Las tres gracias

Para completar el viaje a los días del Imperio Romano que empecé en Almedinilla decidí terminar mi visita a la Campiña Sur de Córdoba visitando dos magníficos tesoros que se han conservado en un estado casi perfecto desde aquellos tiempos de emperadores y patricios. Los mosaicos que veis arriba y abajo de estas líneas pertenecen a la magnífica colección de suelos que adornan la villa romana de Fuente Álamo, en Puente Genil. Para visitarla, he quedado con el responsable de la excavación, David Jaén.

Lo que hace único a este lugar no son, solamente, los mosaicos. “Lo que hace que Fuente Álamo sea especial es que aquí vivió gente durante diez siglos”, me dice David. De hecho, lo increíble es que haya huellas bien conservadas de los diferentes usos que tuvo este lugar: unas termas romanas en el siglo I, una villa en el siglo IV y una pequeña aldea con almazara hasta el siglo X.

Pero vamos por partes.

Estratos

Aunque todo el yacimiento de Fuente Álamo está en proceso de investigación, algunas cosas ya se pueden ver con facilidad. En la foto, se aprecia claramente el fondo de una de las piscinas que componían el enorme complejo termal que se ha fechado en el siglo I y que sirvió de base para la construcción de la villa romana en el siglo IV. “El hecho de que construyeran justo encima permitió que la conservación de las piscinas fuera muy buena”, me explica David mientras me va guiando por las diferentes estancias a través de la pasarela de madera que sirve de guía para las visitas. Queda, incluso, buena parte de una piscina circular de dieciséis metros de diámetro que se usó como piscina al aire libre o como estanque decorativo.

Cómic

Los mosaicos como el que encabeza este artículo (conocido como el de ‘Las tres gracias’) o estos otros que os enseño en flickr muestran la posición acomodada de los que aquí construyeron su villa. Sin embargo, el que está justo sobre estas líneas es una muestra única del interés artístico de los habitantes de la casa. De hecho, es sin duda uno de los primeros ejemplos de cómic o historia ilustrada de la historia: muestra, de izquierda a derecha, una escena mitológica y los diálogos asociados a ella, todo en un tono “algo erótico festivo”, dice David entre risas.

La villa contiene varias habitaciones y estancias, entre las que destaca el mitreo, un salón que presumiblemente estaba dedicado al culto al dios Mitra, muy extendido en los últimos cuatro siglos de la civilización romana, y el pasillo de casi veinte metros que conserva, en un estado de conservación bastante bueno, los mosaicos no figurativos que decoraban su suelo.

Los restos que quedan de la época musulmana revelan que el asentamiento estaba dedicado, esencialmente, a la producción agrícola de aceite. De hecho, quedan muestras claras de una prensa de almazara. De hecho, todo el yacimiento está rodeado de olivos, muestra viva de que la cultura que dejaron sus habitantes echó raíces en el territorio.

Si queréis saber algo más antes de visitar Fuente Álamo, podéis visitar la web que el pontanés JM Ruiz ha dedicado al yacimiento (http://www.puente-genil.es/Ftealamo/Falamo01.htm).

Vista longitudinal

A unos veinticinco kilómetros de Puente Genil está Monturque, otro de los pueblos que conserva un tesoro romano muy peculiar. Según me cuenta José Manuel, uno de los trabajadores del departamento de Turismo del ayuntamiento, durante los últimos años del siglo XIX el pueblo sufrió una epidemia de cólera que hizo urgente la ampliación del cementerio, situado en la parte alta del pueblo. Las excavaciones para su ampliación toparon, en un momento dado, con un muro de ladrillo y cemento y, debajo, con un conjunto de doce estancias con bóvedas de varios metros de altura. “En el primer momento, entre las necesidades que estaban pasando y las leyendas que habían circulado por la zona, creyeron que era la cámara de un tesoro que habían dejado los musulmanes”, me explica José Mnauel, “y por ello entró aquí todo el pueblo, con herramientas y carros para buscar la fortuna”. Afortunadamente, el buen estado de conservación del lugar les permitió comprobar en poco tiempo que la búsqueda era en vano.

A través del arco

A partir de aquel momento, los estudios arqueológicos revelaron que el misterioso lugar había sido, en realidad, el centro de una infraestructura de gestión hidráulica con dos mil años de antigüedad. Por sus enormes dimensiones, la cisterna deja claro que la antigua Monturque era una población de gran importancia. Por si necesitáis una ayuda para imaginaros las dimensiones de la ciudad, en el museo municipal que está al lado del cementerio y la cisterna hay una magnífica maqueta que permite hacerse una idea.

“Aquí se han encontrado grandes tesoros, pero la mayoría están guardados en el Arqueológico de Córdoba sin que podamos hacer nada para traerlos de nuevo al pueblo”, dice José Manuel. No es una reivindicación aislada: en casi cualquier yacimiento y museo municipal de los que he visitado en la provincia de Córdoba hablan con cierta indignación del proceso de concentración de los bienes que estas tierras habían guardado durante siglos. Sin embargo, tanto en el caso de Fuente Álamo como de Monturque se necesitan inversiones previas a la devolución de los bienes. Los dos pueblos, herederos de una historia que debe ser estudiada y divulgada, están volcándose en el proceso, pero necesitan recibir el apoyo de las administraciones y de los visitantes (el boca a boca sigue siendo la mejor campaña publicitaria) para asegurar el futuro de estos tesoros durante, al menos, otros dos mil años.

El ayuntamiento de Monturque tiene una sección sobre las cisternas muy completa en su web. Podéis visitarla en http://www.aytomonturque.org/

Como siempre, os he dejado más fotos en un álbum en flickr.

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