Balcón

La comarca del Valle Medio del Guadalquivir es, en realidad, la suma de dos subcomarcas que, separadas por la ciudad de Córdoba, reciben y despiden al río por el este y el oeste de la provincia. El cauce más bajo está presidido por Palma del Río, de la que ya os he hablado. La zona alta está coronada por la preciosa Montoro, uno de los paisajes urbanos más bonitos que he encontrado en la provincia de Córdoba. De hecho, después de la primera impresión de asombro que tuve al llegar, eché mano de recuerdos de viajes pasados para saber por qué me resultaba familiar.

Panorámica de Montoro

La respuesta está, de hecho, cerca de mi (otra) tierra. Al final de otro de los grandes ríos ibéricos, el Duero, se encuentra la ciudad de Porto (Oporto, en castellano), un ejemplo del mismo espíritu arquitectónico en el que las casas van subiendo por la ladera de una montaña para tramar un esquema de callejuelas con vistas a un valle. Mirad esta foto que he encontrado en la wikipedia y decidme si no tiene un aire importante… Vale, la escala es distinta, porque Porto tiene una población veintidós veces mayor que Montoro y, aún así, la cordobesa puede presumir de un encanto parecido.

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Arco

Para completar el viaje por las tierras de la provincia de Córdoba tenía que venirme a ver el amplio territorio que baña el Guadalquivir, de oeste a este desde el lugar donde muere el Genil en Palma del Río al espectacular oporto interior que se marca el río al pasar por Montoro, al este de la provincia, muy cerca del límite con la vecina Jaén. Con la propia ciudad de Córdoba en el centro, las comarcas cordobesas del Guadalquivir ofrecen mucho más que el encanto de la milenaria capital del califato. Muchos de vosotros habréis pasado muchas veces por aquí sin haberos dado cuenta: el AVE de Sevilla a Madrid pasa por estas tierras con sus 300 km/h un cuarto de hora después de dejar Santa Justa y, sin saber lo que hace, pasa de largo y no deja apreciar el paisaje como se merece. Así que esta tierra merece mucho más que un tren de alta velocidad: una visita con calma en un tren regional es, dónde va a parar, mucho más placentera.

Sobre el muro

Para empezar a descubrirla, he decidido empezar por Palma del Río, el municipio más al oeste de la provincia. Tan al oeste está Palma que el acento de sus gentes dista de ser el característico cordobés de eses suaves y vocales abiertas y se acerca mucho más al de las vecinas Écija y Lora del Río. Además del acento, que me sonó extrañamente familiar después de haber estado recorriendo la provincia durante casi dos semanas, lo primero que llama la atención a cualquier visitante es el brillo de las naranjas sobre las hojas verde oscuro de los árboles en pleno mes de febrero. A los que llegan de tierras del norte les sorprende como al que más la abundancia de los naranjos, en número y en producción de su fruta, incluso en las calles de cualquier ciudad y pueblo.

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El hotel

Al viajero que llega por primera vez a recorrer la zona costera de la provincia de Málaga le llama siempre la atención la masificación del litoral. Aunque se adivina que en su día estas tierras fueron privilegiadas por su clima y su magnífica posición sobre el Mediterráneo, lo más probable es que el viajero que busca encontrar sitios auténticos pase de largo por la autovía A7 y se olvide de lugares tan poco apetecibles como Puerto Banús, Solymar o los innumerables complejos de golf que pueblan la Costa del Sol. Sin embargo, no hace falta hacer muchos kilómetros para encontrarse con lugares para alojarse con un encanto muy especial.

Camas

Uno de los alojamientos más especiales de la provincia es el complejo turístico La Garganta, un hotel situado a la orilla del pantano de El Chorro en el edificio que hace casi un siglo se levantó allí para alojar una harinera. “El Chorro era, hace casi un siglo, el centro de la producción hidroeléctrica andaluza”, me cuenta Fernando, el propietario del hotel. El pasado industrial de la pedanía se ve en muchos de los edificios que rodean a la antigua harinera, como la estación de tren que sigue en uso o las antiguas fábricas de carburos o de áridos. Fernando nació hace algo más de cincuenta años en una de las casas de esta barriada que pertenece al municipio de Álora y recuerda muchísimas historias de la gente que ha poblado este rincón. Desde la época de posguerra y el desarrollismo de los años cincuenta y sesenta hasta la rehabilitación de la fábrica de harinas para convertirla en el hotel que es hoy, la memoria de Fernando está llena de historias que transportan al viajero a épocas en las que la vida no era tan fácil como ahora. Durante las tres o cuatro horas que compartimos recorriendo las riberas del pantano del Chorro pude conocer cómo era la vida antes de que el desarrollo turístico transformara, para siempre, a esta provincia.

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Tierra fértil

Siempre hemos estudiado que la historia empezó hace 5.000 años entre los ríos Tigris y Éufrates, en Mesopotamia. Según los estudios, las tierras de la región eran tan fértiles que los habitantes de la zona empezaron a utilizarlas como un vergel donde plantar y cosechar los cultivos más variados, en un proceso que cambió nuestra relación con el planeta y toda la historia posterior.

En las tierras situadas al oeste de la ciudad de Málaga, el río Guadalhorce dibuja su propio creciente fértil, desde los centenarios embalses de El Chorro hasta que deja la comarca por Alhaurín el Grande, buscando el Mediterráneo. El viajero que recorre la comarca del Valle del Guadalhorce tiene la sensación de haber descubierto un paraíso de muchas tonalidades de verde, desde el verde claro del agua del pantano hasta el oscuro de las hojas de los naranjos y limoneros que pueblan toda la vega del río.

Cascarero de dos plantas

La riqueza de esta tierra ha marcado, desde la antigüedad, la vida de sus habitantes. Entre los símbolos que distinguen a la comarca están los cascareros como el que veis en la foto de arriba. Erigidos a la vera de las plantaciones y siempre cerca de las vías de comunicación, ya sean las vías del tren que lleva a Málaga o las carreteras que atraviesan la comarca, los cascareros son el ejemplo de la versatilidad de la construcción agrícola. Su utilidad principal, la que le da nombre, es el secado de las cáscaras de cítricos, muy apreciadas para la fabricación de pólvora, la repostería o la elaboración de esencias. Pero el cascarero también alberga en su base abrevaderos o cebaderos para cerdos o vacas y, además, un palomar debajo de su tejado. María José Sánchez, directora del Museo de Álora, es una especialista en cascareros y me llevó a conocer dos de los más representativos de su pueblo.

Naranjas enormes

“Me los he encontrado hasta en lugares donde no se cultivan cítricos, para secar trigo o el cultivo que sea”, me cuenta. “Algunos cascareros tienen una finalidad más artística: he visto alguno que tiene hasta arcos ojivales”. En su recorrido por la vega de Álora, María José me fue acercando a tiempos anteriores a la gran transformación que el auge del turismo y el desarrollo de las infraestructuras cambiaran, de alguna manera, la esencia tradicional de la comarca para convertirla en una zona mucho más multicultural.

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Vista general

Aunque hace poco mi compañero Jorge estuvo también por El Torcal, y nos lo contó tan bien como siempre en su blog, cualquier viajero que pase por aquí tiene que hacer una visita a este rincón mágico. Yo tampoco pude dejar de pasar la oportunidad, sobre todo al contar con un guía excepcional, Ramiro.

El Torcal es el resultado de un capricho geológico que no soy capaz de entender completamente. Cómo media Península Ibérica estaba bajo el agua y cómo emergió y llegó a formar catedrales como esta no es un proceso sencillo ni comprensible para quien ha estudiado una carrera de letras. Para ayudar a estos viajeros (y a los niños, y a los jóvenes, y a cualquiera que llegue por aquí) a entenderlo, hace poco tiempo se ha abierto un centro de interpretación junto a la carretera que lleva desde Villanueva de la Concepción hasta El Torcal. Este ‘centro de interpretación’ es uno de los que responde bien a esta etiqueta que ha proliferado como una especie de seta por las zonas rurales en los últimos años.

Especies

Después de visitar el centro, sólo te quedan ganas de salir a comprobar qué maravillas ha creado la naturaleza al haber conjugado en un sitio tan concreto tantas maravillas geológicas.

Y no sólo de piedras se nutrió mi visita: la compañía de Ramiro sirvió para conocer, de primera mano, la realidad de la gente que vive en la comarca sin pasar por folletos turísticos ni portales instltucionales (que están muy bien, no digo yo que no –sólo faltaría– pero que muchas veces se quedan cortos en sus descripciones de la realidad del día a día en las zonas rurales).

Laminado

La ruta por las maravillas pétreas que veis en las fotos que ilustran esta entrada, y que podéis ampliar en las que he subido a un álbum en flickr, alternó el disfrute estético de las vistas con el debate animado de hacia dónde deberían dirigirse los esfuerzos en el desarrollo turístico: que si hay que mostrar más turismo que la semana santa, que si debemos ofrecer experiencias auténticas a los turistas, que si la zona tiene un déficit de infraestructuras que sólo va reduciéndose muy lentamente, que si la instalación de los parques eólicos proyectados va a estropear, para siempre, la mágica atmósfera de la zona, que si la presencia de la burra Margarita en las manifestaciones se ha convertido en un símbolo de las reivindicaciones de los vecinos

Cabra montés

Uno de los grandes momentos del día tuvo lugar en la Venta Pastelero (está en la pedanía de Pastelero que se encuentra a medio camino entre Villanueva de la Concepción y Almogía), cuando Paco, el dueño del restaurante, me tomó nota en gallego. No, no es que hayamos colonizado ya la zona… sino que vivió durante quince años en Suiza entre emigrantes y aprendió a hablar una variedad de gallego-andaluz que bien podría considerarse el idioma criollo más bonito del mundo.

Verdiales

La jornada terminó en Almogía, un pequeño pueblo al sur de la comarca que está considerado como la cuna de una de las manifestaciones de la cultura popular más características de la provincia de Málaga: el verdial, una fiesta que hunde sus raíces en la historia antigua y que se mantiene intacta, sobreviviendo al impacto uniformador de las ferias y semanas santas en el calendario festivo de la zona interior de Málaga. El sombrero de flores con cintas de muchos colores, panderetas y crótalos que veis en la foto son los símbolos que distinguen a esta muestra cultural única. Youtube tiene una gran colección de vídeos donde saborear las fiestas de verdiales.

Anochecer en Almogía

De vez en cuando todos tenemos la suerte de llegar a los sitios en el momento adecuado. Una de estas ocasiones afortunadas tuvo lugar este lunes, cuando comencé mi visita a la comarca del Guadalteba el mismo día en que se presentaba la Red de Patrimonio del Guadalteba, un proyecto que los municipios de esta comarca han puesto en marcha para poner en valor la increíble herencia que han recibido después de más de dos mil años de historia. He escrito ‘poner en valor’ en cursiva porque me horroriza esta expresión calcada del francés que se ha puesto de moda, sin embargo, entre los responsables políticos y culturales de cualquier ámbito… con lo fácil que sería decir ‘divulgar’, ‘recuperar’, ‘valorar’ o una mezcla de todas ellas.

Volviendo al tema que nos ocupa (y dejándonos de debates lingüísticos que, por otra parte, me apasionan…), decía que llegué a Guadalteba y, por indicación de Juan Carlos –presidente de la asociación cultural Amigos de Guadalteba– me acerqué a un acto en el que los alcaldes de los municipios de la comarca, el gerente del consorcio que los agrupa y hasta la propia consejera de Cultura de la Junta fueron desgranando los detalles de un programa del que tomé notas sin parar porque, aunque sencillo, me pareció una manera genial de hacer que la suma de uno más uno sean mucho más que dos. Para empezar, podéis echar un ojo a su web:

Web de la Red Patrimonio Guadalteba

La web es una de las más sencillas pero más atractivas que he visto en mucho tiempo. Distingue con claridad cada ruta con un color, ordenándolas por orden cronológico desde la prehistórica a la moderna. A través de ella pude descubrir riquezas como el embalse del Conde de Guadalhorce en El Chorro

Embalse

…una de las obras hidráulicas de referencia, muy anterior a la fiebre de inauguraciones de pantanos de los años cincuenta y sesenta, inaugurado por Alfonso XIII en una mesa de piedra que todavía sigue en pie a pocos metros de la presa. Es una de las muchas muestras de la buena gestión hídrica en la provincia.

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Desde la altura

Parece que hoy ha sido un día realmente fructífero para los mirones… Jorge ha encontrado en La Algaba (cerca de Ronda, Málaga) un lugar donde el tiempo se detuvo hace miles de años y puedes volver al Paleolítico con sólo pasar una cancela. Y yo he encontrado, en un paseo cerca de Pozo Alcón, un bicho que bien podría haber salido de una película de dinosaurios. Dadle al ‘play’ y decidme si no es extraordinario:

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Octubre 6th, 2009Vacas en Bolonia

Puesta de sol

Una vaca  (aquí hay muchas más) y una de las mejores puestas de sol justo donde el viejo Mediterráneo se une con el inmenso Atlántico. Es la playa de Bolonia, en Tarifa. Podría hablaros de la duna que recorrí con Javi, del baño que me di (¡en pleno mes de octubre!) y de la atmósfera tan mágica que rodeó a la tarde en que hice esta foto. De todas formas, todo lo que pudiera escribir a partir de aquí sobraría. Fue el mejor broche que pude poner a tres (en realidad, al final alargué mi viaje hasta cuatro) días inolvidables en Los Alcornocales.

Vegetación

Aunque forman parte del mismo municipio, llamado Castellar de la Frontera, entre Jimena y San Roque existen dos pueblos. El que veis en estas fotos es Castellar viejo, a las faldas del castillo que un día (bueno, un siglo… el XII) construyeron los musulmanes y que hoy es un complejo turístico. En la década de 1960, y con motivo de la construcción del pantano que veis en las fotos –uno de tantos que se construyeron en aquellos años–, la mayoría de los habitantes de Castellar dejaron el casco antiguo y se fueron al pueblo nuevo, situado a 9 km de distancia. Desde entonces, muchos habitantes de fuera empezaron a llegar, movidos por el espíritu hippy, para ir repoblando, poco a poco, el viejo Castellar y darle un aire completamente diferente al original.

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Fuente

Quizá por haber nacido en el norte de España o quizá por haber trabajado en proyectos relacionados con la difusión de una nueva cultura del agua, la verdad es que me gusta la lluvia. Disfruto especialmente con el olor de las calles mojadas tras una de esas tormentas de finales de agosto y de septiembre, de esas que anuncian la llegada de una nueva estación y un descanso merecido para los termómetros agotados tras un verano intenso.

Naranjas verdes

Sentir las gotas de agua cayendo frías sobre los brazos aún desnudos y empapando poco a poco mi camiseta es como una sesión de acupuntura relajante. Quedarme en un balcón, con la ventana abierta, escuchando cómo las gotas rebotan contra el suelo de la calle es como ser testigo de una buena noticia. Saber que los campos, marrones y amarillos por la falta de agua, en pocos días comenzarán a reverdecer con fuerza es como estar seguro de que, pase lo que pase, el mundo sigue girando.

Por todo ello, he disfrutado recorriendo las calles mojadas de Almadén de la Plata después de una noche lluviosa. En mi vuelta a Sevilla, he comprobado la falta que le hace a lugares como el pantano de El Pintado, sobre cuya presa pasa la carretera que va de Almadén y El Real de la Jara a Cazalla de la Sierra.

Panorámica de El Pintado

Hoy, los dos, el embalse y yo, nos hemos levantado con el mismo buen humor. Si sigue haciendo buen tiempo… es decir, si sigue lloviendo, los dos dejaremos de gritar de sed.


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