Simón

Seguro que os acordáis de las historias de dos tiendas pioneras de las que os hablé hace poco y que buscan la comercialización por internet de dos de los productos estrella de Andalucía: el aceite de oliva de Baena y las harinas para hacer pan de la vega del Guadalhorce. No podía faltar otro de los frutos estrellas de esta tierra… las naranjas.

Y cuando hablamos de naranjas, siempre pensamos en el mismo lugar: las huertas rodeadas por el Guadalquivir y el Genil en el centro de la inmensa vega que rodea al río grande en su camino a través de las provincias de Córdoba y Sevilla. Justo entre las dos ciudades está Palma del Río, lugar del que os hablé en mi artículo anterior.

En Palma me he encontrado con Simón Egea, el responsable de comunicación de Naranpalma, la empresa de la que os hablo hoy.

Web de Naranpalma

Parece mentira que nos hayamos acostumbrado en los últimos años, incluso en las zonas más fértiles de Andalucía, a las frutas y verduras perfectamente formadas pero sin sabor que nos venden algunas grandes cadenas de supermercados. Hay tomates impecablemente redondos y de un rojo intenso que son poco más que bolsas de agua. Lo mismo pasa con las naranjas: muchas de las que compramos a los grandes distribuidores tienen un sabor que recuerda a los vasos de agua que tomamos recién levantados.

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Aceite en la red

Os contaba en mi artículo anterior que había conocido a Juan y a Manolo, que me enseñaron sus planes para hacer de Baena una referencia en la producción doméstica de energía limpia con la biomasa derivada del olivar y los motores Stirling. Mis días en la comarca del Guadajoz continúan con el objetivo de encontrar más iniciativas que huyan de las maneras más tradicionales de explotación del olivo.

Con una motivación parecida a la de Andrés de ‘El Amasadero‘ (de la que os hablé hace unas semanas), hay quien busca la manera de contribuir a hacer más conocidas y apreciadas las diferentes variedades de aceites de la denominación de origen Baena… en internet. La iniciativa más interesante es la que están poniendo en marcha Federico Ansorena y Juan Herena en la trastienda del Mesón Los Arcos, uno de los referentes en la cocina de la ciudad.

Aunque todavía no han encontrado el nombre comercial para su proyecto, sí tienen muy claro lo que quieren hacer. “Queremos una página sencilla y con tirón para vender los mejores aceites de la comarca, aunque algunos no estén en la denominación de origen”, comenta decidido Federico.

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Diciembre 1st, 2009Un paseo (virtual) por Ojén

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Comienzo mi visita a la comarca de la Sierra de las Nieves en Ojén. No, no es Sierra Nevada ni está en Granada, sino en Málaga, al norte de la Costa del Sol, al este de la Serranía de Ronda y al oeste de la comarca del Guadalhorce, muy cerca de los destinos turísticos tradicionales en la provincia y, a la vez, a años luz en cuanto al estilo de vida, construcciones y atractivos turísticos.

Ojén es la entrada sur a la comarca, el primer contacto para el visitante que –quizá algo harto de la playa y el resort hotelero continuo– decide averiguar qué hay detrás de las montañas que sirven como telón de fondo a las ciudades costeras como Marbella o Estepona. Es un pueblo que mantiene intacto el sabor y el olor de las calles pendientes, las casas encaladas y las macetas con geranios y claveles en cada balcón. Podría parecer que por aquí no ha pasado el tiempo… pero esa es solo la primera impresión. Detrás de la imagen de autenticidad y tranquilidad, he encontrado proyectos que revelan las ganas de los ojenetos por innovar y por exportar la imagen de su pueblo al mundo.

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Visita tu pueblo (http://visitatupueblo.blogspot.com) es el nombre del proyecto estrella que Juan, dinamizador del centro Guadalinfo de Ojén, ha puesto en marcha para movilizar a casi cuarenta pueblos andaluces. Se trata, ni más ni menos, que de un recorrido por las calles de Ojén en vídeos de Youtube. Algo parecido a lo que hemos intentado varias veces en Miradas de Andalucía (como en el vídeo de las vacas cazalleras o el de Tíscar por farrucas que están en nuestro canal de Youtube) pero exprimiendo, al máximo, las posibilidades del portal de vídeo de Google y otras herramientas gratuitas de la web.

“¿Te acuerdas de aquellos libros de Escoge tu propia aventura?”, me pregunta Juan. “Nuestro proyecto se parece un poco: al recorrer las calles de Ojén en estos vídeos de Youtube puedes acceder a otros vídeos o a artículos de Wikanda a través de los enlaces que hemos puesto en ellos”. Podéis probar con los vídeos de arriba, que muestran un recorrido por la calle principal del pueblo, que nos permite perdernos por las pequeñas callejuelas como la del Barrio Alto o la de La Fuente, o una visita a la iglesia parroquial, que nos enlaza con un artículo explicativo en Wikanda con solo hacer clic en el rótulo sobreimpresionado.

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Arcos

Comienzo mi visita a la Comarca Nororiental de Málaga alojándome en La Cañada del Sacristán. Este hotel rural de cuatro habitaciones es, según la guía Casas rurales con encanto (editada por El País - Aguilar, 2009), uno de los mejores alojamientos rurales de España. La razón es que Mari Carmen y Antonio, sus propietarios, han cuidado tanto los detalles que el viajero consigue descubrir algo interesante en cada rincón de la casa y la finca de siete hectáreas que la rodea. Este artículo no habla, por tanto, de los datos generales ni habituales que suelen rodear a las entradas sobre casas rurales. No es un post al uso porque esta casa tampoco es una casa cualquiera.

Lagarto y baldosas

Cualquiera que ponga la mínima atención es capaz de notar que hay muchos lagartos repartidos por cada estancia, desde los azulejos del zaguán hasta la chimenea del salón. “Es el símbolo de la casa”, me comenta Antonio. “Cuando llegamos nos dimos cuenta de que nos ayudaban a eliminar insectos que son mucho más molestos”. Por suerte para los viajeros con indicios de lagartofobia (bueno, el nombre científico es ‘herpetofobia’, o aversión a los reptiles) como yo, los que quedan son casi todos de hierro forjado, como el que veis en la foto sobre una de las mesas del comedor.

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Desde la altura

Parece que hoy ha sido un día realmente fructífero para los mirones… Jorge ha encontrado en La Algaba (cerca de Ronda, Málaga) un lugar donde el tiempo se detuvo hace miles de años y puedes volver al Paleolítico con sólo pasar una cancela. Y yo he encontrado, en un paseo cerca de Pozo Alcón, un bicho que bien podría haber salido de una película de dinosaurios. Dadle al ‘play’ y decidme si no es extraordinario:

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Septiembre 23rd, 2009Me pongo las botas

Anochece en Aracena

Después de muchos preparativos, por fin me he puesto las botas. No me refiero a que haya dado cuenta de una gran comida en cualquiera de los cientos de pueblos donde se puede comer bien en Andalucía (lo que, de todas formas, no es nada difícil en esta tierra), sino a que hoy he abierto los ojos de mi Mirada de Andalucía y he empezado mi viaje por las 25 comarcas que participan en Andarural.es, un portal de turismo rural que se va a convertir en una referencia obligada para quien visite cualquiera de los territorios que han apostado decididamente por ofrecer un tipo de turismo muy alejado del clásico ’sol, playa y chiringuito’ al que nos hemos acostumbrado en las últimas décadas.

Somos cuatro viajeros los que vamos a recorrer 25 comarcas en los próximos meses: Pedro nos acercará las mejores fotos, Jorge nos contará las mejores historias y Juanma identificará en su blog las huellas de oficios y tradiciones que han perdurado hasta nuestros días. ¿Y qué voy a hacer yo? ¿Cómo puedo participar en el proyecto si no soy ni fotógrafo, ni contador de historias, ni antropólogo? Pues yo me propongo dos cosas: mantener siempre una mirada fresca, de recién llegado capaz de sorprenderse por los más pequeños detalles y, además, con los ojos de un nativo digital que cree que las redes sociales y la web 2.0 ofrecen tantas oportunidades que deben haber llegado mucho más allá de donde acaban las líneas de autobús o metro de las grandes ciudades.

Mi primer destino es, sin duda, uno de los lugares donde me puedo sentir como en casa: la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, una comarca muy amplia del norte de la provincia de Huelva donde se adivinan, aunque lejanas, ciertas huellas de un pasado común con mi tierra de origen. De hecho, no hace falta andar mucho por los caminos del parque natural para encontrarse con muchos robles y castaños, árboles mágicos para cualquier gallego.

El primer contacto con la sierra, situada en la parte más occidental de la extensa Sierra Morena, supone una parada casi obligatoria en Aracena, el municipio más poblado y más conocido fuera de Andalucía. Aunque a primera vista el castillo reclama toda mi atención, tras callejear un poco por la ciudad me ha servido para descubrir dos pequeñas delicias: los edificios del Casino de Arias Montano y del Ayuntamiento, ambos de Aníbal González (el arquitecto de la archiconocida Plaza de España sevillana).

Casino de Arias Montano

Para reponer fuerzas (o, en realidad, para prepararme adecuadamente para los tres días intensos de viaje y recorridos por la sierra) nada mejor que unas tapas de carne de cerdo ibérico en cualquiera de los bares de Aracena. Entre ellas, me quedo con las castañetas, una prueba inequívoca de que del cerdo se aprovechan hasta los andares.

Y una vez cargadas las pilas, toca bucear en la red para encontrar ejemplos interesantes del uso de las tecnologías de la web 2.0 en el desarrollo de proyectos culturales o empresariales en el mundo rural. Luego os cuento más sobre ellos… os sorprenderán tanto como a mí.

Como os decía en el post anterior, poner un pie en Cazorla después de un viaje desde Sevilla (casi) sin parar supone para cualquiera un pequeño choque. De hecho, llegar a bajar del coche se convirtió en una aventura. Básicamente, porque no hice caso de las instrucciones de Carolina, nuestra amiga de la ADR Sierra de Cazorla, que en una conversación telefónica dos días antes de mi llegada me había advertido: “No intentes meterte por las callejuelas del centro de Cazorla; deja el coche en el aparcamiento de la villa turística y baja andando hasta la plaza”. Nada, ni caso. Debe ser que me estoy metiendo en el papel de un viajero intrépido y hago a mi coche pasar por experiencias que no se merece.

En fin, pocos minutos después, y con unos pequeños arañazos en ambos espejos retrovisores (os podéis imaginar el ancho de las callejas por donde hice pasar al pobre coche), acepté mi derrota y aparqué en una de las grandes protagonistas del fin de semana: la avenida del Cronista Lorenzo Polaino, quizá una de las cuestas con mayor inclinación de toda Cazorla. La casa rural estaba verdaderamente cerca. En pocos minutos, y gracias al navegador GPS de mi móvil, pude llegar a la Plaza de Santa María, el lugar donde me esperaba la magnífica casa rural que lleva el mismo nombre. En menos de lo que canta un gallo estaba ya instalado en la habitación número 5, un pequeño espacio abuhardillado dividido en dos espacios por un antiguo postigo de madera. Lo primero que llamó mi atención fue la decoración: se adivinaba que aquel espacio había sido un desván, pero la magnífica restauración había aportado una personalidad especial a aquel antiguo almacén del que -según supe más tarde- había sido durante muchos años el ayuntamiento de la ciudad. No pude entonces evitar el impulso de hacer unas cuantas fotos con el móvil. “Tengo que conseguir transmitir a mis amigos lo que estoy viendo”, pensé. Aquí está el resultado:

Sin más, encendí mi ordenador y me puse a trabajar. Todavía faltaban seis horas para el encuentro con Carolina en la plaza de la Corredera. Afortunadamente, mi móvil conocía a la plaza por ese nombre. Luego sabría que los cazorleños le suelen llamar ‘la plaza del Huevo’. La explicación es de lo más peregrina… pero os la contaré en un próximo post.

Panorámica de Cazorla, por Gabriel Villena Fernández / Cazorla a pie de foto

Panorámica de Cazorla, por Gabriel Villena Fernández / Cazorla a pie de foto

Las escapadas de fin de semana destinadas a ser recordadas durante mucho tiempo suelen ofrecer buenas sensaciones desde el primer momento. La pequeña ciudad de Cazorla, en el centro de la sierra a la que da nombre, ofrece buenas vibraciones mucho tiempo antes de llegar a sus calles. Cualquier viajero que se dirige hacia ella desde la Andalucía Occidental atraviesa un mar -un océano, para ser exactos- de olivos. Si ha cometido la imprudencia de no pararse en Úbeda o Baeza, dos ciudades patrimonio de la humanidad por su increíble espíritu renacentista, la monotonía de la expedición habrá durado varias horas sin ver mucho más que las enormes extensiones de campo cultivado que acompaña al Guadalquivir en su curso.

En cualquier caso, el premio de la llegada a Cazorla es entregado varios kilómetros antes de la meta. A medida que el viajero se acerca, es casi imposible que no rece o cruce los dedos para que la providencia cumpla su deseo: “Ojalá que aquella ciudad al pie de aquel escarpado acantilado de varios cientos de metros sea Cazorla y no me haya equivocado de destino”, pensará el trotamundos. Poco después, confirmará, para su alegría, que en efecto ese enclave privilegiado era, en efecto, la meta de su viaje.

Descubrir que es en este lugar donde pasará el fin de semana es un premio para cualquier viajero en búsqueda de nuevos descubrimientos. Saber que, además, llega a Cazorla para asistir a un encuentro de blogs rurales invitado por Abraham, un cazorleño enamorado de su tierra, es como encontrar una galleta en el fondo de ese paquete que creía vacío y que le había sabido a tan poco: el viajero está seguro de que podrá conseguir conocer Cazorla como muy pocos turistas, de esos que van de paso y con el único fin de sacar el número máximo de fotos antes de ir al siguiente destino, podrán soñar nunca.

Pongamos que yo fui el viajero este último fin de semana. Pongamos, también, que fui enviado al I Evento Blog Rural Ciudad de Cazorla por la coordinadora de este proyecto Miradas de Andalucía y que, por indicación del grupo de desarrollo rural de la Sierra de Cazorla, tenía que encontrar una casa rural situada en una vieja plaza situada en el centro de una maraña de callejuelas de origen árabe, poco aptas para la circulación de un coche del siglo XXI, llamada Plaza de Santa María. Pongamos que debía hacer todo eso e intentar que mi boca abierta por el asombro causado por este lugar único no dejara escapar sus efluvios. Cualquier viajero experimentado en estas tierras entenderá que todo ello no es tarea fácil para quien sólo ha pisado suelo jiennense en su paso entre Sevilla y Madrid. Pues bien: lo conseguí. Lo que pasó desde que bajé del coche será motivo de otro post.


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