Arco

Para completar el viaje por las tierras de la provincia de Córdoba tenía que venirme a ver el amplio territorio que baña el Guadalquivir, de oeste a este desde el lugar donde muere el Genil en Palma del Río al espectacular oporto interior que se marca el río al pasar por Montoro, al este de la provincia, muy cerca del límite con la vecina Jaén. Con la propia ciudad de Córdoba en el centro, las comarcas cordobesas del Guadalquivir ofrecen mucho más que el encanto de la milenaria capital del califato. Muchos de vosotros habréis pasado muchas veces por aquí sin haberos dado cuenta: el AVE de Sevilla a Madrid pasa por estas tierras con sus 300 km/h un cuarto de hora después de dejar Santa Justa y, sin saber lo que hace, pasa de largo y no deja apreciar el paisaje como se merece. Así que esta tierra merece mucho más que un tren de alta velocidad: una visita con calma en un tren regional es, dónde va a parar, mucho más placentera.

Sobre el muro

Para empezar a descubrirla, he decidido empezar por Palma del Río, el municipio más al oeste de la provincia. Tan al oeste está Palma que el acento de sus gentes dista de ser el característico cordobés de eses suaves y vocales abiertas y se acerca mucho más al de las vecinas Écija y Lora del Río. Además del acento, que me sonó extrañamente familiar después de haber estado recorriendo la provincia durante casi dos semanas, lo primero que llama la atención a cualquier visitante es el brillo de las naranjas sobre las hojas verde oscuro de los árboles en pleno mes de febrero. A los que llegan de tierras del norte les sorprende como al que más la abundancia de los naranjos, en número y en producción de su fruta, incluso en las calles de cualquier ciudad y pueblo.

Naranjos

Los patios cordobeses gozan de una fama justificada. Pues bien: este que veis es el claustro del convento de Santa Clara y, como no podĂ­a ser menos, combina como pocos la riqueza arquitectĂłnica con varios naranjos que prometen un mes de abril bañado en azahar. Precisamente este convento de Santa Clara es una de las grandes sorpresas de Palma del RĂ­o, y no solo para el viajero. “La gente del pueblo no sabe lo que tiene aquĂ­”, me comentan en la oficina de turismo que está a la entrada del propio edificio. “DespuĂ©s de muchos años de restauraciĂłn, acabamos de abrirlo y todavĂ­a falta mucha gente por visitarlo”, me dicen. Vaya, parece que otra vez he llegado antes de tiempo… En pocos meses, el edificio barroco que durante siglos fue hogar para las monjas clarisas de clausura acogerá al viajero en un hotel con encanto que servirá, además, como escuela de hostelerĂ­a para los jĂłvenes de Palma.

BalcĂłn

Pero hay mucho más que el convento: no os perdáis la hospedería de San Francisco, otro edificio singular que sirve como alojamiento para los visitantes. Tampoco os podéis perder el Arquito Quemado (lo veis en la primera foto, al principio del artículo) que sirve como puerta al estupendo centro amurallado. Y, por supuesto, la comida: además de las exquisitas carnes y verduras, la naranja se resiste aquí al rincón de zumos y postres que se le suele dar en las mesas de casi todo el mundo. Pero eso será otra historia que os contaré mañana.

Podéis empezar a adentraros en la comarca del Valle del Guadalquivir con el álbum de fotos de Palma del Río que he subido a nuestra cuenta en flickr.

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