Cueva de las GrajasLa sierra de Archidona es un resalte margocalizo destacable a pesar de tener una altitud no muy elevada. Es un guardián natural de su vega y vigila hacia oriente toda la penillanura que se fuga hacia Granada, la que lleva hasta Salinas. Se trata, por derecho propio, de un mirador excepcional que permite gozar de puestas de sol inigualables y desde donde se divisan las provincias de Granada, Córdoba, Sevilla, Cádiz y la propia Málaga.

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Octubre 1st, 2009DONDE ANDALUCÍA SE ARRUGA

Dejé atrás Fuentedepiedra, y como viajero ávido de paisajes que soy, atravieso olivares alineados camino de otra población malagueña: Campillos. Para algunos de los que en el pasado no se aplicaron -académicamente hablando-, el nombre de Campillos resuena con fuerza por la metodología severa de sus enseñantes; para quien nunca conoció sus aulas, Campillos es la antesala de la Andalucía que muda su mar de olivos en acantilados de roca caliza. Al sur de Campillos las olas del olivar se detienen en la costa rocosa de su comarca: la de Guadalteba.

Campillos mira a Sevilla y el barroquismo de la Iglesia de Nuestra Señora del Reposo así lo atestigua. A las puertas de su casco urbano se encuentra una curiosa laguna: ‘Dulce’ es su nombre y aunque extrañamente seca durante la mayor parte del año, se ha convertido ¡por las paradojas del destino! en uno de los mejores lugares del norte de la comarca para observar aves esteparias. En los meses invernales se reúnen en el -por veces- encharcado vaso, docenas de sisones europeos (a veces cientos), pariente cercano de las extraordinarias avutardas que sobreviven algo más al noroeste.  Aquí tienen uno de sus lugares favoritos de invernada ya que gozan de tranquilidad y comida abundante en los campos cercanos; no siendo difícil gozar de este espectáculo, con tan sólo añadir una visita a esta laguna señera como continuación a la de Fuentedepiedra.

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Septiembre 30th, 2009LA FUENTE DE PIEDRA Y SU LAGUNA

Después de una noche fresca abandono con algo de pena mi alojamiento en el camino de Málaga, a los pies del Torcal. El camping del Complejo rural donde me han acogido dispone de una ubicación idónea para esquivar los fuertes calores veraniegos. Pero el estío ha pasado ya y el otoño se va instalando en los colores intensos del cielo, en la luz que mengua por días y en las hojas amarillentas que presentan los arbolillos cercanos.

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Septiembre 25th, 2009EL TORCAL | Un caos de piedra

Tormenta en el Torcal de Antequera

Tormenta en el Torcal de Antequera

Cerrando el horizonte sur de Antequera se halla la fortaleza pétrea del Torcal, un sueño detenido en la altura, una suerte de imaginación difusa tallada al azar por la mano poderosa de la naturaleza.

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Conociendo la fama que precede a nombres como Doñana y otras zonas húmedas ligadas al Guadalquivir no esperaba encontrarme gran diversidad ornítica cuando me propuse intentar encontrar una ruta de observación de aves en las cercanías del pueblo, de tal manera que quien ya hubiese visitado los museos, relajádose con las aguas milagrosas del Balneario o incluso, degustado una ‘bomba de atún’ sentado en la Plaza del Amparo, pudiera disfrutar de un buen paseo junto al río.

Inicié el camino junto al puente renacentista de Marmolejo frente al balneario. La carreterilla, aguas arriba, bordea la modesta presa del embalse. La vegetación que cae desde el talud terroso oculta algunos regatos que acentúan el frescor en época estival. Lee el resto de esta entrada »

Septiembre 15th, 2009LA BOLERA Y EL GUADALENTÍN

La sierra de Cazorla no es sólo sierra jienense, también tiene vocación granadina. Así le pasa en el macizo segureño del Empanadas, que con sus 2.106 metros, es la ‘raya’ natural entre las provincias de Granada y Jaén. Pero la sierra de Cazorla muda a nombre corto y profundo: Sierra del Pozo, allí donde mira al Guadalentín, sobre Pozo Alcón. Preside el cresterío el Pico Cabañas, que con sus 2.026 metros es la máxima altura de las sierras cazorleña y poceña.

Me dirijo, pronto en la mañana hacia el embalse de la Bolera tras haber descansado plácidamente en un moderno y cómodo hotelito, Los Nogales, donde el sueño es reparador y se escuchan las estrellas colgadas en lo alto de la noche. ¡Una delicia de entorno y una delicia de gente, tanto Manolo Noguera -uno de los dueños- como cada una de las responsables del establecimiento! Que a bien tuvieron informarme de los secretos por allí guardados.

Todo el paisaje que circunda la Bolera es grandioso. Esta poco hollada parte de la comarca linda con el muncipio granadino de Campocámara, a tiro de piedra de Castril. Cubierta de espesos bosques, interrumpidos sólo por los barrancos y cerradas que han esculpido los ríos durante miles de años. El embalse, construido sobre un permeable macizo cárstico no puede mantener su cota máxima puesto que el líquido se filtra a través del fondo calizo. Construido en el año 1968, agudizó la desaparición del río Guadalentín aguas abajo de la presa, que resurge en la Cerrada del Tío Pío unos dos kilómetros barranco abajo.

La mejor manera de admirar el Guadalentín es recorrer su barranco y quedarse extasiado con el vuelo de las aves que frecuentan este imponente corredor. A ello me dediqué y busqué la senda que junto al camping de la Bolera me llevaría por un pequeño carril, en principio asfaltado, hasta el Observatorio Ornitológico del mirador. Un itinerario fácil que entre pinos, encinas y matorral mediterráneo pierde su asfalto junto al Canal de Iturralde, ya en desuso, que conducía el agua desde los antiguos azudes a las huertas del llano. El mirador y el observatorio ornitológico se abren al tajo y permiten visualizar las acrobacias de las chovas piquirrojas, escuchar el canto prodigioso de los roqueros solitarios o sorprender al veloz halcón peregrino. El cortado calizo de un color anaranjado vivo, roto por las deyecciones blancas de los buitres leonados, se alza imponente al otro lado del barranco, permitiendo -mejor durante la tarde- una cómoda observación ornitológica.

Pero no menos imponente es la senda que, desde el Canal de Iturralde, parte hacia levante y nos acerca al mirador de la Cerrada de la Alcantarilla. Un kilómetro y medio de fácil sendero me condujo a un promontorio que se abre, protegido con vallas de madera, sobre el abismo de un monumento natural único: la Cerrada de la Alcantarilla, incomparable cañón calizo y profundo que oculta aguas cristalinas y se abre al barranco principal a través de una estrechísima canal.

Aguas arriba del Guadalentín se esconden otros milagros de la naturaleza: Guazalamanco es uno de ellos. Injustamente olvidado, traduce la belleza total de la montaña mediterránea en su itinerario jalonado de espesuras, cascadas, paredes, flora y mariposas únicas, un reino merecido para el águila real, la culebrera y otras rapaces. Un deleite para el naturalista, un descubrimiento para quien viaje sin límites en los mapas y posiblemente, junto a parajes áridos cercanos, uno de los lugares más hermosos de nuestra naturaleza ibérica.

He de continuar viaje saliendo de la comarca. Me voy con un sabor agridulce por los lugares que no podré visitar, pero sí puede hacerlo quien lea estas crónicas viajeras. Me voy sin poder echarle un vistazo a las acequias de Cuenca, sin poder visitar las cuevas de Hinojares, sin pasarme por Belerda, por los puentes de la Risa y del Royo sobre el río Grande original: el Guadiana Menor, que entre bosques de tarajes, ya con aspecto africano, riega los oasis de las vegas fluviales cerca de Huesa.

Me detengo camino de Jódar y echo la vista atrás. Salgo de la Comarca de la Sierra de Cazorla, perdidos aquí los bosques, con ganas de volver de nuevo en muy breve espacio de tiempo.

Jorge Garzón ©2009

Septiembre 11th, 2009LA SIERRA DESCONOCIDA

009cazorla-cabra-en-la-sierra-de-las-villasLa carretera serpentea entre pinos y enebros ganando altura rápidamente.  Incluso bajo el sol del mediodía, el bosque extiende su frescor más allá de la sombra de sus árboles. Siguiendo la ruta a la sierra el paisaje forestal se abre tras alguna de las miles de curvas que jalonan el itinerario, allí el panorama se ensancha y se extiende de tal manera que es imposible no pararse a escudriñar con los prismáticos las cerradas y tajos verticales que flanquean la cabecera del río Cañamares, el mismo que cruzamos camino de Santo Tomé junto a la ermita de Nubla. Frente a nosotros se alza una de las “sierras’ desconocidas de Cazorla, la que mira a la campiña, la que Chilluévar y Santo Tomé guardan bien.

Algo más arriba, donde la tranquilidad impera y ni siquiera se intuyen ya los olivares, aparece un color irreal, un agua misteriosa: el embalse de Aguascebas, un oasis de aguas verdeazuladas confinadas por una presa anclada firmemente en el roquedo. Desde su coronación se extiende, valle arriba la lámina acuática y aguas abajo Las Oseras, un abismo de roquedos, cortados y plataformas  ocupadas por buitres, alimoches y pequeñas aves rupícolas. Junto a los calveros del bosque se ocultan los muflones, de retorcida cornamenta.

La carretera que flanquea la sierra, con impresionantes vistas a las Lomas y al ahora lejano llano es un auténtico tesoro. La recomiendo con ahínco a todos aquellos enamorados de la naturaleza extrema. No sólo es poco frecuentada por vehículos y gentes de paso, si no que además permite el acceso a arroyos subsidiarios de aguas cristalinas, a áreas de acampada de extrema limpieza, a mesas de piedra estratégicamente situadas que permiten almorzar escuchando el tamborileo de los picos y pitos

El agua cristalina del Aguascebas de Gil Cobo

El agua cristalina del Aguascebas de Gil Cobo

reales, o el chasquido poderoso del zorzal charlo alzando el vuelo. Un lugar donde la belleza abruma y la cobertura del teléfono móvil flaquea. Justo en este punto, en el collado del Pocico, merece la pena detenerse y acercarse a las cumbres cercanas.

Es septiembre y las águilas culebreras se afanan por completar etapas en su migración a África. Es tan grandioso el escenario que se las detecta por sus reclamos y silbidos antes que con el ojo desnudo. Bandos de hasta veinte aves ciclean en lo alto mientras me afano por buscar a los responsables de los trinos escondidos entre el follaje. La migración avanza, y los papamoscas cerrojillos, colirrojos reales, mosquiteros papialbos y petirrojos atraviesan la sierra. Recorrer esos collados, el Sabinar de la Lancha del lobo o la Nava de las Castañetas nos permitirán acompañar a las aves en paso y disfrutarlas mientras reponen fuerzas, ingiriendo a destajo frutos de majoletos y aromáticas bayas de enebros y sabinas.

Cuando uno se aproxima al río Aguascebas de Gil Cobo y al Aguascebas Grande, la sierra se derrama -literalmente- sobre el visitante: intrincados pasillos y chimeneas calizas, pinos laricios colgados sobre el abismo, agujas puntiagudas con sabinas centenarias… sobrecoge el fragor de la vegetación peinada por el viento.

Atrapamoscas o grasilla

Atrapamoscas o grasilla

Merece la pena remontar estos dos cursos de agua -algo que hacían a diario los pastores de antaño- para encontrar algunas de las joyas mejor guardadas: una modesta planta: la grasilla o atrapamoscas (una Pinguicula endémica de estas sierras) que devora docenas de insectos cada temporada. Gusta de ambientes umbríos y húmedos, pero si buscamos con atención entre los extraplomos, cascadas, desfiladeros y repisas rocosas descubriremos otros habitantes huidizos como el águila real, el macho montés o el acrobático trepador azul colgado cabeza abajo.

Poco a poco, siguiendo el camino, dejando atrás los corpulentos ejemplares de arce granadino , la sierra empequeñece al acercarme al cauce del Guadalquivir, que cruzo por un moderno puente de metal y hormigón, continuando entonces hacia el embalse del Tranco, final de las rutas más frecuentadas del Parque Natural.

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Antes de volver a Cazorla a través de Cotorríos y Arroyo Frío, decido probar las aguas del río Grande y termino mi jornada viajera dándome un chapuzón en las aguas mansas del Charco del Aceite. La tranquilidad de la jornada me reconforta ya que en más de setenta kilómetros de ruta sólo me he cruzado con un vehículo. La diferencia es palpable:  ofrezco esta crónica desde un lugar desierto donde sólo suena el agua y los trinos de las aves que se acercan a beber en el río.

Nubes tormentosas resuenan en el borde serrano, hacia poniente.

Jorge Garzón ©2009


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