Febrero 5th, 2010Palma del RĂo, sorpresa de propios y extraños
Para completar el viaje por las tierras de la provincia de CĂłrdoba tenĂa que venirme a ver el amplio territorio que baña el Guadalquivir, de oeste a este desde el lugar donde muere el Genil en Palma del RĂo al espectacular oporto interior que se marca el rĂo al pasar por Montoro, al este de la provincia, muy cerca del lĂmite con la vecina JaĂ©n. Con la propia ciudad de CĂłrdoba en el centro, las comarcas cordobesas del Guadalquivir ofrecen mucho más que el encanto de la milenaria capital del califato. Muchos de vosotros habrĂ©is pasado muchas veces por aquĂ sin haberos dado cuenta: el AVE de Sevilla a Madrid pasa por estas tierras con sus 300 km/h un cuarto de hora despuĂ©s de dejar Santa Justa y, sin saber lo que hace, pasa de largo y no deja apreciar el paisaje como se merece. AsĂ que esta tierra merece mucho más que un tren de alta velocidad: una visita con calma en un tren regional es, dĂłnde va a parar, mucho más placentera.
Para empezar a descubrirla, he decidido empezar por Palma del RĂo, el municipio más al oeste de la provincia. Tan al oeste está Palma que el acento de sus gentes dista de ser el caracterĂstico cordobĂ©s de eses suaves y vocales abiertas y se acerca mucho más al de las vecinas Écija y Lora del RĂo. Además del acento, que me sonĂł extrañamente familiar despuĂ©s de haber estado recorriendo la provincia durante casi dos semanas, lo primero que llama la atenciĂłn a cualquier visitante es el brillo de las naranjas sobre las hojas verde oscuro de los árboles en pleno mes de febrero. A los que llegan de tierras del norte les sorprende como al que más la abundancia de los naranjos, en nĂşmero y en producciĂłn de su fruta, incluso en las calles de cualquier ciudad y pueblo.
Los patios cordobeses gozan de una fama justificada. Pues bien: este que veis es el claustro del convento de Santa Clara y, como no podĂa ser menos, combina como pocos la riqueza arquitectĂłnica con varios naranjos que prometen un mes de abril bañado en azahar. Precisamente este convento de Santa Clara es una de las grandes sorpresas de Palma del RĂo, y no solo para el viajero. “La gente del pueblo no sabe lo que tiene aquĂ”, me comentan en la oficina de turismo que está a la entrada del propio edificio. “DespuĂ©s de muchos años de restauraciĂłn, acabamos de abrirlo y todavĂa falta mucha gente por visitarlo”, me dicen. Vaya, parece que otra vez he llegado antes de tiempo… En pocos meses, el edificio barroco que durante siglos fue hogar para las monjas clarisas de clausura acogerá al viajero en un hotel con encanto que servirá, además, como escuela de hostelerĂa para los jĂłvenes de Palma.
Pero hay mucho más que el convento: no os perdáis la hospederĂa de San Francisco, otro edificio singular que sirve como alojamiento para los visitantes. Tampoco os podĂ©is perder el Arquito Quemado (lo veis en la primera foto, al principio del artĂculo) que sirve como puerta al estupendo centro amurallado. Y, por supuesto, la comida: además de las exquisitas carnes y verduras, la naranja se resiste aquĂ al rincĂłn de zumos y postres que se le suele dar en las mesas de casi todo el mundo. Pero eso será otra historia que os contarĂ© mañana.
PodĂ©is empezar a adentraros en la comarca del Valle del Guadalquivir con el álbum de fotos de Palma del RĂo que he subido a nuestra cuenta en flickr.

















