
Después de muchos preparativos, por fin me he puesto las botas. No me refiero a que haya dado cuenta de una gran comida en cualquiera de los cientos de pueblos donde se puede comer bien en Andalucía (lo que, de todas formas, no es nada difícil en esta tierra), sino a que hoy he abierto los ojos de mi Mirada de Andalucía y he empezado mi viaje por las 25 comarcas que participan en Andarural.es, un portal de turismo rural que se va a convertir en una referencia obligada para quien visite cualquiera de los territorios que han apostado decididamente por ofrecer un tipo de turismo muy alejado del clásico ’sol, playa y chiringuito’ al que nos hemos acostumbrado en las últimas décadas.
Somos cuatro viajeros los que vamos a recorrer 25 comarcas en los próximos meses: Pedro nos acercará las mejores fotos, Jorge nos contará las mejores historias y Juanma identificará en su blog las huellas de oficios y tradiciones que han perdurado hasta nuestros días. ¿Y qué voy a hacer yo? ¿Cómo puedo participar en el proyecto si no soy ni fotógrafo, ni contador de historias, ni antropólogo? Pues yo me propongo dos cosas: mantener siempre una mirada fresca, de recién llegado capaz de sorprenderse por los más pequeños detalles y, además, con los ojos de un nativo digital que cree que las redes sociales y la web 2.0 ofrecen tantas oportunidades que deben haber llegado mucho más allá de donde acaban las líneas de autobús o metro de las grandes ciudades.
Mi primer destino es, sin duda, uno de los lugares donde me puedo sentir como en casa: la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, una comarca muy amplia del norte de la provincia de Huelva donde se adivinan, aunque lejanas, ciertas huellas de un pasado común con mi tierra de origen. De hecho, no hace falta andar mucho por los caminos del parque natural para encontrarse con muchos robles y castaños, árboles mágicos para cualquier gallego.
El primer contacto con la sierra, situada en la parte más occidental de la extensa Sierra Morena, supone una parada casi obligatoria en Aracena, el municipio más poblado y más conocido fuera de Andalucía. Aunque a primera vista el castillo reclama toda mi atención, tras callejear un poco por la ciudad me ha servido para descubrir dos pequeñas delicias: los edificios del Casino de Arias Montano y del Ayuntamiento, ambos de Aníbal González (el arquitecto de la archiconocida Plaza de España sevillana).

Para reponer fuerzas (o, en realidad, para prepararme adecuadamente para los tres días intensos de viaje y recorridos por la sierra) nada mejor que unas tapas de carne de cerdo ibérico en cualquiera de los bares de Aracena. Entre ellas, me quedo con las castañetas, una prueba inequívoca de que del cerdo se aprovechan hasta los andares.
Y una vez cargadas las pilas, toca bucear en la red para encontrar ejemplos interesantes del uso de las tecnologías de la web 2.0 en el desarrollo de proyectos culturales o empresariales en el mundo rural. Luego os cuento más sobre ellos… os sorprenderán tanto como a mí.