
Quizá por haber nacido en el norte de España o quizá por haber trabajado en proyectos relacionados con la difusión de una nueva cultura del agua, la verdad es que me gusta la lluvia. Disfruto especialmente con el olor de las calles mojadas tras una de esas tormentas de finales de agosto y de septiembre, de esas que anuncian la llegada de una nueva estación y un descanso merecido para los termómetros agotados tras un verano intenso.

Sentir las gotas de agua cayendo frÃas sobre los brazos aún desnudos y empapando poco a poco mi camiseta es como una sesión de acupuntura relajante. Quedarme en un balcón, con la ventana abierta, escuchando cómo las gotas rebotan contra el suelo de la calle es como ser testigo de una buena noticia. Saber que los campos, marrones y amarillos por la falta de agua, en pocos dÃas comenzarán a reverdecer con fuerza es como estar seguro de que, pase lo que pase, el mundo sigue girando.
Por todo ello, he disfrutado recorriendo las calles mojadas de Almadén de la Plata después de una noche lluviosa. En mi vuelta a Sevilla, he comprobado la falta que le hace a lugares como el pantano de El Pintado, sobre cuya presa pasa la carretera que va de Almadén y El Real de la Jara a Cazalla de la Sierra.

Hoy, los dos, el embalse y yo, nos hemos levantado con el mismo buen humor. Si sigue haciendo buen tiempo… es decir, si sigue lloviendo, los dos dejaremos de gritar de sed.

Después de la intensa mañana recorriendo Almadén, me despedà de Sole, Leti y Vicente para irme a comer (un magnÃfico solomillo ibérico, por cierto). Por la tarde, me esperaban otra vez Sole y Leti, pero esta vez acompañadas de Julián, alcalde de Almadén, y Miguel y Fernando, dos trabajadores de la consejerÃa de Medio Ambiente que conocen el parque natural de la Sierra Norte como si fuera su casa. “Llevamos veinticinco años juntos trabajando aquÔ, me comentaron. Todos juntos nos fuimos a conocer El Berrocal, una finca de 8.000 hectáreas donde viven y crÃan unos dos mil ciervos. Estamos, además, en los últimos dÃas de celo, momento perfecto para disfrutar de la berrea, un momento mágico en el que los machos llaman a las hembras para cortejarlas.
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Ayer os comentaba que para el urbanita corriente en que me he convertido tras tantos años en la ciudad el riesgo no suena apetecible. Pues la primera en la frente me la pegó esta mañana una de las biblias del viajero 2.0: Google Maps me sugirió una ruta entre Cazalla y Almadén de la Plata que, simplemente, no existe. En su dÃa, la carretera que muestra GM fue planeada y ejecutada casi en su totalidad… excepto el puente que cruzarÃa el rÃo Viar, por lo que fue cayendo en desuso por los humanos (aunque los ciervos sà la frecuentan, como comprobé esta mañana). Explorarla por curiosidad puede llegar a ser una experiencia… pero encontrarse la calzada cortada y sepultada por las piedras no es demasiado agradable cuando te están esperando en la otra punta.
En fin, después de desandar lo andado, de llamar a Sole (que me esperaba pacientemente en Almadén de la Plata y me explicó por teléfono cómo llegar, con su habla de frontera entre AndalucÃa y Extremadura) y de dos horas de viaje, llegué a mi destino a media mañana. Entré en Almadén preparado para empezar a descubrir lugares que, aunque quizá no sean muy conocidos fuera de la Sierra Morena, son toda una fuente enorme de materia prima que, por su gran calidad o personalidad, serán la base de muchos proyectos de desarrollo del territorio en el futuro. Lee el resto de esta entrada »

La palabra ‘risco’ siempre me ha sonado un poco intranquilizadora porque, aunque en castellano significa ‘peñasco alto y escarpado, difÃcil y peligroso para andar por él’ (algo ya de por sà no demasiado tentador para un urbanita), en gallego significa ‘riesgo’.
Hoy ha empezado a sonarme mucho menos desagradable, ya que he pasado la mañana en la finca Riscos Altos (aquà tenéis un enlace a su web), en Cazalla de la Sierra, una finca de 65 hectáreas que la familia de Ricardo compró hace más de veinte años y que ha ido reformando poco a poco para acoger a los viajeros que deciden conocer los sabores de la Sierra Morena. Cuando compraron la hacienda, Riscos Altos era esencialmente un terreno con unos cuantos olivos, una casa de labranza y un lagar de vino que necesitaba bastantes reformas. El resultado de dos décadas de trabajo salta a la vista: tanto en las fotos que acompañan a esta entrada como en el álbum que he colgado en nuestro flickr se aprecia el esfuerzo y el cariño que la familia ha puesto en su proyecto.

Panorámica de Riscos Altos / Foto: Riscos Altos
Riscos Altos es una casa de turismo rural que puede acoger a 22 personas en las seis habitaciones de que dispone. Además, son habitantes destacados treinta cerdos ibéricos, veinticinco cabras, más de cien ovejas y una colección interminable de árboles, entre los que destacan los alcornoques, la mayorÃa desnudos tras haber sido pelados el año pasado. “El campo no da dinero”, me comenta Ricardo. El principal capital de Riscos Altos son los clientes, de los que “un 90% son habituales… he visto crecer a sus hijos, formarse muchas parejas y romperse alguna que otra; incluso a veces a esquiar con algunos de los clientes que ya son como de la familia”. Algo tendrá el lugar para que la gente repita “hasta cinco y seis veces”, según Ricardo. Lee el resto de esta entrada »

Ya estoy en ruta otra vez. Después de un par de dÃas de descanso en Sevilla, he vuelto a llenar la mochila con algo de ropa, mi portátil y mi cámara de fotos y he puesto rumbo a la Sierra Morena sevillana. A unos 80 km de la capital se encuentra Cazalla de la Sierra, el lugar desde donde os escribo hoy.
No se me ocurre mejor manera de empezar el dÃa que con un desayuno en toda regla (un café con leche y un mollete con tomate y aceite que, a ojo, tenÃa un diámetro de 15 cm y una altura de unos ocho; si sois buenos en matemáticas podréis calcular el volumen del susodicho). En cualquier caso, os pongo la foto que hice con el teléfono para que apreciéis la envergadura; perdón por la calidad, pero es que el iPhone no da para más.
Ya sé que al venir de una familia de panaderos gallegos deberÃa estar vacunado frente a estos asuntos… pero no puedo dejar de maravillarme por la manera de desayunar en AndalucÃa, tan simple y, al mismo tiempo, tan completa.
El tema del estudio de los desayunos surgió de manera casual (de broma, dirÃa yo) durante la preparación de nuestra aventura y, desde entonces, presto atención a las diferencias entre un pueblo y otro, entre un hotel y el siguiente. Parece como si el cariño que todos los emprendedores y hosteleros de las veinticinco comarcas ponen cada dÃa en su trabajo se plasmara, como punto cumbre, en el desayuno con el que hacen que el viajero empiece bien cada dÃa.
Asà es imposible amanecer de mal humor.