En mis artículos anteriores os he comentado que las tierras que baña el río Guadalhorce son fértiles como pocas. Aunque están a pocos kilómetros del descontrol desarrollista de la costa, los pueblos que forman la comarca han sabido mantener su identidad y el sabor de lo que habría sido el litoral de Málaga de haber conjugado bien el progreso económico, la sostenibilidad ambiental y la vocación de acogida del forastero.

Son muchos los extranjeros que, siguiendo el ejemplo de las aves migratorias y la estela de Gerald Brenan y otros visionarios, han fijado en las últimas décadas su primera o segunda residencia en lugares como Coín, Alhaurín el Grande o Álora. Los habitantes autóctonos los han acogido sin mayor problema y, en muchos casos, han surgido grandes ejemplos de simbiosis y de enriquecimiento mutuo. El propio mercadillo ecológico del que os hablaba el otro día es un ejemplo: aunque en un principio la alimentación con alimentos producidos de manera natural pudiera resultar una extravagancia propia de los guiris, cada día son más las fincas que se pasan al modo sano de cultivar y el porcentaje de clientes locales aumenta año tras año. Hay muchos más ejemplos de buenas relaciones entre unos y otros.

ceramistas

Ceramistas del Guadalhorce | Arte y artesanía en el barro del Guadalhorce

Uno de los ejemplos es la asociación de Ceramistas del Guadalhorce, un colectivo de artistas y artesanos de la cerámica nacidos en la comarca o llegados desde otras comunidades y países europeos que han unido sus fuerzas para dar a conocer su trabajo. Aunque cada uno tiene su propio taller, han trabajado juntos para editar un CD con una descripción completa de sus obras y un catálogo de materiales para construcción donde demuestran que su trabajo tiene infinidad de aplicaciones prácticas, desde la decoración de casas hasta la rotulación de edificios y calles o la fabricación de elementos para conseguir un toque único en jardines.

El trabajo conjunto también les permite emprender otros proyectos que contribuirán a dar más valor, si cabe, a sus obras. “Estamos a punto de abrir un centro de interpretación de la cerámica que tendrá espacio para la descripción de nuestra actividad y para exposiciones temporales”, explican Yolanda Rubio y María Luisa Luque, dos de las integrantes de la asociación que buscan recuperar el prestigio de su trabajo en una zona donde han abundado tradicionalmente los artesanos ceramistas y alfareros. “Celebramos habitualmente jornadas e intercambios donde enseñamos todo lo que hacemos, como el modelado y la cocción de las piezas”, me cuentan. “Hemos hecho hasta un intercambio con ceramistas del Reino Unido… y ya estamos pensando en hacer otros con colegas franceses, italianos o finlandeses”.

Podéis leer más sobre la asociación y ver fotos de sus trabajos en la web de Ceramistas del Guadalhorce (http://www.ceramistasdelguadalhorce.com).

accionanaranja

Acción Naranja | Los jóvenes toman el control

Los jóvenes de la comarca que han crecido en el ambiente multicultural que caracteriza a estas tierras malagueñas desde hace dos o tres décadas también tienen mucho que decir. Un grupo de ellos se ha organizado en los últimos años para convertirse en un auténtico ejército de mediadores, jóvenes formados para ser capaces de resolver los conflictos que surgen en su día a día sin recurrir más de lo necesario a la ayuda de los adultos. Bajo el nombre de Acción Naranja, que alude al carácter activo de sus miembros y a los frutos típicos de la vega en la que viven, este grupo de chavales ha conseguido que los estudiantes de los centros educativos de los pueblos del Valle del Guadalhorce pongan la vista más allá de las montañas que rodean a estas tierras.

En pocos años, han conseguido organizar encuentros como ‘Saborea el Mediterráneo’, una cita entre jóvenes de varios países europeos y africanos que consiguió hermanar a chicos del norte y del sur entorno a las recetas de cada país y a la creatividad aplicada a representaciones y performances. O han participado en encuentros interculturales de cine, circo (en la foto) o fotografía en países como Finlandia, Francia o Grecia. En la web del GDR Valle del Guadalhorce hay más información sobre las acciones de juventud que desarrollan. Además, si sois usuarios de Tuenti podéis buscar ‘Acción Naranja’ en esta red social y haceros amigos de esta asociación para tener más información sobre todas las cosas que hacen.

Todos estos ejemplos son pequeñas grandes muestras de que el Guadalhorce es un lugar donde cualquier joven, ya esté de paso o con intención de quedarse una temporada, será bien recibido.

El otro día os contaba que las tierras que baña el río Guadalhorce en su curso bajo son muy fértiles, perfectas para el cultivo de todo tipo de frutas y verduras… y que los habitantes de la comarca del Valle del Guadalhorce han sabido siempre aprovechar esta riqueza de diversas maneras. Quizá esa fecundidad (o la buena alimentación) está detrás de otro tipo de frutos que abunda en la comarca: las buenas ideas. Hoy quiero presentaros un par de ellas.

amasadero

Elamasadero.com | Un blog y tienda online de harinas y productos para hacer pan ecológico

Permitidme que empiece por este proyecto creado por el alhaurino Andrés Bonilla. Elamasadero.com es una tienda de harinas y utensilios para hacer pan en casa. Lo que la hace especial (casi diríamos que única) es que Andrés, además de vender productos que no se encuentran con facilidad en otras tiendas, escribe un blog con noticias relacionadas con el arte panadero y algunas recetas que va aprendiendo de aquí y allá. “Es un lugar para los aficionados a hacer pan en casa, y también para los que todavía no se han puesto a ello, ya no hay excusas”, cuenta en su blog.

Después de unos años en Madrid, Andrés volvió hace un año a su pueblo y encontró la manera perfecta de combinar su vocación comunicadora con la tradición panadera de su familia. Además del blog, elamasadero.com tiene un perfil en twitter donde Andrés va tuiteando las novedades en productos o recetas. “No somos competencia de las panaderías”, me cuenta Andrés, “sino que estamos consiguiendo que la gente se aficione al pan y valore más los buenos productos”. De momento, el producto estrella de la tienda son las harinas, todas procedentes de la zona y molidas en un molino ecológico cercano a Alhaurín el Grande. “A partir de 5 ó 6 kilos de harina, el pedido sale a mejor precio que en algunas tiendas muy conocidas”, asegura. Podéis echar un ojo a su web (http://www.elamasadero.com) y, si sois parte de la avanzadilla 2.0, añadir @elamasadero a vuestros amigos en twitter. Que disfrutéis metiéndoos en harina y os pillen, cuanto antes, con las manos en la masa.

Pero en el Valle del Guadalhorce no sólo viven del pan. Lee el resto de esta entrada »

El hotel

Al viajero que llega por primera vez a recorrer la zona costera de la provincia de Málaga le llama siempre la atención la masificación del litoral. Aunque se adivina que en su día estas tierras fueron privilegiadas por su clima y su magnífica posición sobre el Mediterráneo, lo más probable es que el viajero que busca encontrar sitios auténticos pase de largo por la autovía A7 y se olvide de lugares tan poco apetecibles como Puerto Banús, Solymar o los innumerables complejos de golf que pueblan la Costa del Sol. Sin embargo, no hace falta hacer muchos kilómetros para encontrarse con lugares para alojarse con un encanto muy especial.

Camas

Uno de los alojamientos más especiales de la provincia es el complejo turístico La Garganta, un hotel situado a la orilla del pantano de El Chorro en el edificio que hace casi un siglo se levantó allí para alojar una harinera. “El Chorro era, hace casi un siglo, el centro de la producción hidroeléctrica andaluza”, me cuenta Fernando, el propietario del hotel. El pasado industrial de la pedanía se ve en muchos de los edificios que rodean a la antigua harinera, como la estación de tren que sigue en uso o las antiguas fábricas de carburos o de áridos. Fernando nació hace algo más de cincuenta años en una de las casas de esta barriada que pertenece al municipio de Álora y recuerda muchísimas historias de la gente que ha poblado este rincón. Desde la época de posguerra y el desarrollismo de los años cincuenta y sesenta hasta la rehabilitación de la fábrica de harinas para convertirla en el hotel que es hoy, la memoria de Fernando está llena de historias que transportan al viajero a épocas en las que la vida no era tan fácil como ahora. Durante las tres o cuatro horas que compartimos recorriendo las riberas del pantano del Chorro pude conocer cómo era la vida antes de que el desarrollo turístico transformara, para siempre, a esta provincia.

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Tierra fértil

Siempre hemos estudiado que la historia empezó hace 5.000 años entre los ríos Tigris y Éufrates, en Mesopotamia. Según los estudios, las tierras de la región eran tan fértiles que los habitantes de la zona empezaron a utilizarlas como un vergel donde plantar y cosechar los cultivos más variados, en un proceso que cambió nuestra relación con el planeta y toda la historia posterior.

En las tierras situadas al oeste de la ciudad de Málaga, el río Guadalhorce dibuja su propio creciente fértil, desde los centenarios embalses de El Chorro hasta que deja la comarca por Alhaurín el Grande, buscando el Mediterráneo. El viajero que recorre la comarca del Valle del Guadalhorce tiene la sensación de haber descubierto un paraíso de muchas tonalidades de verde, desde el verde claro del agua del pantano hasta el oscuro de las hojas de los naranjos y limoneros que pueblan toda la vega del río.

Cascarero de dos plantas

La riqueza de esta tierra ha marcado, desde la antigüedad, la vida de sus habitantes. Entre los símbolos que distinguen a la comarca están los cascareros como el que veis en la foto de arriba. Erigidos a la vera de las plantaciones y siempre cerca de las vías de comunicación, ya sean las vías del tren que lleva a Málaga o las carreteras que atraviesan la comarca, los cascareros son el ejemplo de la versatilidad de la construcción agrícola. Su utilidad principal, la que le da nombre, es el secado de las cáscaras de cítricos, muy apreciadas para la fabricación de pólvora, la repostería o la elaboración de esencias. Pero el cascarero también alberga en su base abrevaderos o cebaderos para cerdos o vacas y, además, un palomar debajo de su tejado. María José Sánchez, directora del Museo de Álora, es una especialista en cascareros y me llevó a conocer dos de los más representativos de su pueblo.

Naranjas enormes

“Me los he encontrado hasta en lugares donde no se cultivan cítricos, para secar trigo o el cultivo que sea”, me cuenta. “Algunos cascareros tienen una finalidad más artística: he visto alguno que tiene hasta arcos ojivales”. En su recorrido por la vega de Álora, María José me fue acercando a tiempos anteriores a la gran transformación que el auge del turismo y el desarrollo de las infraestructuras cambiaran, de alguna manera, la esencia tradicional de la comarca para convertirla en una zona mucho más multicultural.

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Balcón en la Plaza Ochavada

Ya llevamos dos meses viajando por Andalucía. Pedro con sus fotos, Jorge con sus historias, Juanma con su gente y yo… pues intentando contar cosas que a un guiri (un guiri gallego, quiero decir) le resultan sorprendentes y animando un poco el cotarro en las redes sociales. Visitamos lugares que tienen mucho que mostrar y que descubrir para los de fuera y –a veces– también para sus propios habitantes. Hemos conocido ya, de primera mano, casi todo lo que nuestras comarcas rurales guardan en sus territorios. Por eso es genial cuando llegas a un lugar y te encuentras con proyectos como el que me ocupa hoy: Archidona de par en par, un programa de voluntariado cultural y turístico que ha puesto en marcha a mucha gente en el pueblo más grande de la Comarca Nororiental de Málaga.

¿En qué consiste? Pues, básicamente, en un proyecto del ayuntamiento de Archidona que implica a los archidoneses enamorados de su pueblo para que los visitantes se lleven un gran recuerdo de la ciudad.

Escalera

¿Cómo? Pues acompañando a los visitantes durante su estancia en Archidona, contándoles cosas que no salen en las guías de viaje y enseñándoles otras que antes sólo podían verse en momentos muy determinados del año, como los tesoros artísticos de las cofradías religiosas. Han implicado a estas hermandades, a los hosteleros del pueblo y a más de una decena de voluntarios.

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Villanueva de Tapia es un pequeño pueblo de la Comarca Nororiental de Málaga que limita con las provincias de Córdoba y Granada. Este carácter fronterizo ha hecho que hasta su adscripción definitiva a la provincia malagueña haya recibido el sobrenombre de El Entredicho. “No, así no. Sin la ‘d’. El Entreícho”, me corrige Gerardo Páez. Y siendo un maestro en el arte del lenguaje como es el protagonista de este artículo, le hago caso y corrijo mi pronunciación. El Entreícho.

Gerardo Páez, de profesión carpintero por tradición familiar de varias generaciones, es el habitante más conocido de la pequeña Villanueva. Nació en el pueblo hace casi ochenta años y se dedicó toda su vida a trabajar la madera hasta que, una noche en la que rondaba ya los cuarenta años, se topó con una pareja de troveros de poesía improvisada en el programa de José María Íñigo en la televisión y se dio cuenta de él tenía mucho que decir –o cantar– en este tema. Poco después, en una noche de taberna en la que los poetas eran impares, improvisó una copla y salió a cantar.

Esta es una noche buena
para presenciar el cante.
Canto sin gloria ni pena.
Si con cinco no hay bastante
yo hago la media docena.

Aquella noche empezó a cantar en público. Y poco después, en 1978, se consagró. Como los toreros, tomó la alternativa en 1978 enfrentándose a un trovero de Los Palacios (Sevilla) que por entonces se consideraba el mejor del mundo. “Me daban media hora y aguante más de dos. Él me cantaba dos coplas y yo le contestaba con otras dos. Me echaba tres y yo le respondía con cuatro. Al final me mantearon y todo”, recuerda con orgullo. La carrera desde entonces fue imparable. “Me uní al grupo de los mejores poetas y cantábamos hasta siete domingos seguidos”. Su cuadrilla, los Poetas del Genil, son clásicos en las fiestas de la comarca.

En sus cuarenta años de carrera ha participado en muchos festivales de varios lugares de España y de América. Ha recopilado más de 80.000 coplas propias y de otros poetas (y se acuerda de un gran número de ellas de memoria). Ha participado en programas de televisión presentados por Carlos Herrera, Constantino Romero –aquel mítico escenario de La parodia nacional vio cómo Gerardo se metía con la calva del presentador–, Paula Vázquez o Ana Rosa Quintana. “Todo esto me ha dado media vida”, confiesa entre satisfecho y nostálgico, mientras se nota que por su mente pasan muchas de las noches de taberna y vino malagueño.

Con la placa

Y sí, Gerardo es profeta en su tierra. Hace unos años el ayuntamiento de Villanueva de Tapia bautizó con su nombre un parque en una ceremonia a la que invitaron a un sinfín de poetas que, uno a uno, fueron dedicándole sus coplas. La alcaldesa Encarna Páez, familiar lejana de Gerardo y firme defensora del cante de poetas, recuerda el acto y se lamenta de que “es un arte muy envejecido. Los jóvenes del pueblo se dedican a muchas otras cosas, como un centro de juventud, pero a ninguno le ha dado por seguir el camino del Carpintero”. En estos días artes como el de estos poetas o sus equivalentes en Galicia, los regueifeiros, o los bertzolaris vascos van cayendo en desuso, aunque no está todo perdido. ¿Acaso no es el hip hop una forma de improvisación poética?

Quizá Ana, su nieta de ocho años, confirme el interés por la poesía tradicional que empieza a mostrar y siga los pasos del maestro algún día. “Ahora no está muy segura, ya veremos qué pasa con el tiempo”, dice él. Mientras tanto, Gerardo tiene cuerda para rato. Incluso para dedicarme una pequeña copla como despedida que me emociona cada vez que la leo, garabateada a toda prisa en mi libreta para no olvidarla antes de dejar la comarca.

Con lo que hemos hablado antes
si te vas para tu destino,
esto para mí ha sido importante.
Mucha suerte en el camino
y cuidado con el volante.

Mucha suerte para usted, y muchas gracias por su acogida. Si algún día nos volvemos a ver, será porque este no se olvida. Que la vida le trate bien.

Arcos

Comienzo mi visita a la Comarca Nororiental de Málaga alojándome en La Cañada del Sacristán. Este hotel rural de cuatro habitaciones es, según la guía Casas rurales con encanto (editada por El País - Aguilar, 2009), uno de los mejores alojamientos rurales de España. La razón es que Mari Carmen y Antonio, sus propietarios, han cuidado tanto los detalles que el viajero consigue descubrir algo interesante en cada rincón de la casa y la finca de siete hectáreas que la rodea. Este artículo no habla, por tanto, de los datos generales ni habituales que suelen rodear a las entradas sobre casas rurales. No es un post al uso porque esta casa tampoco es una casa cualquiera.

Lagarto y baldosas

Cualquiera que ponga la mínima atención es capaz de notar que hay muchos lagartos repartidos por cada estancia, desde los azulejos del zaguán hasta la chimenea del salón. “Es el símbolo de la casa”, me comenta Antonio. “Cuando llegamos nos dimos cuenta de que nos ayudaban a eliminar insectos que son mucho más molestos”. Por suerte para los viajeros con indicios de lagartofobia (bueno, el nombre científico es ‘herpetofobia’, o aversión a los reptiles) como yo, los que quedan son casi todos de hierro forjado, como el que veis en la foto sobre una de las mesas del comedor.

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Vista general

Aunque hace poco mi compañero Jorge estuvo también por El Torcal, y nos lo contó tan bien como siempre en su blog, cualquier viajero que pase por aquí tiene que hacer una visita a este rincón mágico. Yo tampoco pude dejar de pasar la oportunidad, sobre todo al contar con un guía excepcional, Ramiro.

El Torcal es el resultado de un capricho geológico que no soy capaz de entender completamente. Cómo media Península Ibérica estaba bajo el agua y cómo emergió y llegó a formar catedrales como esta no es un proceso sencillo ni comprensible para quien ha estudiado una carrera de letras. Para ayudar a estos viajeros (y a los niños, y a los jóvenes, y a cualquiera que llegue por aquí) a entenderlo, hace poco tiempo se ha abierto un centro de interpretación junto a la carretera que lleva desde Villanueva de la Concepción hasta El Torcal. Este ‘centro de interpretación’ es uno de los que responde bien a esta etiqueta que ha proliferado como una especie de seta por las zonas rurales en los últimos años.

Especies

Después de visitar el centro, sólo te quedan ganas de salir a comprobar qué maravillas ha creado la naturaleza al haber conjugado en un sitio tan concreto tantas maravillas geológicas.

Y no sólo de piedras se nutrió mi visita: la compañía de Ramiro sirvió para conocer, de primera mano, la realidad de la gente que vive en la comarca sin pasar por folletos turísticos ni portales instltucionales (que están muy bien, no digo yo que no –sólo faltaría– pero que muchas veces se quedan cortos en sus descripciones de la realidad del día a día en las zonas rurales).

Laminado

La ruta por las maravillas pétreas que veis en las fotos que ilustran esta entrada, y que podéis ampliar en las que he subido a un álbum en flickr, alternó el disfrute estético de las vistas con el debate animado de hacia dónde deberían dirigirse los esfuerzos en el desarrollo turístico: que si hay que mostrar más turismo que la semana santa, que si debemos ofrecer experiencias auténticas a los turistas, que si la zona tiene un déficit de infraestructuras que sólo va reduciéndose muy lentamente, que si la instalación de los parques eólicos proyectados va a estropear, para siempre, la mágica atmósfera de la zona, que si la presencia de la burra Margarita en las manifestaciones se ha convertido en un símbolo de las reivindicaciones de los vecinos

Cabra montés

Uno de los grandes momentos del día tuvo lugar en la Venta Pastelero (está en la pedanía de Pastelero que se encuentra a medio camino entre Villanueva de la Concepción y Almogía), cuando Paco, el dueño del restaurante, me tomó nota en gallego. No, no es que hayamos colonizado ya la zona… sino que vivió durante quince años en Suiza entre emigrantes y aprendió a hablar una variedad de gallego-andaluz que bien podría considerarse el idioma criollo más bonito del mundo.

Verdiales

La jornada terminó en Almogía, un pequeño pueblo al sur de la comarca que está considerado como la cuna de una de las manifestaciones de la cultura popular más características de la provincia de Málaga: el verdial, una fiesta que hunde sus raíces en la historia antigua y que se mantiene intacta, sobreviviendo al impacto uniformador de las ferias y semanas santas en el calendario festivo de la zona interior de Málaga. El sombrero de flores con cintas de muchos colores, panderetas y crótalos que veis en la foto son los símbolos que distinguen a esta muestra cultural única. Youtube tiene una gran colección de vídeos donde saborear las fiestas de verdiales.

Anochecer en Almogía

Espinas

Después de conocer la ruta del tempranillo, y sin cuerpo para seguir con actividades de aventuras, he puesto la vista en el área que se sitúa al sur del Torcal de Antequera, una extensa zona que llega desde las mismas faldas del Torcal hasta Álora y Almogía, a pocos kilómetros ya de la zona metropolitana de la ciudad de Málaga. Aunque está realmente cerca de una de las ciudades más bulliciosas y pobladas de la península, el sur del Torcal ha permanecido al margen de muchos de los cambios que han marcado, a veces sin mucho acierto, el desarrollo económico y turístico de la provincia.

De hecho, este es el mayor encanto de la zona. En un paseo por La Joya o La Higuera, dos de las pedanías de Antequera que encontramos antes de llegar a Villanueva de la Concepción, podemos recuperar el sabor de las costumbres y tradiciones que siguen en pie sin haberse perdido en la nube del progreso. También podemos comprobar que, lejos de seguir siendo la causa principal de la despoblación de la zona, hoy se puede aprovechar este atraso para crear riqueza y conseguir que cada vez más gente pueble los paisajes que podéis ver en las fotos que ilustran esta entrada.

Terraza al anochecer

De hecho, que llegue gente (algunos de muy lejos) para vivir en esta zona no es un proceso nuevo. Ursula y Hans Pieter (”Juan-Pedro”, según él mismo se presenta) llevan ya muchos años viviendo aquí. Fue a finales de la década de 1980 cuando llegaron por primera vez a la zona desde el sur de Alemania, donde vivían esta investigadora farmacéutica y este economista. En 1994 se establecieron por fin en esta antigua panadería y la restauraron para acoger a los viajeros en la mitad que han dedicado a alojamiento rural, uno de los primeros de la actual Asociación de Turismo Rural Sur del Torcal, que ya agrupa a 31 casas.

Si algo tenían claro Ursula y Juan-Pedro cuando llegaron a La Higuera es que no querían establecer un gueto de extranjeros como otros que han florecido en otras partes de Andalucía. “Somos extranjeros y siempre vamos a serlo. Se ve en la ropa, en la manera de trabajar, en el acento… pero queremos vivir entre andaluces y ser como ellos”, me dice Ursula con determinación. Después de tanto tiempo en el pueblo, Ursula y Juan-Pedro son un puente entre dos culturas, unos guías de excepción para los viajeros que llegan a la comarca desde Francia, Bélgica, Irlanda o Alemania y quieren conocer cómo se vive aquí. A algunos les gusta tanto que acaban por seguir el ejemplo y estableciendo sus propias casas. “Ojalá los andaluces consigan también ir animándose y ser los propietarios de todos estos establecimientos y no sólo empleados de los extranjeros”, me comenta Ursula, con la seguridad que da saber que se puede vivir del turismo rural en una zona que conserva, casi intacto, un gran potencial. “La verdad es que el negocio nota la crisis pero no nos está yendo tan mal”, remata Ursula.

Antonio

Hay algunos habitantes de la zona que sí se han dado cuenta del potencial de su tierra. Entre ellos, Ramiro es uno de los mejores ejemplos. Luchador incansable por el desarrollo de los pueblos de su comarca, es el propietario de la Casa de la Monja, donde me quedé a dormir en la noche que pasé al sur del Torcal. Después de un descanso reparador disfrutando del silencio de la noche antequerana, llegó a las nueve a la casa y me sirvió uno de los mejores desayunos que recuerdo en mis viajes por Andalucía: higos recién cogidos del árbol con almendras recogidas de los árboles situados frente a la casa. “El concepto de economía sostenible suena muy moderno, pero aquí llevamos muchos años luchando por ella”. Y uno de los protagonistas de esta lucha continua por lo que es justo anda a cuatro patas y no habla, sino que rebuzna.

Niños y Margarita

Se llama Margarita, es habitual en las manifestaciones que buscan acabar con la patente deuda histórica que marca el presente de la comarca y ha sido madre hace poco de un rucho al que han bautizado como Solidario. En la foto podéis ver la visita que los niños del colegio de La Higuera hicieron a la joven madre el mismo día que yo pasé en el pueblo. Aunque los contenidos académicos son la base de cualquier proceso educativo, hay mucha gente que no entiende que los propios niños del centro de Antequera puedan llegar a pasar muchos años sin ver o tocar a un burro, a una oveja o a una de las 400.000 cabras que viven en la provincia.

Anochecer en Almogía

El sur del Torcal es una zona con mucho futuro, sobre todo para los que han sido capaces de darse cuenta. A la zona han llegado muchos holandeses, alemanes, ingleses o franceses que poco a poco han conseguido hacer ver a los nativos que hay muchas razonas por las que tener amor a su tierra. Han vuelto, incluso, muchos que habían emigrado al extranjero hace años buscando la riqueza que aquí no había. “Quien más lo valora es la gente que ha viajado y acaba volviendo a la tierra”, asegura Ramiro.

Para algunos viajeros que pasan por aquí casi por accidente, como yo, es imposible no valorarlo. Echad un ojo a mis fotos en flickr, visitad la web de la Asociación de Turismo y pasaos por aquí un día. Estoy seguro: vosotros mismos también acabaréis por compartir el amor de Ursula, Juan-Pedro, Ramiro, Margarita y Solidario por su tierra.

Lateral

Los entendidos en vino saben que ‘tempranillo’ es una variedad de uva tinta, muy habitual en La Rioja, que madura antes que la mayoría de las demás variedades. Dice la Wikipedia que la uva tempranillo se considera la “uva noble” a la hora de elaborar diferentes vinos. Recorrer el norte de la comarca de Antequera y los municipios cercanos de las provincias de Córdoba y Sevilla sirve para encontrarse con otro tempranillo, cuya leyenda no tiene nada que ver con las uvas pero que conserva la misma nobleza para la mayoría de habitantes de la zona.

Cerámica

Trazada entre tres provincias, la Ruta del Tempranillo es un itinerario que comienza en Jauja (Lucena, Córdoba) y que nos permite visitar los lugares donde se desarrolló la vida de José María Hinojosa Cobacho, a quien se apodó ‘el Tempranillo’ por la juventud con la que se convirtió en bandolero, después de una riña en la que un hombre terminó muerto, cuando José María estaba todavía en su adolescencia temprana.

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