Las bajas temperaturas convierten la niebla en hielo sobre los pinares de Cazorla.

Las bajas temperaturas convierten la niebla en hielo sobre los pinares de Cazorla.

Los paisajes de la sierra de Cazorla tornan sus composturas cálidas con los fríos heladores del invierno, convirtiendo las postales de sus bosques en gélidas imágenes. Un tiempo desabrigado que petrifica los árboles y los suelos haciendo buscar a sus habitantes las solanas de las tierras bajas. Recorrer las cumbres del pico Cabañas se adivina en esta época como una opción para descubrir el aspecto más duro de estas montañas amables.

La pista forestal que parte de las cercanías del puerto de Tiscar hacia el llamado Puerto Llano es la mejor manera de acercarse a las cimeras congeladas del pico Cabañas, que con más de dos mil metros de altura se alza como una de las mayores cumbres del parque natural. El camino trasiega en su zigzagueo continuo por parajes alfombrados de pinos retorcidos por el viento y encogidos por las condiciones más extremas. Ha nevado en los últimos días, pero el manto blanco tan solo se mantiene impertérrito en las umbrías. Sin embargo la niebla helada cuelga de cada rama y cada aguja de los atormentados árboles en forma de cristales de hielo. Una visión habitual durante el intempestivo mes de enero cazorlano, pero no por ello menos digna de elogio. El frío se mete en los huesos sin remedio, pero el espectáculo visual de la sierra congelada hace olvidar la hipotermia.

El río Guadalquivir, que recibió un día de los romanos el nombre de Betis y de los árabes el de Guad El Kebir, tiene su primer latido en un rincón de esta helada sierra de Cazorla. Pero no es el único filo acuático que tiene su naciente en estos crispados relieves, el río Segura también ve aquí la luz por primera vez, sin embargo sus destinos les llevan a morir a mares diferentes.

Entre las infinitas posibilidades para disfrutar de los valores naturales que ofrece el extenso espacio natural, cabe resaltar la subida hasta los manantiales del Guadalquivir a los pies del cerro Navahondona. Esta misma pista que traemos desde el los altos del Cabañas nos hace descender hasta las nacientes del gran río andaluz. Pero no es la única manera de llegar, desde el puente de Las Herrerías, en las inmediaciones de la pequeña población de Vadillo, parte otra pista de tierra de algo más de diez kilómetros que asciende suavemente hasta un paraje conocido como Cañada de las Fuentes, lugar donde se localiza el famoso venero. Toda esta zona se encuentra dentro de la reserva de Guadahornillos acompañada por las aguas del río, que en su descenso salta entre peñas y cascadas protegido por una abundante vegetación.

Otro de los enclaves acuáticos que en estos días invernales se desborda de agua y belleza es la conocida Cueva del Agua, en el puerto de Tíscar. Por su interior se descuelga en varias cascadas el arroyo del mismo nombre creando un espacio singular, que se arropa con una inmensa bóveda cavernaria en la que las estalagmitas recrean formas espontáneas bautizadas con su propio nombre. Según la tradición en ella se apareció la Virgen al reyezuelo de Tíscar Mahomad Abdón en 1319, por lo que también se la conoce como la Cueva de la Virgen de Tíscar.

Pedro Retamar

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