Enero 30th, 2010Las dos orillas del Guadalhorce
Entre vegas de naranjos y cerros de olivos, bajo la blanca mirada de la Sierra de las Nieves, transcurre generoso el RÃo Guadalhorce, ahora más caudaloso que de costumbre debido al temporal que hemos sufrido en las últimas semanas.
Tras el parón invernal, retomó mis viajes por nuestra AndalucÃa en la comarca malagueña del Valle del Guadalhorce. Seguro que más de uno me estaba tildando de remolón después de ver que Xosé, Jorge y Pedro ya llevan varios dÃas de marcha mientras mi blog seguÃa sin actualizarse. Mis disculpas. Prometo no volver a abandonaros en un par de meses, mÃnimo.
Comienzo mi visita en Ãlora, sorprendido por la vida y el bullicio que tiene su centro histórico. Dejo el Hotel Don Pero y me encuentro con MarÃa José en el Museo Municipal. He tenido suerte con MarÃa José, quien combina perfectamente la sabidurÃa popular que le ha transmitido su padre y su pueblo con los conocimientos académicos propios de un doctorando en Historia del Arte. Por cierto, hoy es el primer cumpleaños de su hija, muchÃsimas felicidades desde aquÃ. Con buena compañÃa, me empapo de Ãlora, su arquitectura y sus tradiciones. Ãlora tiene para todos:
Para los amantes del flamenco, esta localidad es la cuna de la malagueña cunera, el palo más romántico y melódicamente acabado del flamenco. Para los amantes de la arquitectura árabe, Ãlora cuenta con un imponente castillo donde se encuentra un arco de herradura único en todo el occidente cristiano. Para los entusiastas de la historia, el Museo Municipal acoge el patrimonio arqueológico del lugar. Para los apasionados del folclore, el Ayuntamiento está intentando recuperar sus tradicionales “meceerasâ€. Para los más devotos, en Ãlora se puede disfrutar de su famosa “despedÃa†en Viernes Santo. Para los glotones más exigentes, en Ãlora pueden degustar sus ricas sopas perotas… Que conste que puedo seguir asà un rato, pero ya paro porque estas lÃneas se están pareciendo demasiado a aquel famoso anuncio de Coca-cola. En Ãlora no hay momento para aburrirse. Os dejo con la miel en los labios para que vengáis a disfrutar en persona de su riqueza cultural.
Al otro lado del Guadalhorce, paro en Pizarra, atraÃdo por su famosa Ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta y la rifa de feria. Al llegar a la ermita encuentro una verja con un gran cartel que reza “timbre†y señala a algún punto de la pared. Timbre que nunca encontré, no sé si por su inexistencia o porque soy un inútil. Me resisto a irme sin entrar a la ermita y saco mi lado más campechano, a la espera de que alguien se percate de mi presencia, con dos potentes ¡BUENAS TARDEEES!, igual de briosos que baldÃos. Un poco frustrado me contento con rodear el templo, sacar unas fotos y leer los paneles informativos que flanquean el edificio, uno sobre un sendero de corto recorrido que nos guÃa hacÃa un paseo por la comarca y el otro con una breve explicación sobre la ermita:
“Construcción del Siglo XVI semiexcavada en la roca levantada sobre una antigua iglesia mozárabe del Siglo X. Su advocación a la virgen de la Fuensanta se debe al manantial de agua que brotó durante su construcción.”
Los vecinos de Pizarra están orgullosos de su feria de agosto, en honor a la Virgen de la Fuensanta, y de su conocida rifa, declarada de interés turÃstico en AndalucÃa. La rifa consiste en la venta de boletos a precios muy populares que permiten llevar sobre nuestros hombros el trono de la Patrona durante unos metros. Y digo nuestros, porque lo interesante de esta tradición es que tanto vecinos como forasteros pueden participar de la fiesta ubicándose bajo los varales del trono. Todos podemos llevar durante unos instantes a la Virgen. Si alguna vez sentisteis atracción o curiosidad por hacer algo parecido, Pizarra es vuestro destino el 15 de agosto.
J, de vuelta (y vuelta)
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