
Para terminar de conocer la Subbética (o para comenzar cualquier comida de buena mesa) podemos aliñar el viaje con un poco de aceite de oliva virgen extra. El otro día os decía que los amigos Juan y Federico están preparando una web para vender por internet el mejor aceite del mundo. Después de visitar la sede de la Denominación de Origen Priego de Córdoba estoy seguro de que en la tienda online podréis comprar muchas de sus marcas. ¿Por qué?

Pues porque la DO sólo certifica los aceites cuando han pasado por controles de calidad rigurosísimos. Para saber más, he hablado con Rafael Rodríguez, uno de los encargados de asegurar que el aceite de Priego, Almedinilla, Carcabuey y Fuente Tójar llegue a la mesa sin ningún tipo de impureza. De hecho, sólo el diez por ciento de los veinte millones de kilos de aceituna que se recogen en estos campos pasa el control y obtiene la preciada etiqueta que permite venderlo como auténtico aceite de Priego de Córdoba.
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Hay muy buenos alojamientos en la Subbética Cordobesa. Entre todos ellos, os hablaré de los cinco que he conocido de primera mano… Normalmente paso tres días en cada comarca, pero en esta ocasión he dedicado mi día de descanso semanal a descubrir otros dos más, gracias a la estupenda gente del GDR y del Centro de Iniciativas Turísticas de la Subbética.

Hotel Huerta de Las Palomas | Priego de Córdoba
Un magnífico hotel de cuatro estrellas inaugurado hace pocos años. La cuidadísima decoración se basa en la arquitectura tradicional de los cortijos andaluces. Sus patios de varias alturas comunican las diferentes habitaciones, todas con nombres de pueblos de la comarca. La carta combina platos típicos con nuevas interpretaciones de los sabores de la tierra. Tiene piscina, pista de tenis, salones para banquetes y convenciones y amplias zonas ajardinadas. De hecho, en el corazón de una de las zonas más bonitas de la comarca, la carretera de Priego a Zagrilla. Tenéis más información en su web http://www.zercahoteles.com/
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Acabo de desempolvar los conocimientos de latín de mis años de instituto para titular el artículo que os presento y ni siquiera sé si está bien escrito. Lo que quería decir es “Un día romano en Almedinilla” (por descontado, cualquier corrección será bienvenida, ¡faltaría más!).
Os preguntaréis por qué me ha dado ahora por titular un artículo en latín. Pues porque acabo de pasar uno de los días más interesantes desde que he empezado a viajar por Andalucía. Ha sido en Almedinilla, un pequeño pueblo del este de la Subbética que durante las obras de la carretera que lleva de Cabra a Alcalá la Real descubrió que hace dos mil años había sido un asentamiento romano de importancia y que ha sabido conservar y enseñar al mundo (o, como ahora dicen por ahí, “poner en valor”) la herencia recibida de algún patricio romano que habitó una lujosa villa en estas tierras hace dos milenios. Las figuras de Hypnos y Hermafrodita encontradas en el lugar dan idea de la dedicación espiritual a estos ídolos.

Sin embargo, y aunque los vestigios arqueológicos son excepcionales, lo que diferencia a Almedinilla de muchos otros lugares con restos romanos es la iniciativa de un grupo de jóvenes y del ayuntamiento: entre todos han constituido la empresa Somnus para gestionar el enorme legado que los restos romanos, el poblado íbero y el magnífico museo histórico suponen.
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Ya sé que para muchos de vosotros, sobre todo los que nos leéis desde Andalucía, esta pregunta tiene fácil respuesta. Habrá muchos otros que, sin embargo, crean que el aceite viene del Merca… digo, del supermercado. Para ellos (yo soy el primero) no está de más una visita a alguno de los museos que en la comarca del Guadajoz enseñan de manera muy didáctica el proceso de elaboración de este verdadero tesoro líquido desde que la aceituna se recoge del árbol hasta que se embotella.

El mejor lugar para iniciarse en el conocimiento del arte del aceite es el Museo del Olivar y el Aceite, en el centro de Baena (calle Cañada, 7). El centenario edificio alberga 800 m² de espacios para las exposiciones y conserva una almazara que aún se pone en marcha para mostrar el proceso de extracción mecánica del aceite. Además del equipamiento, que funcionó de manera habitual hasta 1959 en el mismo espacio, el museo ofrece paneles, maquetas y objetos originales que muestran la evolución del arte aceitero en los últimos dos milenios.
Desde las diferentes prensas y molinos hasta las aplicaciones modernas del óleo a la cosmética, el espacio permite al visitante descubrir algo nuevo en cada esquina. No os perdáis el panel móvil que muestra el completo léxico relacionado con el olivar. El museo abre de martes a sábado (11.00 a 14.00 y 17.00 a 200) y los domingos (de 11.00 a 14.00). Si queréis ver algo más antes de vuestra visita, podéis visitar su web en http://www.museoaceite.com
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Os contaba en mi artículo anterior que había conocido a Juan y a Manolo, que me enseñaron sus planes para hacer de Baena una referencia en la producción doméstica de energía limpia con la biomasa derivada del olivar y los motores Stirling. Mis días en la comarca del Guadajoz continúan con el objetivo de encontrar más iniciativas que huyan de las maneras más tradicionales de explotación del olivo.
Con una motivación parecida a la de Andrés de ‘El Amasadero‘ (de la que os hablé hace unas semanas), hay quien busca la manera de contribuir a hacer más conocidas y apreciadas las diferentes variedades de aceites de la denominación de origen Baena… en internet. La iniciativa más interesante es la que están poniendo en marcha Federico Ansorena y Juan Herena en la trastienda del Mesón Los Arcos, uno de los referentes en la cocina de la ciudad.
Aunque todavía no han encontrado el nombre comercial para su proyecto, sí tienen muy claro lo que quieren hacer. “Queremos una página sencilla y con tirón para vender los mejores aceites de la comarca, aunque algunos no estén en la denominación de origen”, comenta decidido Federico.
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La campiña este de Córdoba está llena de olivos. Quizá no son tan famosos como los de Jaén, pero producen tanto aceite como aquéllos. En la cultura popular, el mítico ‘Andaluces de Jaén’ ha catapultado a la fama a la aceituna jiennense como estrella de la dieta mediterránea. Sin embargo, el aceite de la comarca del Guadajoz goza de una reputada fama que se asienta en el trabajo centenario de muchos productores que, fanega a fanega, van verdeando cada año los montes de los pueblos que rodean a Baena.
Hay mucha gente en esta tierra que sabe, además, que los olivos y las aceitunas (como las que nos enseñó Jorge en la foto que ilustra este artículo) guardan en su interior mucho más que aceite. En mi segundo día de recorrido por la comarca he conocido algunas iniciativas que pueden complementar a la explotación tradicional de cooperativas y almazaras comunales. Aunque he llegado a Baena en el momento en el estas iniciativas están naciendo y todavía no son visibles para el mundo a través de internet (por lo que muy pronto actualizaré este artículo para presentaros sus páginas web), sí puedo adelantaros qué se está cociendo en las mentes emprendedoras de los baenenses. Esta mañana os hablaré de la primera.

Andalucía Power Stirling Applications | Calor y electricidad virgen extra
Una de las primeras sorpresas me la llevé al visitar a Juan Secilla y Manolo Ramírez, dos emprendedores que decidieron quedarse en su tierra para aprovechar las oportunidades que ofrece. “La verdad es que hay muchas oportunidades de negocio en la comarca, pero no siempre se aprovechan”, me comentó Juan. “Por ejemplo, necesitamos gente con ganas de vender fuera todo lo que sabemos hacer”, añade. “Y también necesitamos mejorar las comunicaciones, como la autovía que está proyectada y que está tardando en llegar”, añade Manolo.
Su idea consiste en la adaptación de los centenarios motores Stirling a la producción de energía eléctrica y calor para el ámbito doméstico o instalaciones locales en edificios públicos como pabellones de deportes, colegios o centros de salud. Estos motores de combustión externa, inventados a principios del siglo XIX en Inglaterra, son muy eficientes y pueden funcionar con recursos renovables como la biomasa. Y ahí es donde entra el poder del olivo: la comarca produce cada año miles de toneladas de residuos forestales y agrícolas que se pueden utilizar como combustible para estos generadores. “Y además no contamina: el CO2 que se genera se neutraliza fácilmente con la producción de oxígeno por los árboles”, me comentan.
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“¿A qué hora quieres que venga mañana a prepararte el desayuno?”, me preguntó Paqui. “Bueno, no quiero molestar… si me dejas un poco de leche y café y algo para comer ya me lo preparo yo”, le respondí. “No, hombre… ¡si yo quiero prepararlo! A las nueve y media vengo”, fue su respuesta.

Con esta anécdota, que muestra la dedicación y el cariño con que el visitante es recibido en esta casa, empiezo hoy mi relato de la visita a la Casa Guájar, una de las muchas casas de turismo rural que hay en la Sierra de las Nieves. Es difícil escoger entre tantas la perfecta para pasar este puente o para escaparnos, durante unos días, de la vorágine urbanita de humo, asfalto, prisas, informes “para ayer”, comer mal y dormir peor. La casa, que construyeron y regentan desde hace diez años Paqui y Pepe, es un oasis que mira, de frente, al pequeño pueblo de Monda, de cuyo centro está separada por un kilómetro escaso. Imaginaos levantándoos cualquier mañana y disfrutando de las vistas de las que disfruta el dormitorio principal, en la primera planta y orientado al sureste para que el sol que se eleva sobre la Penibética os dé en la cara y os ayude a empezar el día de buen humor.

Aunque ahora mismo no estamos en la mejor época para hacer uso de ella, al costado de la casa hay una piscina donde poder aliviar el calor del verano. Justo al lado de la piscina está también uno de los rincones más especiales: un horno y una parrilla donde poder preparar comida para los ocho o diez huéspedes que, como máximo, puede albergar la casa.
En la finca que la rodea hay madroños