Octubre 7th, 2009Si las paredes hablaran
A mis amigos de Granadilla, Búbal y Umbralejo
Son muchas las antiguas poblaciones de la Sierra de los Filabres que están completamente abandonadas. Techos y paredes derruidos que si hablasen nos contarÃan historias mágicas, vividas y aprendidas al calor de la lumbre.
Desde pequeño he participado cada verano en el Programa de recuperación de pueblos abandonados del Ministerio de Educación. Es un mundo perdido que me fascina. Desgraciadamente este Programa no tiene proyectos en AndalucÃa. Asà que cuando en La Posada del Candil, donde hoy me alojo, me comentaron la existencia de estos pueblos, no he tenido más remedio que ir a conocerlos.
¿Ahà a qué? si eso no’s más que cortijos errumbaos. Esa es la primera pista que recibo de un matrimonio local cuando abandono la carretera y tomo un carril de tierra dirección Collados del Conde. Pues son los cortijos errumbaos más interesantes que he visto en mi vida. Asà descubro la necesidad de mi trabajo, la necesidad de poner en valor la cultura popular y rural antes de que se pierda totalmente, antes de que caiga en el olvido por esa sensación de inferioridad que siempre ha invadido al mundo rural.
Lo primero que hago al llegar es admirar la belleza del enclave, el sol del atardecer, la mezcla de colores de principios de otoño, la perfecta combinación de las viejas casas con el entorno reproduciendo sus mismas tonalidades. Embobado recorro sus callejas. Si las paredes hablasen, cuántas veces habremos oÃdo esa expresión. Aunque… las paredes hablan. Solo hay que saber hacer las preguntas adecuadas. Por ejemplo, las paredes en esta foto nos cuentan que el pueblo se ubicaba en lo alto de unos peñascos. Por la fecha de construcción, su función no era defensiva, sino más bien agrÃcola, aprovechaban las tierras fértiles para labrarlas y aterrazarlas, y las zonas pedregosas para construir.
Estos pequeños espacios circulares nos cuentan que las familias horneaban el pan. Solamente he encontrado dos, era un pueblo pequeño. O bien el resto se han caÃdo o era un horno comunal. Antes de inspeccionar el interior de las casas observemos este espacio de la entrada, un lugar apropiado para tener a los animales cerca sin ubicarlos en el interior, seguramente tuviese un porche, ahà iban las bestias.
Los techos son bajos, indicador de la estatura de los serranos locales en épocas de escasa nutrición. Construidos con vigas ¿cuántas de ellas habrán colgado embutidos y hortalizas para curar? Diagonales de madera aguantando grandes losas de pizarra, abundante en la zona. Algunas de las vigas aún conservan guitas de esparto alrededor, para que el yeso cuajase mejor. Son techos muy inclinados, debido a lo usual de las precipitaciones, y con aleros que sobresalen de las paredes, muy posiblemente para proteger la madera de las primeras vigas del hielo y la nieve. Pequeños de estatura pero sin un pelo de tontos.
Las casas se apiñan unas tras otras, algo normal en los sistemas familiares extensos. Cuando los hijos construÃan una nueva familia se construÃan otro pequeño espacio adosado a la casa familiar. Sin existir ese tÃpico patio central tan común en muchas zonas de AndalucÃa. Las grandes familias compartÃan zonas comunes entre ellas. Como la cocina-comedor. Aquellas tÃpicas chimeneas españolas al fondo, cubiertas únicamente por las campanas. Hasta que llego la moda inglesa (otra vez el dichoso sentimiento de inferioridad) y se realizaron los embellecimientos y formas con los que hoy conocemos a las chimeneas, por las que entra Papa Noel. Son abundantes las hornacinas en todo la casa, pero principalmente en la cocina-comedor, para mantener productos alimenticios lejos de la humedad del suelo y para los candiles.
En la decoración interior priman los colores blanco y azul, el primero de la cal usada para proteger las paredes y techos, el segundo puramente decorativo del añil. Ninguna pared estaba pintada de azul hasta el techo para disimular el desgaste de los humos. Los grandes ventanales de las primeras plantas alternados con otros más pequeños y abocinados indican que esos pisos se utilizaban como dormitorios y como solanas, almacenes y graneros, seguramente sin protección en las ventanas para que corriese el aire filabreño que le da ese sabor a los alimentos.
Son muchas las pistas que nos da el pueblo para imaginar cómo era la vida desde hace más de un par de siglos hasta años relativamente recientes. Con esos indicadores han reproducido la arquitectura de la sierra en la Posada del Candil. Pepa, José y Javi, unos enamorados de esta tierra, han cumplido el sueño de darle un poquito de vida a una tierra cada vez más despoblada, respetando cultural y ambientalmente a la Sierra que los acoge.
J, hablo hasta con las paredes
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Octubre 7th, 2009 a las 9:32 pm
!! que envidia !!! al no poder estar en ese atardecer,con esa mezcla de colores otoñales, pero al menos me consuelo con tu narraciones y me biene a la memoria mi niñez !!!que recuerdos!!!hasta pronto
Octubre 8th, 2009 a las 6:29 pm
Bien curioso el lugar. Enhorabuena.
M
Junio 10th, 2010 a las 1:18 pm
precioso lugar , como el paso de los años va deteriorándolo todo, llegará un dÃa que nadie sepa que existió