Salón principal

La palabra ‘risco’ siempre me ha sonado un poco intranquilizadora porque, aunque en castellano significa ‘peñasco alto y escarpado, difícil y peligroso para andar por él’ (algo ya de por sí no demasiado tentador para un urbanita), en gallego significa ‘riesgo’.

Hoy ha empezado a sonarme mucho menos desagradable, ya que he pasado la mañana en la finca Riscos Altos (aquí tenéis un enlace a su web), en Cazalla de la Sierra, una finca de 65 hectáreas que la familia de Ricardo compró hace más de veinte años y que ha ido reformando poco a poco para acoger a los viajeros que deciden conocer los sabores de la Sierra Morena. Cuando compraron la hacienda, Riscos Altos era esencialmente un terreno con unos cuantos olivos, una casa de labranza y un lagar de vino que necesitaba bastantes reformas. El resultado de dos décadas de trabajo salta a la vista: tanto en las fotos que acompañan a esta entrada como en el álbum que he colgado en nuestro flickr se aprecia el esfuerzo y el cariño que la familia ha puesto en su proyecto.

Panorámica de Riscos Altos / Foto: Riscos Altos

Panorámica de Riscos Altos / Foto: Riscos Altos

Riscos Altos es una casa de turismo rural que puede acoger a 22 personas en las seis habitaciones de que dispone. Además, son habitantes destacados treinta cerdos ibéricos, veinticinco cabras, más de cien ovejas y una colección interminable de árboles, entre los que destacan los alcornoques, la mayoría desnudos tras haber sido pelados el año pasado. “El campo no da dinero”, me comenta Ricardo. El principal capital de Riscos Altos son los clientes, de los que “un 90% son habituales… he visto crecer a sus hijos, formarse muchas parejas y romperse alguna que otra; incluso a veces a esquiar con algunos de los clientes que ya son como de la familia”. Algo tendrá el lugar para que la gente repita “hasta cinco y seis veces”, según Ricardo.

Para empezar, la belleza del paisaje. Aunque ahora estamos empezando el otoño y tras un verano demasiado seco no se puede apreciar en su plenitud, se adivina que la paleta de colores de la finca en la primavera y el otoño tiene que ser impresionante. También la tranquilidad que se respira en cada rincón. De hecho, de momento aquí no hay cobertura de móvil ni llega la línea telefónica. “Bueno, tenemos un viejo TRAC que no nos deja ni conectarnos a internet… pero por lo menos no sufrimos los ruidos y los botellones que hay en las ciudades”, me cuenta Ricardo con ironía. El agua, extraída y movida por bombas con placas solares, proviene de tres pozos que son capaces de abastecer a la población humana y a los demás habitantes del lugar.

Cochino

Uno de los lugares más sugerentes es la cocina, desde donde salen desde hace unos meses diversos productos envasados con la marca ‘Cocinas de la Tierra’: mermeladas, dulce de membrillo, embutidos… Ricardo se muestra orgulloso de ser un autodidacta y un habitual de la cocina, junto a su madre y a su tía. Este año anuncian una cita que difícilmente puede dejar indiferente a nadie: unas jornadas gastronómicas que prestarán especial atención a las setas y a la comida ecológica. “Hay que saber hacer un poco de todo”, me comenta al final de la visita.

Lo dicho, después de una visita a Riscos Altos la palabra ‘risco’ ha cambiado de significado. Echad un ojo a nuestro álbum en flickr y descubrid por qué. Al final, no es que ya no vea el riesgo… En realidad, ahora me parece que el verdadero riesgo está en no querer irse nunca de aquí.

Compartir: Estos iconos se vinculan a sitios sociales donde los lectores pueden compartir y descubrir nuevas páginas web.
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Meneame
  • MySpace
  • TwitThis
  • Google Bookmarks
  • email
  • Print