Columnas sobre olivos

Arjona, hermana mayor de Arjonilla (no sólo por el nombre, ya que esta última perteneció al municipio de la primera hasta el siglo XVI), me ofreció ayer un panorama muy distinto del de su vecina: silencio y calma en cada esquina, de esos que cualquier urbanita contempla con recelo la primera vez que se los encuentra. Y no es que fuera la hora de la siesta, nada de eso: la tarde estaba ya bien entrada cuando, sobre las siete, me di un paseo por la zona más monumental y, al mismo tiempo, más espectacular de la pequeña ciudad.

Descanso

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Mirona

Esta mañana empecé mi crucero por el mar de olivos con la firme determinación de abordar algunos de los barcos de este océano verde para ver qué guardan en sus cascos. Y el primero en la lista fue Arjonilla, al que corresponden todas las fotos de este post y muchas otras que podéis ver en este álbum que he subido a flickr. Con este álbum podéis acercándoos al pueblo para verlo a través de un agujerito, como hace la señora arjonillera de la foto de arriba.

Un poco de historia: como todos los pueblos de la comarca, el paso continuo de pueblos y civilizaciones por estas tierras ha conseguido dejar a los arjonilleros una herencia incalculable. La presencia de romanos, visigodos y musulmanes fue seguida por el establecimiento de una cierta nobleza a partir de la reconquista de Fernando III… y es el legado de aquella hidalguía de la baja edad media, el renacimiento y el barroco lo que cualquier visitante aprecia a simple vista. Lee el resto de esta entrada »

Octubre 20th, 2009Campiñaneando por Jaén

A lo lejos

Empiezo mi segundo tour por las comarcas rurales de esta nuestra comunidad en una de las zonas que más ha exportado su imagen y sus productos al resto del mundo: la Campiña Norte de Jaén, ese enorme y famoso mar de olivos que atraviesa la autovía A4 y que acompaña al visitante que entra en Andalucía por Despeñaperros hasta que deja la provincia para seguir su viaje hacia Córdoba y Sevilla.

Los pueblos, agrupados en veinticinco municipios, sobresalen en las cotas más altas del paisaje ondulado como si fueran barcos sobre las olas de un océano verde y blanco. Las torres de sus iglesias y antiguas fortalezas parecen mástiles de carabelas, y las casas se arremolinan a su alrededor como si fueran velas que aprovechan el viento suave que sopla en la zona para llevar al visitante-navegante de un lugar a otro con la suavidad de una marejada de interior.

Huerto, al fin y al cabo

Y aunque parezca que por aquí todo sigue igual desde hace cientos de años, entre los campos de olivos están empezando a surgir otros huertos, estos algo más tecnológicos que los otros pero que siguen extrayendo lo mejor de la energía solar que llega, con tanta fuerza, a estas tierras… aunque hoy esté el día algo nublado.

Desayuno en Porcuna

Por lo demás, ya me conocéis. No hay nada como empezar bien el día, con un desayuno deluxe en alguno de los bares de la comarca. No os perdáis la barra de pan que me han puesto, el pedazo de café y la muestra de embutidos. Eso sí, aunque esta comarca es la cuna del aceite y el zumo de sus aceitunas se pasee por los cinco continentes (o seis, que seguro que algún científico polar se lo ha llevado a la Antártida de expedición), me han puesto el mítico Capricho Andaluz cordobés. Seguiré buscando para el desayuno de mañana y, si no, me bajo en cualquier campo y exprimo yo un poco.

Octubre 6th, 2009Vacas en Bolonia

Puesta de sol

Una vaca  (aquí hay muchas más) y una de las mejores puestas de sol justo donde el viejo Mediterráneo se une con el inmenso Atlántico. Es la playa de Bolonia, en Tarifa. Podría hablaros de la duna que recorrí con Javi, del baño que me di (¡en pleno mes de octubre!) y de la atmósfera tan mágica que rodeó a la tarde en que hice esta foto. De todas formas, todo lo que pudiera escribir a partir de aquí sobraría. Fue el mejor broche que pude poner a tres (en realidad, al final alargué mi viaje hasta cuatro) días inolvidables en Los Alcornocales.

Vegetación

Aunque forman parte del mismo municipio, llamado Castellar de la Frontera, entre Jimena y San Roque existen dos pueblos. El que veis en estas fotos es Castellar viejo, a las faldas del castillo que un día (bueno, un siglo… el XII) construyeron los musulmanes y que hoy es un complejo turístico. En la década de 1960, y con motivo de la construcción del pantano que veis en las fotos –uno de tantos que se construyeron en aquellos años–, la mayoría de los habitantes de Castellar dejaron el casco antiguo y se fueron al pueblo nuevo, situado a 9 km de distancia. Desde entonces, muchos habitantes de fuera empezaron a llegar, movidos por el espíritu hippy, para ir repoblando, poco a poco, el viejo Castellar y darle un aire completamente diferente al original.

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Pasillo de La Tahona Vieja

En pleno centro de Jimena de la Frontera (calle Sevilla, 119) se encuentra La Tahona Vieja, una casa rural ubicada en una antigua panadería que ofrece un gran encanto para el viajero. Desgraciadamente, ya no quedan los olores del pan recién hecho. Echándole imaginación, sí podemos descubrir otras huellas de su pasado, como las repisas donde se colocaban los bollos de masa para que descansaran antes de entrar al horno (aunque hoy sirven como somier para un sofá cama en el que caben dos personas y donde se debe estar genial cuando fuera hace frío). La casa tiene capacidad para seis personas, en sus dos habitaciones dobles y en su salón con este sofá-repisa para pan.

De todas formas, el elemento más mágico es la escalera… Según me comentó Javi, la escalera servía hasta hace bien poco –hasta la rehabilitación de la casa hace unos años, de hecho– como callejón de la época mozárabe entre la calle de Sevilla y la calle de La Loba, por lo que no era nada raro pasar por ella y encontrarse a la señora que vivía aquí hasta hace unos años en su salón o en la cocina, cada uno de ellos a un lado de la empinada cuesta. El pasaje, de unos 30 metros de longitud, está empedrada y sus escalones están marcados con traviesas de madera, como podéis ver en la foto.

La casa, como el resto del casco histórico de Jimena de la Frontera, está en una zona de buena cobertura 3G. Puede parecer poco importante… pero para el viajero que, como yo, necesita estar conectado en todo momento para escribir y subir contenidos a la red, nunca está de más contar con estos adelantos de la comunicación inalámbrica. De hecho, siempre estoy buscando sitios donde tenga buena cobertura, porque subir 20 ó 30 fotos es imposible con una conexión GSM. Para estos menesteres, o para pasar la tarde en silencio disfrutando de un buen libro, la Tahona tiene una pequeña sala de lectura en la parte superior, bien iluminada y con mesa camilla incluida, que hará las delicias de los viajeros más lectores o más tecnológicos (o más tecnodependientes, que de todo hay).

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Octubre 3rd, 2009Jimena y los jimenatos

Subida al castillo

Después de dejar Alcalá de los Gazules, me dirigí a Jimena de la Frontera. El viaje es increíble, por una carretera que te lleva bordeando el parque de Los Alcornocales y que permite al viajero descubrir algunas de las mejores vistas que se pueden encontrar de la sierra de Cádiz (y de un trocito de Málaga… porque la carretera atraviesa el municipio de Cortes de la Frontera, un pueblo que, a pesar de estar en otra provincia, es también parte de la comarca).

Al llegar a Jimena, me dirigí a La Tahona Vieja, una casa rural donde iba a pasar las siguientes dos noches y del que os hablaré en el próximo post. Con Andrea, que venía a darme la llave de la casa, venía Javi, su sobrino, un jimenato (así se llaman los habitantes de Jimena) que me invitó a visitar el castillo que preside el pueblo. Lee el resto de esta entrada »

Octubre 3rd, 2009Entre Alcalá y Jimena

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No es que yo sea un entendido en flamenco (todavía no, aunque estoy en ello), pero es que la Niña de la Puebla conseguía con su voz clara y directa transportar a cualquiera a los sonidos, a las vistas y casi a los aromas de los pueblos a los que ella cantaba. Me encanta ponerla en mi coche mientras voy de un sitio a otro. Arriba tenéis una muestra.

Mirador

El viajero que visite Alcalá de los Gazules debe prepararse para subir muchas cuestas. Y no os creáis que es algo malo… es justo lo contrario. A cada paso que das para llegar a la Plaza Alta, sabes que estás acercándote a más siglos de historia, a mejores vistas sobre la comarca histórica de La Janda y a una recompensa monumental que corona la colina que debió ofrecer a sus pobladores una gran ventaja para defender la ciudad.

En el ascenso, el viajero disfrutará de flores en cada mirador sobre la comarca, del olor de los pucheros que atraviesa cada ventana, del saludo amistoso de los vecinos y, si es indiscreto (o un poco cotilla), infinidad de lugares donde poner el ojo.

Para visitar la ciudad, podéis salir de la plaza Alameda de la Cruz, justo donde está el Ayuntamiento, para luego seguir por la calle Real, arteria comercial del pueblo y muestra de una curiosa mezcla entre la arquitectura serrana de casas blancas y la gaditana, con sus balcones de forja y ventanas de arcos suaves. La ruta sigue por varias otras calles, pero el propio instinto os llevará seguro por la ruta adecuada para acabar entrando en la Plaza Alta, un gran espacio que –aunque ahora está lleno de coches– acoge cada 23 de abril las celebraciones del día de san Jorge, patrón de Alcalá de los Gazules.

Coro

La iglesia está dedicada, de hecho, al famoso protagonista de la leyenda del dragón. El propio san Jorge está presente en el escudo de Alcalá y, cómo no, en el centro del retablo de su iglesia, en una talla del maestro barroco Martínez Montañés (autor, por cierto, de la talla de la virgen del Rosario que es su primera obra conocida y que también se guarda en el mismo templo).

San Jorge

La visita a la iglesia de san Jorge sirve como descanso… antes de la bajada. En lugar de repetir el itinerario, la mejor opción para continuar la ruta es buscando el mirador de la Coracha, desde donde se obtienen vistas de todo el parque natural de los Alcornocales y desde donde podemos continuar la ruta para llegar a los antiguos depósitos romanos de ‘La Salá’, llamados así por el agua de fuerte mineralización que en otras épocas ofrecían al visitante, y a Los Pozos, tres ejemplos de uso compartido del agua por la población, que se abasteció de ellos hasta hace muy pocos años.

Vista general

Aunque después de otros dos viajes para Miradas puedo decir que en cualquier pueblo de Andalucía se recibe al viajero con los brazos abiertos, al llegar a Alcalá de los Gazules para empezar a recorrer mi tercera comarca me di cuenta de que todavía soy capaz de sorprenderme con la bondad de los desconocidos (aunque suene un poco a obra de teatro de Tenessee Williams). Mari Santos, la propietaria de la Casa de Bárbara, la casa rural donde iba a pasar mi primera noche en Los Alcornocales, me esperaba para ofrecerme uno de los mejores recibimientos que recuerdo.

Mari Santos es una enamorada de su pueblo. Su propio nombre, de hecho, es el mismo que el de la patrona de Alcalá, todo un síntoma de que las raíces que tiene en el suelo de Los Alcornocales son fuertes. No solo me ofreció explicaciones detalladas de la historia del pueblo y respondió pacientemente a mis preguntas (”¿Qué son los gazules?”), sino que me reservaba una agradable sorpresa que terminó de conquistar mi estómago goloso. En la mesa del salón de la Casa de Bárbara me esperaba una muestra de las diferentes variedades de bollos, queso y repostería de los que puede disfrutar el visitante de este rincón tan especial de la sierra de Cádiz: molletes, queso artesanal de cabra, tortas de pellizco, merengues, polvorones de almendra… “Te he traído uno de cada, para que los puedas probar todos”, añadió Mari Santos.

La bienvenida se completó con un completo paseo por el pueblo, que os contaré en la siguiente entrada, y con una visita a uno de los bares de la Alameda de la Cruz, donde pude seguir deleitándome con unas cabrillas y una tapa de carne en salsa.

Un detalle de la Casa de Bárbara / Foto: casadebarbara.com

Un detalle de la Casa de Bárbara / Foto: casadebarbara.com

Por cierto… Los gazules eran los integrantes de la familia bereber que reinó en la zona durante los primeros años de dominación musulmana, justo después de la conquista de la Península en el siglo VIII.


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