
El viajero que visite Alcalá de los Gazules debe prepararse para subir muchas cuestas. Y no os creáis que es algo malo… es justo lo contrario. A cada paso que das para llegar a la Plaza Alta, sabes que estás acercándote a más siglos de historia, a mejores vistas sobre la comarca histórica de La Janda y a una recompensa monumental que corona la colina que debió ofrecer a sus pobladores una gran ventaja para defender la ciudad.
En el ascenso, el viajero disfrutará de flores en cada mirador sobre la comarca, del olor de los pucheros que atraviesa cada ventana, del saludo amistoso de los vecinos y, si es indiscreto (o un poco cotilla), infinidad de lugares donde poner el ojo.
Para visitar la ciudad, podéis salir de la plaza Alameda de la Cruz, justo donde está el Ayuntamiento, para luego seguir por la calle Real, arteria comercial del pueblo y muestra de una curiosa mezcla entre la arquitectura serrana de casas blancas y la gaditana, con sus balcones de forja y ventanas de arcos suaves. La ruta sigue por varias otras calles, pero el propio instinto os llevará seguro por la ruta adecuada para acabar entrando en la Plaza Alta, un gran espacio que –aunque ahora está lleno de coches– acoge cada 23 de abril las celebraciones del dÃa de san Jorge, patrón de Alcalá de los Gazules.

La iglesia está dedicada, de hecho, al famoso protagonista de la leyenda del dragón. El propio san Jorge está presente en el escudo de Alcalá y, cómo no, en el centro del retablo de su iglesia, en una talla del maestro barroco MartÃnez Montañés (autor, por cierto, de la talla de la virgen del Rosario que es su primera obra conocida y que también se guarda en el mismo templo).

La visita a la iglesia de san Jorge sirve como descanso… antes de la bajada. En lugar de repetir el itinerario, la mejor opción para continuar la ruta es buscando el mirador de la Coracha, desde donde se obtienen vistas de todo el parque natural de los Alcornocales y desde donde podemos continuar la ruta para llegar a los antiguos depósitos romanos de ‘La Salá’, llamados asà por el agua de fuerte mineralización que en otras épocas ofrecÃan al visitante, y a Los Pozos, tres ejemplos de uso compartido del agua por la población, que se abasteció de ellos hasta hace muy pocos años.