
No es un adiós, es un hasta luego.
Mis quehaceres mundanos me devuelven a la realidad en las lejanas montañas de Castilla, donde tengo mis haciendas. Tengo que interrumpir la noble misión de mis viajes por AndalucÃa para atender las demás responsabilidades que tenemos los caballeros andantes y no contamos. Porque no está bien saberlo todo.
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Puente de Hierro, en Villa del RÃo
El rÃo grande de AndalucÃa, el bético, el cazorlano, el cordobés, el sevillano y el que da vida al humedal de Doñana, la reserva natural más espectacular de Europa, tiene otro patrimonio además del ecológico: su patrimonio hidráulico. Al paso por Córdoba, ese Guadalquivir medio, maduro en su correr pero aún rápido y fuerte, muestra en sus ribazos los rastros de los humanos en su afán por domarlo.
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Castillo de Almodóvar del RÃo sobre el monte de la Floresta
Érase una vez un castillo alzado sobre un solitario cerro en las orillas del Guadalquivir. El cerro de la Floresta se hacÃa llamar el monte y como Almodóvar del RÃo se conocÃa al castillo, aunque a veces se intercambiaran las nóminas.
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Huerto- jardÃn del Monasterio de San Francisco
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Vive dios, amig@ mÃo que el mundo ha de dar vueltas porque es de suyo que asà lo haga. Y heme aquà retornando por mis fueros en la memoria. Porque cuando mi Elena favorita, esa que cuida en mis viajes de que no caiga con la noche en posada desaliñada ni antro de perdición, me informó que mis aposentos me aguardaban en el Monasterio de San Francisco de Palma del RÃo recordé con sobresalto mi tiempo pasado de vida monástica. No es que yo haya vestido hábitos, sino que como buen caballero andante fui educado en mi juventud por monjes. Ya os contaré con más tiempo sobre los años en que me internaron en un monasterio para doblegar mi espÃritu rebelde y adiestrarme en las buenas maneras, aunque creo que no lo consiguieron. Mis monjes eran más devotos de AgustÃn que de Francisco, pero los recintos oscuros y frÃos que les guardan suelen llevarse poco.Â
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Mirador de la laguna de Zoñar
Aunque todavÃa no es el mejor momento para salir al campo con el traje de pajarero, no me puedo resistir a dar una vuelta por alguna de las lagunas de la campiñas Sur cordobesa en busca de las aves que permanecen sedentarias en los humedales que aguantan la sequÃa.
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Vendimia en Montilla
Con nocturnidad, alevosÃa y la humedad metida en los huesos busco cobijo para pasar la noche. Mi caballo hace aguas, y es que ya no le sientan bien los temporales y mucho menos como el que está cayendo, que asusta al más recio. Luces y banderas en lo alto de un cerro. Creo que es ahà donde me traen los pasos, pero llevo dadas dos vueltas al altozano y no veo por donde acometerle. Por fin un pequeño cartelito al borde del camino indica la dirección a seguir. Hotel Atalaya, ¡no podÃa llamarse de otra manera!. Un lugar noble y de gran porte, muy digno para un hidalgo caballero que vuelve de recorrer castillos. Me reciben con alborozo al verme bajar del caballo con capa y espada. Ya veremos que pasa mañana cuando baje a desayunar con el traje de vendimiador.
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Castillo de Montemayor o de MartÃn Alonso
 Ha surgido un cambio en el paisaje. La Campiña Sur cordobesa que me recibe, todavÃa no ha sido conquistada por el avance de los olivos como ocurre en las comarcas de alrededor. Me imagino que los nuevos olivareros tendrán claro la problemática ambiental y social de los monocultivos.
Esta es tierra de vinos de la Denominación de Origen Montilla-Moriles y las viñas se suceden por uno y otro lado de la carretera. Pero de los vinos y su mundo os hablaré mañana que me iré de vendimia, si es que queda algo que vendimiar.  Hoy voy de capa y espada, con el yelmo bien ajustado en busca de princesas que rescatar por esos castillos de la Campiña medieval.
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Tormenta sobre el olivar
¡Por fin caen las ansiadas lluvias!
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Las frÃas gotas que cada año desprende del almanaque el mes de septiembre anuncian una nueva y relumbrante etapa en el calendario anual de la vida silvestre. Campos y montes reviven de nuevo tras haber permanecido durante los meses de estÃo en un lánguido duermevela, acuciado por la pertinaz sequÃa de los últimos meses.
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VÃa Verde de la Subbética
El antiguo “Tren del Aceite” que desde 1893 unió Jaén con Puente Genil fue toda una revolución para el desarrollo agrÃcola de la zona. Recibió su apodo por ser el encargado de transportar el aceite a granel en vagones cisterna desde las almazaras hasta la capital jienense y los enlaces con Córdoba, Málaga y Algeciras. Pero la historia económica del ferrocarril fue parca en resultados, que sumado al avance del transporte por carretera desde los años 50 supuso la puntilla definitiva y el declive de la lÃnea férrea. Entre 1936 y 1985 las máquinas continuaron pasando con cargo al Estado, pero su precariedad no las dejaba superar los 30 kilómetros por hora. Tras 15 años de abandono y el desmantelamiento de los railes y el balasto llegó la reconversión en VÃa Verde, que le ha devuelto una nueva vida.
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Hacienda Minerva
Una antigua hacienda con dos siglos de antigüedad en medio de un olivar, en las laderas subbéticas a mitad de camino entre Doña MencÃa y Zuheros, rememora con todo lujo de detalles el antepasado andaluz que describieron los viajeros románticos del siglo XIX.Â
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