Enero 26th, 2010La campiña inundada de la comarca de Antequera
Las incesantes lluvias rebosan sus aguas por cada rincón de la campiña antequerana inundando los olivares. Pero donde se dejan notar con más insistencia es en los espejos de agua de las lagunas de la Ratosa y Castañuela, dos humedales que reviven cada año con las lloviznas invernales y que este año han desparramado sus hechuras acuosas por todos los campos aceituneros de su perÃmetro.
El espectáculo de contemplar a los olivos mirando sus siluetas en las láminas de agua se ha convertido en un aliciente más para acercarse en estos dÃas a la Antequera inundada.
El camping La Sierrecilla en la localidad de Humilladero me ha dado cobijo esta noche en una de sus casitas. Un camping recién estrenado enclavado en las laderas de los montes de La Sierrecilla, que pretende aliviar la falta de lugares para el campismo que sufre la zona. Una enorme piscina centra la atención de todo el emplazamiento, situada en medio de las áreas para caravanas y a los pies de la media luna de casitas turÃsticas.
A primera hora de la mañana me viene a buscar mi guÃa particular, José Manuel Pachón, un biólogo que me llevará por los
senderos del monte de La Sierrecilla y me acompañará a navegar por los olivares inundados de las lagunas de la Ratosa y Castañuela. Las fotografÃas muestran los encantos naturales de la zona con precisión a pesar de la lluvia que nos cae lentamente.
El mirador de El Calvario, en el pueblo de Alameda, es el punto perfecto para tener una visión general de la campiña, mientras que la subida al Pico del Pollo o del Montón de Trigo, como también le llaman, es el oteadero desde el que mejor se adivinan los perfiles de La Sierrecilla.
El periplo entre los serrijones de Humilladero y las lagunas de Alameda ha tenido un poco de todo: desde caminar los senderos montunos que circundan la sierra contemplando los mantos de lirios nacidos antes de que despunte la 
primavera, hasta el vuelo silencioso de un búho real sorprendido por nuestra presencia. Pero el encuentro con la Ratosa ha sido sin duda lo más espectacular, sobre todo por que el camino ha sido inundado por la otra laguna, la de Castañuelas, y habÃa que atravesar por medio de la laguna con el agua hasta mitad de las puertas del todo terreno. Toda una experiencia, que ha añadido un toque de aventura a la idÃlica imagen de los humedales desbordados.
Pedro Retamar















