
Una vaca  (aquà hay muchas más) y una de las mejores puestas de sol justo donde el viejo Mediterráneo se une con el inmenso Atlántico. Es la playa de Bolonia, en Tarifa. PodrÃa hablaros de la duna que recorrà con Javi, del baño que me di (¡en pleno mes de octubre!) y de la atmósfera tan mágica que rodeó a la tarde en que hice esta foto. De todas formas, todo lo que pudiera escribir a partir de aquà sobrarÃa. Fue el mejor broche que pude poner a tres (en realidad, al final alargué mi viaje hasta cuatro) dÃas inolvidables en Los Alcornocales.

Aunque forman parte del mismo municipio, llamado Castellar de la Frontera, entre Jimena y San Roque existen dos pueblos. El que veis en estas fotos es Castellar viejo, a las faldas del castillo que un dÃa (bueno, un siglo… el XII) construyeron los musulmanes y que hoy es un complejo turÃstico. En la década de 1960, y con motivo de la construcción del pantano que veis en las fotos –uno de tantos que se construyeron en aquellos años–, la mayorÃa de los habitantes de Castellar dejaron el casco antiguo y se fueron al pueblo nuevo, situado a 9 km de distancia. Desde entonces, muchos habitantes de fuera empezaron a llegar, movidos por el espÃritu hippy, para ir repoblando, poco a poco, el viejo Castellar y darle un aire completamente diferente al original.
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Aunque después de otros dos viajes para Miradas puedo decir que en cualquier pueblo de AndalucÃa se recibe al viajero con los brazos abiertos, al llegar a Alcalá de los Gazules para empezar a recorrer mi tercera comarca me di cuenta de que todavÃa soy capaz de sorprenderme con la bondad de los desconocidos (aunque suene un poco a obra de teatro de Tenessee Williams). Mari Santos, la propietaria de la Casa de Bárbara, la casa rural donde iba a pasar mi primera noche en Los Alcornocales, me esperaba para ofrecerme uno de los mejores recibimientos que recuerdo.
Mari Santos es una enamorada de su pueblo. Su propio nombre, de hecho, es el mismo que el de la patrona de Alcalá, todo un sÃntoma de que las raÃces que tiene en el suelo de Los Alcornocales son fuertes. No solo me ofreció explicaciones detalladas de la historia del pueblo y respondió pacientemente a mis preguntas (”¿Qué son los gazules?”), sino que me reservaba una agradable sorpresa que terminó de conquistar mi estómago goloso. En la mesa del salón de la Casa de Bárbara me esperaba una muestra de las diferentes variedades de bollos, queso y reposterÃa de los que puede disfrutar el visitante de este rincón tan especial de la sierra de Cádiz: molletes, queso artesanal de cabra, tortas de pellizco, merengues, polvorones de almendra… “Te he traÃdo uno de cada, para que los puedas probar todos”, añadió Mari Santos.
La bienvenida se completó con un completo paseo por el pueblo, que os contaré en la siguiente entrada, y con una visita a uno de los bares de la Alameda de la Cruz, donde pude seguir deleitándome con unas cabrillas y una tapa de carne en salsa.

Un detalle de la Casa de Bárbara / Foto: casadebarbara.com
Por cierto… Los gazules eran los integrantes de la familia bereber que reinó en la zona durante los primeros años de dominación musulmana, justo después de la conquista de la PenÃnsula en el siglo VIII.