
Cuando cae la noche en la Campiña Sur de Córdoba y el sueño va apagando el ánimo, el viajero puede acercarse a alguno de los lugares que os voy a presentar para dormir y descansar en silencio. Los dos primeros que os presento se encuentran en Santaella: las casas rurales ‘El Recreo’ y ‘Casa La Muela’ son dos expresiones del cariño que tiene Juan Palma, su propietario, por su pueblo y sus raíces.

La que veis sobre estas líneas es la casa rural El Recreo, hogar de la familia de Juan desde 1896. Después de una profunda restauración que mantuvo, sin embargo, el sabor tradicional de las casas de la campiña, en 2004 Juan la abrió como un alojamiento rural con cinco plazas. Tiene tres dormitorios, un cuarto de baño y el salón-cocina que veis arriba. Sin embargo, el verdadero tesoro de la casa es la bodega que ocupa todo el sótano del edificio. Justo enfrente de la casa, hace poco tiempo que Juan construyó un jardín con piscina, barbacoa y horno “donde salen muy bien los asados”, dice entre risas.
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Para completar el viaje a los días del Imperio Romano que empecé en Almedinilla decidí terminar mi visita a la Campiña Sur de Córdoba visitando dos magníficos tesoros que se han conservado en un estado casi perfecto desde aquellos tiempos de emperadores y patricios. Los mosaicos que veis arriba y abajo de estas líneas pertenecen a la magnífica colección de suelos que adornan la villa romana de Fuente Álamo, en Puente Genil. Para visitarla, he quedado con el responsable de la excavación, David Jaén.
Lo que hace único a este lugar no son, solamente, los mosaicos. “Lo que hace que Fuente Álamo sea especial es que aquí vivió gente durante diez siglos”, me dice David. De hecho, lo increíble es que haya huellas bien conservadas de los diferentes usos que tuvo este lugar: unas termas romanas en el siglo I, una villa en el siglo IV y una pequeña aldea con almazara hasta el siglo X.
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Aunque el nombre de Montilla suene solo a vino, esta pequeña ciudad cordobesa ofrece muchas más cosas que hacer y que ver entre copita y copita de Pedro Ximénez. Como en cualquier lugar, lo primero que se puede hacer es pasar por la oficina de turismo. Y será un buen comienzo: el propio edificio que la alberga es conocido como la Casa del Inca, porque en él vivió durante treinta años, nada menos, el mismísimo Inca Garcilaso de la Vega. El edificio guarda pequeños tesoros, como el despacho que ocupó el célebre inquilino, o unas botas de vino firmadas por Alfonso XIII y su nieto, el rey actual Juan Carlos I. Su patio empedrado, presidido por una enorme palmera, es uno de los más antiguos y bonitos que he visto hasta ahora.

Por lo demás, Montilla es una ciudad que se sabe señorial. Con un pequeño paseo por sus calles más céntricas, la Corredera y las que la rodean, permite descubrir detalles como la cristalera de arriba, que cierra con clase uno de los balcones más elegantes que he visto hasta ahora en mis viajes por Andalucía.
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Aunque Alvear y Pérez Barquero son los nombres que suenan siempre cuando pensamos en los vinos de Montilla-Moriles, existe un gran número de pequeños productores que siguen, generación tras generación, exprimiendo al final de cada verano las Pedro Ximénez para obtener el preciado mosto. De entre el gran número de lagares familiares, algunos destacan por su capacidad para vender sus vinos tras embotellarlos casi de manera artesanal. He decidido dedicar una tarde a conocer el lagar Cañada Navarro de la mano de uno de sus propietarios, Santiago Jiménez.

El pequeño edificio y las fincas que lo nutren están situados en la vereda del Cerro Macho, en la zona de mejor producción entre Montilla y Moriles. El padre de Santiago compró el lagar y las tierras en 1961 “aunque sus propietarios anteriores llevaban produciendo vino aquí desde hace mucho tiempo, unos 150 años”, me dice Santiago. Antes de la regulación de la producción vinícola de los últimos años, en estas tierras se alternaban los cultivos de vid y olivo. “Nosotros hemos resistido el avance del olivo, aunque hemos incorporado nuevas técnicas de cultivo como la espaldera”, que permite un acceso más sencillo con el tractor y mejora las posibilidades de tratamiento si es necesario.
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Andalucía ha sido siempre tierra de buenos vinos. Hay una tierra, de hecho, que ha destacado sobre muchas otras por su producción de uva Pedro Ximénez: la Campiña Sur de la provincia de Córdoba, especialmente los municipios de Montemayor, La Rambla, Aguilar, Puente Genil y, sobre todo, Montilla y Moriles, que dan nombre a los vinos que se exportan desde este rincón del centro de Andalucía a muchos países.

Los campos que rodean a estas ciudades cumplen con las condiciones óptimas para ofrecer uvas de gran calidad, tanto por las características del terreno como por el clima. Hay una zona particularmente afortunada para el cultivo de la Pedro Ximénez: los montes que separan a Montilla de Moriles que son considerados, de hecho, como la zona óptima para producir los vinos de la denominación Montilla-Moriles. A medio camino entre los aires serranos de la Subbética y los más suaves de la Vega del Guadalquivir, el clima suele ser perfecto y permite vendimiar en agosto, justo el momento en que la uva alcanza el grado de maduración justo que permite alcanzar una graduación alcohólica en torno a los 15º.
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