Noviembre 15th, 2009DESTINO PRIEGO

Calle del Barrio de la Villa en Priego de Córdoba.

Calle del Barrio de la Villa en Priego de Córdoba.

Llego a Priego de Córdoba con la intención de no empaparme de Barroco, algo especialmente difícil en un lugar que tiene iglesias para prestarle a tres o más ciudades, el siglo dieciochesco fue pródigo con el pueblo sobre todo por el desarrollo de su industria textil. Así que permaneceré alejado de San Francisco y la capilla del Sagrario en la Asunción, ’so pena’ de acabar extasiado frente a los alardes ornamentales de tal estilo artístico.

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Noviembre 14th, 2009LA CAMPIÑA NATURAL

Las campiñas son destino interesante para el turismo ornitológico.

Pudiera parecer a simple vista que la campiña agrícola está desprovista de atractivos naturales, y aunque a simple vista así lo pareciese, afirmarlo sería temeridad. De hecho, un itinerario relajado por el medio rural, a pesar de la intensificación agraria que se ha producido en estos últimos años, nos deparará sorpresas. No es un secreto que soy naturalista y propongo, antes de despedirme de la campiña sur cordobesa, una ruta para descubrir algunos secretos naturales que se desvelan a quien se acerque al campo de manera diferente. Me dispongo por tanto a cruzar la comarca entera, viajando desde los campos de Montemayor a los de Moriles, pasando por La Rambla, Montalbán y Aguilar de la Frontera.

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“La gran cisterna de Monturque fue descubierta casualmente en 1885, cuando con motivo de una epidemia de cólera las autoridades locales se vieron en la obligación de ampliar el antiguo y pequeño cementerio que existía junto a la Iglesia de San Mateo. Como consecuencia de las obras de ampliación y las remociones del terreno salieron a la luz estos vestigios romanos, que se hallaban completamente colmatados de tierra. En aquellos momentos se procedió, de manera totalmente desordenada y sin metodología científica, a su limpieza y vaciado, encontrándose en su interior hachas neolíticas, ánforas y cerámica romana, así como una estatua de mármol,  materiales cuyo paradero se desconoce en la actualidad.

Desde entonces se vertieron diversas hipótesis sobre su naturaleza y significado por parte de los eruditos locales y los primeros investigadores, Así, se decía que podían ser unas termas, un cuartel legionario, catacumbas, silos, o unas dependencias del castillo medieval, muy cercano al recinto, hasta ser identificadas definitivamente como cisternas romanas.” (El hallazgo)

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La castaña, protagonista en Yunquera.

La castaña, protagonista en Yunquera.

Quise ver Yunquera desde arriba, y para hacerlo me refugié en Tolox. Camino del pueblo tuve que detenerme para retener su preciosa estampa anclada bajo los contrafuertes calizos. La salida trasera de la población, la que lleva al Balneario, me infundió confianza: paseos de árboles plantados por niños en justo reconocimiento a sus abuelos, placas de ‘voluntarios por la libertad’. El camino serpentea por la ladera del cerro y se orilla, antes de perder el asfalto, junto al Hotel de montaña ‘Cerro de Híjar’. Bajo este remanso de paz se escucha el valle y huele a una mezcla de pan recién horneado, salvia y lavanda, bandos de piquituertos llenan los árboles y un águila real se pasea hacia el norte. Las vistas desde aquí no tienen comparativa posible; es el segundo lugar, esta Sierra de las Nieves, con los panoramas más amplios que puedan darse en la Penibética, justo aquí donde casi se toca el límite oeste del que fue el Reyno de Granada. Al fondo, muy al fondo hacia levante, se distingue la regia silueta tumbada del Mulhacén. El más alto.

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Cuando ya creía que nunca sucedería, el cielo gris preñado de nubes rompió aguas justo cuando coroné el Puerto de la Dehesa, ese que a poniente permite a la vista jugar con la Sierra de las Nieves y a levante divisar la Penibética y el mar. Caían las primeras lluvias otoñales, lo que hizo detenerme antes de cruzar el bosque, y así gozar del sonido del viento y la lluvia mansa que ya limpiaba el ambiente reseco. Nadie alrededor que fuese testigo del momento. Solos la Naturaleza y yo, junto al nombre de una población de embrujo morisco, Castillo de Bonaira, ‘Ksar-al-Bunairyya’, Casarabonela, Bonela a secas como la llaman los de la comarca.

Según descendía del alto, las nubes se cerraban y espesas cortinas de agua me impedían adivinar el pueblo sobre las laderas pardas de los montes; el camino aparecía flanqueado por pinos corpulentos junto a los que había alineadas sillas de colores vacías, mojadas por la lluvia, sillas ocupadas en las tardes rasas veraniegas donde, a la sombra del Pino Real, se sientan los viejos paseantes. Una imagen la del otoño lluvioso que vacía de gentes el paisaje y potencia la memoria que se imprime a campos, vaguadas y huertas.

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“Antes de echar los cimientos de las murallas, una ciudad habrá de escoger un lugar de aires sanísimos. Este lugar habrá de ser alto, de temperatura templada, no expuesto a las brumas ni a las heladas, ni al calor ni al frío; estará además alejado de lugares pantanosos para evitar que las exhalaciones de los animales palustres, mezclados con las nieblas que al salir el sol suren de aquellos parajes vicien el aire y difundan sus efluvios nocivos en los cuerpos de los hobitantes y hagan por tanto infesto y pestilente el lugar. No hay duda que es necesario poner la máxima diligencia en la elección de los lugares más sanos”

(Vitrubio, ‘Los diez libros de la arquitectura’. Libro I, Cap. IV).

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Me encamino al sur de Ronda, hacia ese valle que mira al mar y que esconde el sabor de lo auténtico, un ejemplo de naturaleza aparentemente virgen pero cuyo paisaje responde a la mano del hombre. Me voy al Valle del Genal, donde los castañares de la comarca se esconden de la vista de los que llevan prisa. El valle está a tiro de piedra de Ronda y cuando empiezo a recorrer sus mil y una curvas, mientras atravieso descarnados lapiaces repletos de arbustos aromáticos, no puedo imaginarme el cambio tan acusado hacia la exuberancia de lo forestal, hacia el bosque encantado de pinares y castaños que ha de venir.

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Octubre 7th, 2009EL ARTE DEL AZULEJO

Nunca hubiera imaginado en mis andanzas viajeras recalar en un lugar donde un elemento tan corriente en nuestras vidas como el azulejo pudiera ser motivo de una crónica rural. Las referencias a la azulejería almogiense simplemente no existen. Espero que quien lea estas líneas no crea que voy a ofertarle un nuevo modelo de ‘gres’ o que voy a ‘alicatar’ esta página con reflejos cerámicos. Los azulejos de Almogía ni se venden ni se prestan, están en las calles para deleite de quien las pasea.

Almogía es cuna de los verdiales más dicharacheros de la provincia y no ha dejado pasar la ocasión de firmarlo en cerámica: ‘Almogía, cuna de verdiales’ puede leerse en casi cualquier rincón del pueblo o junto a las carreteras que a él llevan. Y destacable es, en su entrada desde Málaga una vez sobrepasado el mirador de la curva, el panel que nuevamente lo grita sin pudor. Una valiosa pieza de azulejería popular, trabajada en cuerda seca.

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“Ni la guerra ni la paz son absolutas”. Esta lapidaria frase parece hecha a medida de una población fronteriza del Reyno de Granada. Un lugar de vida dura e intranquila a pesar de las treguas pactadas entre granadinos y castellanos. Dichas treguas, aderezadas de escaramuzas, emboscadas, toma de atalayas y pactos de reyezuelos, enrocaron la plaza de Almexía, junto a gran parte de los montes de Málaga hasta 1487, fecha en la que pasaron -definitivamente- a manos cristianas.

Pero aún desplazando la frontera del Reyno un poco más a levante, en las tierras conquistadas por los cristianos quedaron miles de familias musulmanas formadas por pacíficos campesinos, acequieros, panaderos o comerciantes, básicamente el soporte socioeconómico de la tierra recién tomada. Para no perder sus propiedades fueron obligados a bautizarse, y consintieron de cara a la galería, evitando así males mayores. Esta población eran los moriscos.

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Octubre 4th, 2009TEBA | Braveheart 2

Vista de la alcazaba de Teba (o castillo de la Estrella)

Vista de la alcazaba de Teba (o castillo de la Estrella)

Casi todo el mundo que hemos visto la película ‘Braveheart’ recordamos la heroica gesta de Sir William Wallace luchando junto a los Guardianes de Escocia por la liberación de su tierra. Y somos capaces de reconocer algunos de los personajes que jugaron un papel decisivo en esa liberación, uno de ellos era Sir Robert Bruce, que vino finalmente a agrupar, tras la muerte de Wallace, a los escoceses y ganar la independencia del Reyno escocés. Él era, en la cinta, el que tenía aquel padre leproso encerrado en la torre de armas del castillo. Roberto I de Escocia (o Sir Robert Bruce) murió el 7 de junio de 1329 en Cardross.

Pero mucha menos gente sabe que el corazón de Bruce viajó hasta Teba, en lo que bien pudiera consistir una de las gestas heroicas más sorprendentes de las protagonizadas en época medieval, la que llevaron a cabo Sir James Douglas y un grupo de caballeros escoceses que batallaron junto al Rey Alfonso XI.

Tras la muerte de Roberto I de Escocia, los nobles decidieron llevar su corazón embalsamado a Tierra Santa. De tierra escocesa partieron veintisiete caballeros y escuderos dispuestos a tal misión. Su nave recaló en la costa cantábrica, astur o gallega desplazándose a Compostela para honrar al apostol. En su viaje hacia el Mediterráneo oriental se encontraron con el rey castellano Alfonso el Onceno, quien logró persuadir al grupo de la importancia que tenía la cruzada contra el infiel musulmán, gesta comparable, si no mayor, a la de llegar a tierras de Jerusalén. Douglas, convencido de ello decidió ayudar al rey cristiano en la toma del flanco occidental de la frontera del Reyno de Granada.

En los años cercanos a 1330, la guerra entre granadinos y castellanos era total en las hoy serranías malaco-gaditanas. Habían caído Pruna, Olvera y Torre Alhaquime y las huestes cristianas avanzaban por las campiñas de Teba. En 1330 se plantea la toma de su alcazaba por parte de Alfonso XI.

Sir James Douglas no debía tener ni idea de quienes eran los temibles soldados nazaritas que encabezaba el general Ozmín, llegado desde Granada para defender la plaza. Plantado su real en la alcazaba de Turón hostigaba sin descanso a las tropas del rey castellano con la táctica islámica del “torna e fuye” en la que tras el ataque inicial, los que huyen acaban envolviendo y masacrando a los perseguidores.

Las tropas alfonsinas comenzaban a desmoralizarse cuando Ozmín dividió su ejercito en dos para rodear el campamento del rey, que apercibiéndose de la estrategia, dejó bien pertrechado el lugar. Es en ese momento cuando Douglas y los caballeros escoceses se enfrentaron ‘a las bravas’ a los nazaríes, con tal valentía que sorprendieron a los propios musulmanes que asistieron atónitos a la carga protagonizada por aquellos salvajes de caras pintadas venidos de tierras lejanas. Cuenta la tradición que, cercados por los sarracenos, Sir James Douglas antes de morir se arrancó del cuello la caja de plata donde portaba el corazón de Roberto I de Escocia, y lo lanzó contra el enemigo gritando “Corazón valiente, a ti te seguiremos” (Brave Heart, we will follow you). Allí murieron en agosto de 1330 y allí nació el nombre de un mito: ‘Braveheart’

El corazón de Bruce fue llevado de vuelta a Escocia por Guillermo Keith de Galston y yace enterrado junto al cuerpo de Sir James Douglas en la Abadía de Melrose. Las localidades de Teba y North Berwick poseen una historia común y en la Plaza de España del pueblo malagueño se erige un monumento en reconocimiento a la gesta de los caballeros escoceses muertos en combate.

Jorge Garzón

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