· Panorámica de Sierra Nevada desde la Vega de Granada ·

· Panorámica de Sierra Nevada desde la Vega de Granada ·

Atravieso la Vega de Granada, la vega de mi ciudad, y me sitúo en uno de los pagos que, plantados de espárragos, se ubican entre Pinos Puente y Valderrubio. Espero la puesta de sol, la más bella puesta de sol sobre las más exótica montaña de toda Europa…

“Al anochecer, en la estación de Albolote, durante una larga parada de tren, recibo la primera sensación de la deseada Sierra Nevada. El sol ya se había puesto; y sobre el fondo de oro ardiente del ocaso, se destacaba en azul pizarra, por momentos más obscuro, Sierra Elvira, con el doble triángulo gemelo de sus cumbres mayores. Está el país a la misma altura que Madrid, de suerte que mi vista, acostumbrada a la elevación del Guadarrama, buscaba hacia los dos mil metros en el espacio vertical el efecto luminoso de la nieve; cuando he aquí que la descubrí mil metros por encima, casi a punto de desaparecer, débilmente arrebolado por los últimos resplandores de la puesta de sol. Aquellas largas nieves rosadas, pálida gloria clareando a tamaña elevación sobre la masa de la Sierra, ya perdida en la sombra, semejaban más bien estratos de nubes suspendidas en la atmósfera libre, en el instante de la llegada de la noche.

Muchas veces, después, desde Granada, he contemplado con intensa atención la gentil Sierra; pero nunca me ha producido una impresión de estupor y admiración como esta vez primera de aquel paisaje irreal, ahogándose en las tinieblas en el instante preciso en que comenzaba a comprenderle”

(Bernaldo de Quirós, Sierra Nevada. 1923)

Y desde entonces sucede cada tarde de invierno, como hoy. La más bella aproximación a Sierra Nevada se tiene desde la Vega, a los pies de Sierra Elvira y a la vera del río Genil. Compartirlo es nuestro deseo.

Jorge Garzón / Miradas ©2010

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La Tetica de Bacares, 2.080 m de altitud.

La Tetica de Bacares, 2.080 m de altitud.

Es toda una sorpresa mirar al horizonte de los Filabres desde cualquier tramo del Almanzora. Es una sorpresa porque la silueta de la sierra desvela formas matemáticas en las cuerdas de las montañas. Una de ellas, prominente y bien visible desde el valle, es el triángulo equilátero de la Tetica de Bacares, que con sus 2.080 metros de altitud es la segunda máxima altitud de los Filabres tras Calar Alto (2.168 m). En ambas, la comarca del Valle del Almanzora, de la mano de la de Filabres-Alhamilla, rozan el cielo y desde luego miran más allá, su mirada se pierde por el centro del universo conocido cuando las cúpulas de los telescopios se abren y rastrean la oscuridad.

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Diciembre 11th, 2009SULAYR, ‘LA MONTAÑA DEL SOL’

Los romanos la llamaron ‘Mons Solarium’, los árabes ‘Xolayr’, nosotros ‘Sierra Nevada’. Cuando el viajero llega desde la Vega, la sierra enmarca a la ciudad de la Alhambra. ¡Y eso que desde el Albaicín sólo se vislumbra una parte! Una parte de la más especial de las cordilleras montañosas del Mediterráneo.

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Yo me crié aquí, bajo el reflejo de sus nieves perpetuas; mis padres me ayudaron a hollar los caminos y las sendas perdidas de sus barrancos, collados y cimas, triscando sendas aprendí el nombre de sus cumbres, por los arenales y robledales nevadenses me topé con mis primeras aves. Desde lo más alto vi, por primera vez en mi vida, más allá del mar, la lejana África.

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Septiembre 13th, 2009HACIA QUESADA Y POZO ALCÓN

Dejo Cazorla camino del sur, hacia otras tierras que la bordean y la arropan. Rumbo a Quesada, el Puerto de Tíscar y Pozo Alcón.  Si al viajero, llegando a Cazorla, le sorprende esa mágica hora que es la puesta de sol, le recomiendo que tome la desviación a Quesada por la carretera A322 y se sitúe frente a la sierra. Podrá entonces disfrutar del color del ocaso tocando el pueblo y los contrafuertes que protegen el boscoso valle del Alto Guadalquivir.

La carretera serpentea entre olivares y lomas cultivadas. Seis kilómetros antes de llegar a Quesada, cuando la ruta encara una larga recta, se encuentra la indicación que a la derecha lleva a la villa romana de Bruñel. Realizo a pie el camino que en un kilómetro largo me deja frente a una valla que cierra el yacimiento, pero tiene un paso abierto -como toda buena valla meridional que se precie- que potencia el estado de abandono del recinto. Sin quererlo, o quizás queriéndolo, me he topado con una joya desconocida: un auténtico cortijo rural romano del siglo III d. C.

Con sumo cuidado exploro los alrededores, apreciando a la perfección los paramentos del edificio que se cerraba a oriente por una sala absidada que recuerda a una basílica paleocristiana. La excepcional riqueza de Bruñel se reveló al observar el pavimento de las diferentes habitaciones: bellísimos mosaicos de motivos geométricos enlazados con recuadros octogonales donde aparecen animales y una figura femenina que recuerda a Tetis, la divinidad agrícola.

En algunas zonas parecen faltar mosaicos y me causó sorpresa el aparente olvido de esta singular joya romana de la época de Constancio II. ¡Qué menos que proteger la maravillosa policromía del arte con una estructura que mitigue los rayos de sol y la salvaguarde de la torrencial lluvia mediterránea! Contento por este descubrimiento, entre chicharras y cantos de colorines, volví al vehículo y continué hacia Quesada, cuna del arte inigualable de Rafael Zabaleta.

La iglesia de Quesada en lo alto del cerro del pueblo, aparece recostada sobre la imponente mole del Picón del Rayal, probablemente una de las montañas más bellas de todo el sur peninsular. Del pueblo al puerto de Tíscar, Quesada tiene una sierra de mismo nombre preñada de vestigios remotos del arte rupestre: cuevas del Encajero, la Hiedra, Cerro de Vitar, la Corniza y muchas otras que esparcen el nombre de esta villa en los más prestigiosos estudios antropológicos y arqueológicos.

Mi pretensión de visitar el Museo Zabaleta se fue al traste; recién acabadas las fiestas horas antes, la población parecía descansar del ajetreo nocturno y por ser martes, la pinacoteca estaba cerrada. Mucho había cambiado desde mi anterior visita a finales de los años ochenta, ya que en  aquella ocasión tuve que pedir la llave en una casa cercana y separar algunas telarañas de lienzos emblemáticos. Ahora la casa natal mudo a Museo con mayúsculas y las mejores obras de su primer expresionismo sombrío, de su expresionismo rutilante y de su tan peculiar postcubismo de influencia picassiana se encuentran visibles, al alcance de todos los que paren en Quesada, ¡eso sí! siempre que no sea en lunes o martes.

A 1.189 metros de altitud se encuentra el Puerto de Tíscar, un lugar de paso que fue frontera del ‘Reyno de Granada’ y que tras ser tomado junto a la peña y torre de Tíscar en el año 1319 por parte de las huestes cristianas, aceleró  la posterior y definitiva caída del reino nazarita.

El puerto, que tiene un pilón de agua que deja de manar en pleno estío, posee dos guardianes destacables: la torre que erigió el infante Don Henrique, hijo de San Fernando; y las imponentes siluetas del Picón del Rayal y el Aguilón del Loco que se elevan hasta los 1.834 y los 1.956 metros respectivamente.

Desciendo hacia Pozo Alcón siguiendo la vertiente meridional de la sierra de Tíscar, entre laderas aún boscosas, donde se retuercen y esconden los arroyos al fondo de agrestes barrancos que el agua horadó. Tras dejar atrás el arroyo Vadillo y el Barranco la Canal, una pista a mano izquierda nos permitiría llegar al nacimiento del Guadalquivir atravesando la sierra hacia su cabecera, conectando posteriormente con el Puente de las Herrerías y Vadillo Castril.

El imponente mirador que supone la sierra permite contemplar uno de los más amplios horizontes de toda Andalucía: las sierras de María, Estancias y Filabres en Almería, el Jabalcón y la sierra de Baza, el Mencal y Sierra Arana en Granada,  sierras Mágina,  Almadén y los Villares en Jaén. Cerrando el horizonte sur, entre la calima del fin de verano, entre los malvas de la puesta de sol, destaca la silueta aún oscura de Sierra Nevada.

Nubes altas cubren el cielo cuando el sol se va y el paisaje abrupto de la serranía se diluye en las margas y yesos de la hoya semiárida de Baza, regalando uno de los paisajes más severamente bellos de Europa. Poco después llegó a Pozo Alcón, en una provincia, la de Jaén, que aquí se hace granadina por obligación y quizás también por derecho.

Jorge Garzón ©2009


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