Abril 10th, 2010De Linares a Alájar
Me despido de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche tras un tranquilo paseo por el sendero que une Alájar con Linares y la curiosidad que me despierta el diseño urbano de estas localidades.
Me apetecÃa terminar la visita a esta comarca con un paseo por la naturaleza, pero como ya dijo aquel: cada loco con su tema, y al final, paseo incluido, he acabado fijándome en la huella humana de Linares, Alájar y el sendero que los une. Lo que más llama la atención, aunque ya lo observase en Almonaster, Fuenteheridos o la propia Aracena, es lo abundante de los empedrados. Con losas, piedras, chinorras… con lo que sea; imposible encontrar un metro cuadrado de suelo sin empedrar. Es llamativo admirar cómo en algunas calles poco transitadas, ha crecido la hierba dejando entrever solamente las empedradas marcas del paso de los vehÃculos. Bello contraste.
Otro detalle curioso, producido por la naturaleza a través de las abundantes lluvias caÃdas este invierno, son los surcos dejados por el agua en el asfalto del sendero que estoy siguiendo. Las aguas están dejando entrever el camino original, cómo no, empedrado y resistente a las embestidas del clima. En el particular piedra papel tijera que juegan cada dÃa la naturaleza, el saber popular y la tecnologÃa moderna, cada uno de ellos pierde la partida contra uno de sus oponentes, pero siempre le gana al otro. Recordad ayer: culturaleza, dejemos de enfrentarlos y sumemos sus valÃas.
La principal seña de identidad de estos empedrados paisajes humanos son sus llamados llanos, una funcional manera de aprovechar las irregulares calles por parte de los vecinos. Me cuentan que, antiguamente, se allanaba y empedraba la parte de la calle que apega a la puerta para asà poder sacar las sillas y tomar el fresco. Esta tradición se está volviendo a poner de moda y hoy en dÃa es rara la casa que no dispone de uno de estos llanos, hasta la iglesia cuenta con uno.
No hace falta ser muy observador para advertir que los hay de todo tipo: recién hechos, con solera, con motivos tradicionales, de decoración moderna, más sencillos, pomposos… pero la mayorÃa de ellos mantienen esa esencia bicolor que llevo a los habitantes de hace décadas a adornar y aprovechar un espacio común.
Aunque, sin duda, la nota de color de hoy la ha puesto Resurrección, una simpática anciana a la que he encontrado lavando en las pilas comunales que aun hoy hay en Linares. No querÃa que la grabase porque, me cuenta, todos los turistas y los periodistas la retratan cuando la ven, y que ya no está para fotos. Asà que me limito a apagar la cámara y disfrutar de sus historias. Resurrección me comenta que son varias las vecinas que todavÃa acuden a la pila a lavar, que la ropa de los albañiles y del campo no queda igual que si la metes a la lavadora. Entonces, jabón en mano, devuelven el blanco a la ropa mientras charlan con las vecinas e ilustran a los viajeros sobre las bondades de su pueblo y su comarca. El Ayuntamiento deberÃa contratarlas como servicio de información.
J, de vuelta a casa
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