Abril 17th, 2010El PUERTO DEL ZEGRÍ

Granada se tiende a la vera de la Vega bajo el cielo nublado, pero algunos claros azules presagian una mejoría puntual para la tarde. Siendo así, decidimos salir de la capital nazarí y desplazamos en vehículo hasta el Puerto del Zegrí. En algo más de veinte minutos llegamos al collado olvidado donde ahora reina el silencio y la naturaleza, a pesar de la brutal herida que supone para el paisaje las extracciones de áridos en la umbría de la Sierra del Rayo.

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· Amanece en la Sierra de Atarfe ·

· Amanece en la Sierra de Atarfe ·

Granada tiene suerte y la tiene por mil y una razones. La primera y no es poco importante, es por estar emplazada en el borde oriental de una fértil vega que la rodea de suroeste a noroeste. Tres nombres tiene la Vega, dependiendo de quien hable: para geógrafos y geólogos es una parte más del surco intrabético que un día estuvo cubierta por las aguas de uno de los brazos del mar de Tetis, para los ‘granaínos’ es la vega de Granada, y para el resto de los pueblos que la contienen es simplemente ‘la Vega’, a lo más, la vega del Genil, o la de mi pueblo.

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Enero 26th, 2010LAS TURBERAS DE PADUL

Laguna del Aguadero. Turberas de Padul, Granada.

'Laguna del Aguadero'. Turberas de Padul, Granada.

Antes de que la población de Padul existiese, por los pagos de las Quinientas, cerca del Aguadero y por las orillas del lago de Agia se paseaban tigres diente de sable y mamuts. Buscaban el vergel que suponía la pradera siempreverde y la abundancia de especies animales alrededor del lago de Padul. Al menos uno de esos mamuts murió y cayó en la zona pantanosa donde se fue cubriendo de barro, restos vegetales y turba.
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Diciembre 28th, 2009¡POR LOS CONFINES DE ANDALUCÍA!

Si la belleza de la costa protegida del Cabo de Gata-Níjar es indudable, y gracias a sus valores ambientales excepcionales, llega al corazón de quien se adentra por sus sendas y playazos, el resto de la costa levantina almeriense no le va a la zaga y aunque más humanizada, esta plagada de rincones y tesoros aún por descubrir.

Hace unas semanas, me encontré virtualmente en  estas latitudes con mi compañero Pedro, que maestro de la imagen, supo retratar los mejores paisajes de la recortada costa volcánica del Parque, por lo que complementariamente, me dedico a buscar los rincones más bellos que el litoral almeriense aún esconde, aprovechando para observar la rica flora costera y sus aves, comprobando que en la pequeñez de esos rincones radica la grandeza de esta comarca.

No se puede uno acercar a la costa levantina de Almería sin rendirle homenaje a la linterna del faro del Cabo de Gata, más aún, detenerse en las salinas de la Almadraba a otear algunas de las más valiosas aves que aquí se citan: gaviota picofina, tarro blanco, archibebe fino o los bandos de avocetas y flamencos en vuelo rasante sobre el agua. Camino del Cabo merece la pena orillarse buscando alguno de esos búnkers que, semiocultos sobre el agua, permiten otear la superficie dorada del mar.

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Diciembre 11th, 2009SULAYR, ‘LA MONTAÑA DEL SOL’

Los romanos la llamaron ‘Mons Solarium’, los árabes ‘Xolayr’, nosotros ‘Sierra Nevada’. Cuando el viajero llega desde la Vega, la sierra enmarca a la ciudad de la Alhambra. ¡Y eso que desde el Albaicín sólo se vislumbra una parte! Una parte de la más especial de las cordilleras montañosas del Mediterráneo.

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Yo me crié aquí, bajo el reflejo de sus nieves perpetuas; mis padres me ayudaron a hollar los caminos y las sendas perdidas de sus barrancos, collados y cimas, triscando sendas aprendí el nombre de sus cumbres, por los arenales y robledales nevadenses me topé con mis primeras aves. Desde lo más alto vi, por primera vez en mi vida, más allá del mar, la lejana África.

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Noviembre 19th, 2009VALENZUELA | La gran olvidada

Baena es la gran capital de la comarca, la que guarda los caminos que se dirigen al llano; tiene sabor andaluz clasicista, algo que propicia el paisaje abierto y la existencia de grandes fincas cerealistas y olivareras. Es Baena una frontera entre el carácter nazarita de la Subbética, con Zuheros como guardián avanzado y Luque y Priego con sus pequeñas huertas, acequias y hazas serranas; y esa Andalucía llana, la comarca del Guadajoz y la Campiña Este , abriéndose ya al Guadalquivir.
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Noviembre 14th, 2009LA CAMPIÑA NATURAL

Las campiñas son destino interesante para el turismo ornitológico.

Pudiera parecer a simple vista que la campiña agrícola está desprovista de atractivos naturales, y aunque a simple vista así lo pareciese, afirmarlo sería temeridad. De hecho, un itinerario relajado por el medio rural, a pesar de la intensificación agraria que se ha producido en estos últimos años, nos deparará sorpresas. No es un secreto que soy naturalista y propongo, antes de despedirme de la campiña sur cordobesa, una ruta para descubrir algunos secretos naturales que se desvelan a quien se acerque al campo de manera diferente. Me dispongo por tanto a cruzar la comarca entera, viajando desde los campos de Montemayor a los de Moriles, pasando por La Rambla, Montalbán y Aguilar de la Frontera.

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“Antes de echar los cimientos de las murallas, una ciudad habrá de escoger un lugar de aires sanísimos. Este lugar habrá de ser alto, de temperatura templada, no expuesto a las brumas ni a las heladas, ni al calor ni al frío; estará además alejado de lugares pantanosos para evitar que las exhalaciones de los animales palustres, mezclados con las nieblas que al salir el sol suren de aquellos parajes vicien el aire y difundan sus efluvios nocivos en los cuerpos de los hobitantes y hagan por tanto infesto y pestilente el lugar. No hay duda que es necesario poner la máxima diligencia en la elección de los lugares más sanos”

(Vitrubio, ‘Los diez libros de la arquitectura’. Libro I, Cap. IV).

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Uno de los nombres que resuenan en la mente de todo viajero que decide venir al sur de España es Ronda. No sólo es imaginación en la mente de quien atraviesa un mar para llegar hasta aquí, no es sólo un sueño ansiado al observar una imagen del profundo tajo bajo la cálida luz vespertina, es una realidad que muchos experimentan cada fin de semana. De Ronda se ha escrito tanto como los centímetros que mide el Puente Nuevo que cruza el tajo y aún así, uno no se cansa nunca de saber de ella, de conocer esta hermosa ciudad enclavada entre dos catedrales milenarias. Porque Ronda tiene dos catedrales pero casi nadie se percata de su existencia.

Una de ellas es mundialmente conocida: su tajo de 98 metros de altura podría contener la torre catedralicia más famosa de España: la Giralda. Es una altura que incluso rivaliza con otras, se me ocurre ahora mismo la de Estrasburgo que roza con su espadaña los 142 metros de altura. La Giralda de Sevilla se representa en los libros de naturaleza por algunos de sus habitantes más valiosos, los cernícalos primilla de su torre; Estrasburgo ha hecho de las cigüeñas de su catedral un símbolo internacional y los niños que la visitan se llevan una cigüeña de peluche, un paraguas de pico rojo y silueta alada. Han dignificado a sus aves por ser únicas.

¿Y Ronda? ¿Podría hacerlo también? ¡Desde luego! Lo extraño al caer la tarde, paseando por Ronda, es no contemplar sobre el tajo, o bajo el puente, o en los tejados cercanos el vuelo acrobático de un ave negra con un pico curvado y patas de color rojo intenso, las chovas piquirrojas, conocidas en la ciudad como ‘grajas’. Quien no las ve las escucha, pues su graznido es característico y resuena en los verticales escarpes de arenisca y conglomerado.

El tajo de Ronda es uno de los destinos más apreciados por los aficionados del turismo ornitológico. Es raro no pasear al borde del escarpe y no encontrarse a alguien que, prismáticos en ristre, observa algunas de las especies emblemáticas que aquí se dan cita. Se citan en primavera cuando los vencejos reales, tras superar el brazo de mar del Estrecho,  llenan con sus alas afiladas y vientre blanco el espacio aéreo rondeño; se citan en las frías noches de invierno cuando paseando cerca del Palacio de Mondragón se oye el reclamo insistente del búho real atravesando la noche; se citan cuando el sol se esconde y durante todo el año, las acrobáticas ‘grajas’ que ascienden en vuelo directo para dejarse caer y hundirse vertiginosas en lo más profundo del cañón abierto por el Guadalevín. Y eso maravilla, no sólo a los turistas de naturaleza sino a todo visitante que se asoma al cortado. Es imposible no verlo y la gente pregunta por esas aves.

Uno de mis rincones favoritos en Ronda, aparte de Santa María la Mayor, el puente viejo y los rincones que rodean al alminar de San Sebastián, es el hotel Reina Victoria, concretamente sus jardines, los que cuelgan sobre el tajo de Ronda. Aquí me encuentro escribiendo esta crónica desde una de las mesas que se asoman a una inigualable puesta de sol otoñal. A pocos metros de aquí debió desgranar el poeta Rainier Marie Rilke muchos de sus versos, lo cual no es extraño a juzgar por el entorno, jardines de estilo británico, terrazas armoniosas y una tranquilidad reinante que alimenta de serenidad al alma.

Me levanto de la silla acercándome al cortado. Frente a mí se alzan las sierras de Líbar y  Grazalema, destacando el Peñón Grande, rotos sus detalles contra el fondo ardiente del sol. Acabo de pasar junto a mí uno de los halcones peregrinos que viven en el tajo, ha caído como una flecha y se ha elevado un minuto después rompiendo el cielo con sus alas puntiagudas. Y es precisamente ahora, cuando el sol comienza a huir del espacio visible rondeño, cuando su segunda catedral comienza a tomar forma de silueta. Una catedral natural de montañas rodea esta preciosa e irrepetible ciudad malagueña; se mire por donde se mire lo sublime gana y uno se percata de que al igual que una catedral lo es, la naturaleza tiene también algo de sagrada. No se puede cuantificar, pero la satisfacción de estar en Ronda, la felicidad de sentir el aire fresco en la cara, la serenidad de las flores y su aroma mientras se pasea, son los valores que enmarcan una visita a Ronda. Y desde luego le harían un gran favor si, al igual que con otras aves hicieron otras ciudades europeas emblemáticas, Ronda elevase a sus chovas piquirrojas a la condición de símbolo. Sería su más efectivo y económico embajador, lo mismo que ya lo es una imagen de su tajo.

Jorge Garzón / Miradas ©2009

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