas de agua, la niebla, el viento y el frĂ­o me lo impiden, pero aĂșn asĂ­ he de encontrar el diamante en bruto que continĂșa siendo el valle de Los GuĂĄjares. La fuerte lluvia no me permite fotografĂ­ar las cascadas que riegan el camino a Los Vados, procedentes de las acequias moriscas de VĂ©lez-Benaudalla, cuna de los pestiños mĂĄs afamados de la costa. AĂșn asĂ­ me detengo sobre el puente del rĂ­o Guadalfeo, emblemĂĄtico curso de agua que conduce las nieves fundidas del MulhacĂ©n a la templada costa mediterrĂĄnea, desde cuya orilla se vislumbra la nieve y el reflejo del mar. Tras las severas precipitaciones de estos dĂ­as, el ‘wadi’ baja fiero y encrespado, ocupa de lado a lado toda la rambla de chinorros, cañas y arena.

Lee el resto de esta entrada »

Diciembre 4th, 2009TIERRA DE REBELDES

El Boquete de Zafarraya, la puerta de entrada a la AxarquĂ­a.

“Quisiera vivir en este pueblo sereno, junto a unos montes floridos, que sus ricas viñas sustentan.”

(Sahl Ben Malik, poeta granadino s. XIII).

A la entrada de Salares, enmarcado entre ĂĄrboles y la Maroma, mĂĄxima altura de las sierras de Tejeda y Almijara, se yergue un murete de obra con la cita del poeta granadino. Es frecuente encontrar retazos de sabor nazarita y morisco en esta AxarquĂ­a que me recibe. Incluso yo, que en buena parte desciendo de judĂ­os sefardĂ­es, la percibo como propia resultĂĄndome familiar el recorrerla siendo su paisaje, en cierto modo, un viaje al recuerdo. Si Granada fue la capital del ‘Reyno nashri’, la Alpujarra y la AxarquĂ­a fueron los Ășltimos reductos moriscos de nuestra penĂ­nsula; de entre las dos, la Ășltima parece haber crecido respetando con decisiĂłn y orgullo un pasado que moldeĂł nuestros campos y maneras de vivir.

Lee el resto de esta entrada »

Cuando ya creĂ­a que nunca sucederĂ­a, el cielo gris preñado de nubes rompiĂł aguas justo cuando coronĂ© el Puerto de la Dehesa, ese que a poniente permite a la vista jugar con la Sierra de las Nieves y a levante divisar la PenibĂ©tica y el mar. CaĂ­an las primeras lluvias otoñales, lo que hizo detenerme antes de cruzar el bosque, y asĂ­ gozar del sonido del viento y la lluvia mansa que ya limpiaba el ambiente reseco. Nadie alrededor que fuese testigo del momento. Solos la Naturaleza y yo, junto al nombre de una poblaciĂłn de embrujo morisco, Castillo de Bonaira, ‘Ksar-al-Bunairyya’, Casarabonela, Bonela a secas como la llaman los de la comarca.

SegĂșn descendĂ­a del alto, las nubes se cerraban y espesas cortinas de agua me impedĂ­an adivinar el pueblo sobre las laderas pardas de los montes; el camino aparecĂ­a flanqueado por pinos corpulentos junto a los que habĂ­a alineadas sillas de colores vacĂ­as, mojadas por la lluvia, sillas ocupadas en las tardes rasas veraniegas donde, a la sombra del Pino Real, se sientan los viejos paseantes. Una imagen la del otoño lluvioso que vacĂ­a de gentes el paisaje y potencia la memoria que se imprime a campos, vaguadas y huertas.

Lee el resto de esta entrada »


Financian logo_comunidad logo_ministerio logo_junta logo_junta Promueven logo_acerca logo_malaga logo_leader logo_junta Desarrollado por logo_compass licencia Creative
© Andarural 2009. Todos los derechos reservados