Febrero 4th, 2010Enero en la sierra de Cazorla
Con más de 2.000 kilómetros cuadrados de extensión el Parque Natural de las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas es el enclave protegido de mayor tamaño de España. Esta amplitud de espacios abiertos tiene las hechuras de un singular mosaico natural tapizado de rocas, encinas y pinos, que unido a las características climáticas guarda una compleja variedad de ecosistemas diferentes. Varias cuerdas serranas dispuestas en paralelo cobijan la nacencia de tres de los ríos más importantes del sur peninsular, el Guadalentín, el Segura y el Guadalquivir, los primeros con vocación mediterránea y el último, convertido en la gran vena acuosa de Andalucía, con miras al Atlántico.
Los hielos del invierno se cuelan por las rendijas de la sierra reventando su orografía en mil fragmentos de roca caliza, al abrigo de los extensos pinares que pueblan el entorno. Un caos de piedra aflora entre barrancas, prados y calares, con desniveles que superan los 1.500 metros desde las orillas del embalse del Tranco de Beas hasta las cumbres de los picos Empanadas (2.107 metros) o La Cabrilla (2.032 metros). Varias especies de pinos autóctonos se hallan presentes en este parque jiennense, fruto de las continuas repoblaciones forestales que hicieron desaparecer la vegetación arbórea originaria hace varios siglos. Laricios, negrales y carrascos son las coníferas más abundantes, mezclados con una tupida fronda de matorrales de carácter mediterráneo constituida por enebros, lentiscos, coscojas, jaras, acebuches y sabinas.
El paisaje de Cazorla revienta de vida en cualquier época del año, y buena muestra son las más de 1.200 especies botánicas que cubren sus perfiles, alrededor del 30 por ciento de toda la flora censada en la Península. Además, 27 se han descrito como endemismos, con curiosidades significativas como las llamadas violeta de Cazorla y geranio de Cazorla, y algunas plantas carnívoras del género Pinguicula. Sin embargo la que siempre se ha considerado la mayor riqueza de las serranías cazorlanas ha sido su fauna, representada por más de 180 especies distintas, que han mantenido este territorio durante generaciones como uno de los paraísos cinegéticos y piscícolas más importantes de España. Los grandes ungulados, como la cabra montés, el ciervo, el muflón, el gamo y el jabalí se hacen familiares en estos predios a


fuerza de encontrarlos por todos lados; del mismo modo que grandes rapaces, como buitres negros y leonados; águilas reales, perdiceras y culebreras; alimoches, halcones y búhos reales, y en los últimos años el reintroducido quebrantahuesos.
Aquí se concentra la fuerza de una naturaleza salvaje que Félix Rodríguez de la Fuente plasmó una y otra vez en las numerosas escenas documentales, que rodó a lo largo de los años en estas sierras andaluzas. El famoso doctor, amigo de los animales, filmó inolvidables secuencias de la serie “El hombre y la Tierra” en estos parajes. La berrea del ciervo en las orillas del embalse del Tranco, el celo de la cabra montés en las navas de las sierras del Pozo y de La Cabrilla y los lances de caza del águila real sobre los indefensos chivos, forman ya parte de la memoria imborrable de muchos amantes de la naturaleza. Descubrir estos rincones y muchos otros del parque natural, propicia el encuentro con el murmullo de la invernada en uno de los espacios más diversos de Europa.
Ruta de Félix Rodríguez de la Fuente
Como homenaje al desaparecido naturalista las autoridades andaluzas y jiennenses crearon en la primavera de 2002 una ruta especial, que rememora sus filmaciones de la berrea en el embalse del Tranco de Beas. La senda parte del paraje de Bujaraiza, donde se halla el mirador que lleva su nombre, y desde aquí continúa rodeando las aguas del embalse, río arriba, para saltar a la otra orilla en los Llanos de Arance y proseguir con la corriente a favor hasta finalizar frente al castillo isleño de Bujaraiza. Veinte kilómetros de camino por un frondoso escenario señalizado con mojones de piedra, que cuenta con cinco miradores sobre las aguas del Guadalquivir.
De la nava de San Pedro a la nava Noguera
El camino de las navas se interna por las faldas de las llamadas sierras del Pozo y la Cabrilla, montes especialmente querenciosos para los rebaños de cabras. Los alrededores de la nava de San Pedro son parte emblemática de este prodigioso paisaje andaluz, donde topónimos como Risco del Madrigal, Cabeza del Tejo, Cerro de los Torcales o Collado del Galán nombran parajes inmortalizados para siempre. Rumbo norte, el camino busca el nacimiento del río Guadalentín, entre la nava de Pablo y la nava Centeno, salpicado de viejos pinos retorcidos por el viento. Y por último, la nava Noguera, abierta y pedregosa al pie del pico Empanadas, punto más alto del parque natural.
Pedro Retamar
















Mayo 6th, 2010 a las 13:23
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