Embalse del río Jándula

Embalse del río Jándula

En Sierra Morena, una de las formaciones montañosas más antiguas de la Península Ibérica, se encuentra enclavado en la provincia de Jaén el Parque Natural de la Sierra de Andújar, uno de los hábitats más representativos del llamado bosque mediterráneo. Sus más de sesenta mil hectáreas de terreno protegido junto con las cuarenta mil del vecino Parque Natural de las Sierras de Cardeña y Montoro, separados entre si por el cauce del río Yeguas, forman un increíble refugio natural donde habitan un gran número de especies animales y vegetales en serio peligro de extinción. El lince es el gran protagonista de este enclave natural, a cuyos senderos y caminos llegan cada día naturalistas y curiosos desde todas partes del mundo, equipados con sus potentes telescopios con la esperanza de encontrarse con el exclusivo felino ibérico.

Amanece en el río Jándula mientras lentamente los primeros rayos de sol levantan las brumas que esconden su cauce. La sinfonía pajarera comienza su representación matutina. Herrerillos, carboneros, mitos y trepadores canturrean y discuten entre ellos, ya de buena mañana, con el coro gospel de rabilargos y urracas, que siempre en pandilla hacen honor a su condición de córvidos rebuscando y devorando cada migaja de pitanza que pueda haber en el monte.

Hoy mis pasos han partido del complejo turístico Los Pinos, centro neurálgico del parque que acoge en sus casas rurales a casi todos los pateadores de estos montes. Trabajadores forestales, guardas, naturalistas, cazadores y viajeros encuentran en esta hospedería el lugar perfecto para montar sus campamentos. Buen colchón y buena comida, lo que se pueda hacer luego en el monte o si te topas o no con el lince ibérico, ya es cosa de cada uno.

Los ríos que recorren el espacio natural son en su mayoría intermitentes, debido a los periodos estivales en los que las pertinaces sequías afectan seriamente sus cauces fluviales. El río Jándula es el más importante de la comarca con dos presas en su recorrido por el parque, la presa del Jándula y la del Encinarejo. Posee la mejor representación de bosque de ribera del entorno, con sauces, alisos, almeces, tamujos y adelfas, repartidos por sus orillas formando la clásica galería ribereña de este tipo de biotopos naturales.

Los montes de mediana altura que forman la orografía de la zona están poblados de encinares, alcornocales y pinares en forma adehesada, mientras en las alturas más elevadas es el quejigar el protagonista. En las zonas más quebradas y abandonadas por el hombre en su antigua explotación de cultivos cerealistas, son los jarales y las coscojas los nuevos inquilinos. También en las laderas menos alteradas podemos observar la auténtica vegetación autóctona de la zona, compuesta por madroños, lentiscos y mirtos acompañados de encinas y alcornoques.

Esta frondosa y brava vegetación mediterránea alberga una de las poblaciones de fauna más ricas de la Península Ibérica. Ciervos, gamos, corzos, muflones y jabalíes son los grandes mamíferos más representativos del parque natural. Su abundancia lleva consigo una importante explotación cinegética en toda la cordillera de Sierra Morena.

Este privilegiado entorno también sirve como uno de los últimos reductos andaluces del gran depredador de la fauna ibérica, el lobo, muy abundante en todas estas sierras hasta hace unas décadas.

En cuanto a las aves, destacar la presencia de grandes rapaces como las águilas imperial, real y perdicera, que anidan en las cumbres y zonas más inaccesibles de estos montes. También las carroñeras se ven atraídas por la abundancia de alimento de estos parajes, los buitres leonados y negros y los alimoches son comunes en estos cielos jiennenses.

Tras un día completo de trasiegos por los senderos del embalse del Encinarejo y una minuciosa ruta prospectiva por el camino entre el cortijo de Los Escoriales y el embalse del Jándula el lince no se ha dejado ver, aunque solo saber que entre las jaras y chaparros que medran entre los berrocales puede estar agazapado viéndome pasar me acelera el pulso. El gran gato salvaje tiene aquí su refugio perfecto entre los perdederos del monte, lejos de las incursiones humanas. A ver si es posible que siga siendo así.

Pedro Retamar

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