
· Amanece en la Sierra de Atarfe ·
Granada tiene suerte y la tiene por mil y una razones. La primera y no es poco importante, es por estar emplazada en el borde oriental de una fértil vega que la rodea de suroeste a noroeste. Tres nombres tiene la Vega, dependiendo de quien hable: para geógrafos y geólogos es una parte más del surco intrabético que un día estuvo cubierta por las aguas de uno de los brazos del mar de Tetis, para los ‘granaínos’ es la vega de Granada, y para el resto de los pueblos que la contienen es simplemente ‘la Vega’, a lo más, la vega del Genil, o la de mi pueblo.
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· Un día tormentoso en Los Guájares ·
Hollando caminos he enfilado rumbo a la costa granadina a través del Valle de Lecrín. Lo recorro pero no puedo disfrutarlo como quisiera, las cortinas de agua, la niebla, el viento y el frío me lo impiden, pero aún así he de encontrar el diamante en bruto que continúa siendo el valle de Los Guájares. La fuerte lluvia no me permite fotografíar las cascadas que riegan el camino a Los Vados, procedentes de las acequias moriscas de Vélez-Benaudalla, cuna de los pestiños más afamados de la costa. Aún así me detengo sobre el puente del río Guadalfeo, emblemático curso de agua que conduce las nieves fundidas del Mulhacén a la templada costa mediterránea, desde cuya orilla se vislumbra la nieve y el reflejo del mar. Tras las severas precipitaciones de estos días, el ‘wadi’ baja fiero y encrespado, ocupa de lado a lado toda la rambla de chinorros, cañas y arena.
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La zona más septentrional de la comarca nororiental de Málaga destaca por sus Cuevas, concretamente dos poblaciones: Cuevas Bajas y Cuevas de San Marcos, ésta última también conocida en la antigüedad por el nombre de su yacimiento arqueológico más cercano: Medina Belda.
El límite provincial de la comarca lo pone un accidente geográfico bien definido: el río Genil. El afluente más largo de España ennoblece el paisaje aguas abajo del embalse de Iznájar, regalándole a los montes arcillosos la frescura de su ribera, la abundancia de agua y sotos de vegetación espesa poblados por álamos blancos, mimbreras, alisos y fresnos corpulentos. El Genil le aporta al paisaje una pincelada de frescor y una paleta de verdes cambiantes, en contraste con el inmutable tono oliva de los cerros circundantes, tanto en esta provincia Málaga, como en la que se asoma a pocos metros de mí, Córdoba.
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