Octubre 19th, 2009Paisajes de fuego y agua
Todo es extremo en la costa de AlmerÃa: la aridez, la quietud, la despoblación arbórea, la insolación, la sed terrena, la luz, la frescura salina y el azul del mar.
Nacidos hace diez millones de años de las ardientes convulsiones volcánicas del sureste de AlmerÃa, la sierra y cabo de Gata nada tienen que ver con resto del continente. Unos parajes de marcada personalidad, considerados como uno de los máximos exponentes europeos de macizos montañosos de origen magmático. El sol y la soledad dominan estos parajes sin sombras, sin árboles y casi sin lluvias.
Con un palmarés de reconocimientos nacionales e internacionales entre los que están sus declaraciones como parque natural, reserva marina, ZEPA, humedal de importancia internacional (convenio de Ramsar) y reserva de la biosfera (UNESCO). Todo un merecimiento para un espacio natural que, a pesar de su estampa semidesértica, alberga una variada gama de ecosistemas en los que habitan un buen número de especies de fauna y flora adaptados a unas especiales condiciones ecológicas.
La entrecortada lÃnea costera del parque aparece repleta de recatadas calas, donde los acantilados marinos se dejan caer sobre las aguas en forma de viseras engarzadas de pedrerÃa volcánica. Un paisaje de olas pétreas con los bordes derretidos y abandonados al peso de la gravedad, expuestas a los continuos lengüetazos de la marea. Las calas de la Media Luna, Tizón y Mónsul destacan por su espectacular belleza, arropadas por escarpaduras
reblandecidas por el ardor de la tierra y la sal del mar. Todo este paisaje calcinado brota cuando los encarnados montes de la sierra de Gata, descuelgan sus hechuras sobre el litoral en vertiginosas pendientes de hasta un centenar de metros. Poderosos brazos de tierra que se atreven a penetrar en los dominios salinos, entre los que el más osado es el propio cabo de Gata; pero junto a él también están Punta Negra, Morrón de los Genoveses, Loma Pelada, Polacra, Javana, Media Naranja y Punta de los Muertos. Una interminable sucesión de vericuetos rocosos asomados a la fachada mediterránea entre los faros del Cabo de Gata y de Roldán, todo lo contrario de lo que ocurre al otro lado del cerro de la Vela Blanca, donde una inmensa playa de unos 15 kilómetros de largo se pierde en su rectitud hasta llegar a los lÃmites del parque, muy cerca de la ermita de Torre GarcÃa.
Pocos verdes matizan estas tierras ocres, y los que lo hacen soportan la ausencia de agua durante largos periodos de tiempo; los palmitos, pitas, lentiscos, acebuches, azufaifos y chumberas son algunos de ellos. El contrapunto a la aridez lo ponen unas salinas paralelas a la playa más occidental, donde se congrega una vistosa muchedumbre emplumada. Las llamadas salinas del Cabo de Gata constituyen un humedal de aguas salobres de gran importancia peninsular, por servir de descansadero en la ruta migratoria de muchas especies aladas.
El parque incluye una franja marina de una milla de anchura a lo largo de todo su litoral, con fondos magnÃficamente conservados entre los que destacan las grandes praderas de alga Posidonia. La perfecta transparencia de las aguas crea el escenario ideal para la práctica de la fotografÃa submarina.
En tierra firme existen grandes posibilidades para realizar interesantes itinerarios a pie o en bicicleta. La ruta desde la ermita de Torre GarcÃa al Cabo de Gata puede ser una de las más coloristas, con una obligada parada en la reserva de las salinas. Desde su observatorio de aves se pueden avistar colonias de huéspedes temporales como los flamencos, y otros residentes como avocetas, cigüeñuelas, cormoranes y chorlitejos.
Otra posibilidad es el recorrido de la costa oriental, partiendo de La Isleta con dirección a la cortijada de las Presillas Bajas, para dar cuenta de la caldera volcánica que se halla muy cerca de este enclave. Luego se puede seguir camino hacia Rodalquilar y al castillo de San Román, a través de El Playazo, un emplazamiento naturÃstico calificado de verdadero paraÃso. A partir de aquà el sendero recorre la costa
con dirección a Las Negras, para seguidamente continuar su trayecto hasta encontrarse con la localidad de Agua Amarga, tras salvar un rosario de playas desiertas y acantilados de inigualable belleza.
Los alrededores de San José ofrecen también excursiones muy atractivas: hacia el norte existe un camino que recorre todas las calas y puntas desde Cala Higuera hasta el fondeadero de Los Escullos, con rincones sublimes como la cala de las Hermanicas o la punta del Esparto. La última ruta propuesta, serÃa la que parte del mismo sitio pero toma rumbo sur hacia el cerro de la Vela Blanca, donde además de las paradisÃacas playas de los Genoveses, Barronal y Media Luna, se puede admirar la gran duna de Mónsul y la ensenada que se abre a sus pies.

















