Trabajando

De la mano de Inés y Mari Carmen, de la empresa Corral Consejo, y de Sandra, de Promarketing, llegué a Yunquera para dedicarme a saborear uno de los mejores planes que se me ocurren para una tarde de otoño: una visita a unas colmenas, un paseo por este precioso pueblo de la Sierra de las Nieves, una degustación de diferentes tipos de miel y cata de vinos jóvenes en una de las últimas bodegas familiares que quedan en la comarca. No es algo que se haga en un rato… así que vamos por partes:

Saliendo de la colmena

Uno de los problemas habituales para el turismo rural es que los viajeros no encuentran cosas que hacer durante sus vacaciones y muchas veces acaban aburriéndose. Con esta idea en mente, Carmen e Inés han dedicado los últimos años a ofrecer actividades etnográficas y a gestionar el alquiler de casas rurales en Yunquera para enseñar la comarca a los viajeros de una manera diferente a lo habitual y conseguir que nadie se aburra en su visita a esta tierra… al menos, si no quiere.

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Diciembre 1st, 2009Un paseo (virtual) por Ojén

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Comienzo mi visita a la comarca de la Sierra de las Nieves en Ojén. No, no es Sierra Nevada ni está en Granada, sino en Málaga, al norte de la Costa del Sol, al este de la Serranía de Ronda y al oeste de la comarca del Guadalhorce, muy cerca de los destinos turísticos tradicionales en la provincia y, a la vez, a años luz en cuanto al estilo de vida, construcciones y atractivos turísticos.

Ojén es la entrada sur a la comarca, el primer contacto para el visitante que –quizá algo harto de la playa y el resort hotelero continuo– decide averiguar qué hay detrás de las montañas que sirven como telón de fondo a las ciudades costeras como Marbella o Estepona. Es un pueblo que mantiene intacto el sabor y el olor de las calles pendientes, las casas encaladas y las macetas con geranios y claveles en cada balcón. Podría parecer que por aquí no ha pasado el tiempo… pero esa es solo la primera impresión. Detrás de la imagen de autenticidad y tranquilidad, he encontrado proyectos que revelan las ganas de los ojenetos por innovar y por exportar la imagen de su pueblo al mundo.

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Visita tu pueblo (http://visitatupueblo.blogspot.com) es el nombre del proyecto estrella que Juan, dinamizador del centro Guadalinfo de Ojén, ha puesto en marcha para movilizar a casi cuarenta pueblos andaluces. Se trata, ni más ni menos, que de un recorrido por las calles de Ojén en vídeos de Youtube. Algo parecido a lo que hemos intentado varias veces en Miradas de Andalucía (como en el vídeo de las vacas cazalleras o el de Tíscar por farrucas que están en nuestro canal de Youtube) pero exprimiendo, al máximo, las posibilidades del portal de vídeo de Google y otras herramientas gratuitas de la web.

“¿Te acuerdas de aquellos libros de Escoge tu propia aventura?”, me pregunta Juan. “Nuestro proyecto se parece un poco: al recorrer las calles de Ojén en estos vídeos de Youtube puedes acceder a otros vídeos o a artículos de Wikanda a través de los enlaces que hemos puesto en ellos”. Podéis probar con los vídeos de arriba, que muestran un recorrido por la calle principal del pueblo, que nos permite perdernos por las pequeñas callejuelas como la del Barrio Alto o la de La Fuente, o una visita a la iglesia parroquial, que nos enlaza con un artículo explicativo en Wikanda con solo hacer clic en el rótulo sobreimpresionado.

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Restauración

Situada justo en el medio de la comarca, entre Córdoba y Jaén, la vieja ciudad de Porcuna ofrece al visitante la oportunidad de dar marcha atrás en el tiempo. Un paseo por el callejero de Porcuna ofrece todo un bálsamo frente a la creciente desmemoria que se ha buscado desde muchos ámbitos para borrar el pasado, a veces con intención de encubrir atrocidades y a veces con el fin bienintencionado, pero ingenuo, de no abrir antiguas heridas.

Y no hablo sólo de la historia reciente, la relacionada con la República, la Guerra Civil y la dictadura de Franco. Porcuna es, de hecho, un punto esencial de la llama Ruta de los Castillos y las Batallas (cuya magnífica web podéis ver aquí), un recorrido que transcurre entre la manchega Carrión de Calatrava hasta la propia Granada y sirve como recuerdo de todas las batallas que se libraron en esta tierra, desde la de Baécula entre cartagineses y romanos, hasta la guerra fraticida entre nacionales y republicanos, pasando por la de las Navas de Tolosa, entre cristianos y musulmanes, o la de Bailén, librada por los ejércitos de la resistencia española contra los de Napoleón recién empezado el siglo XIX. Lee el resto de esta entrada »

Columnas sobre olivos

Arjona, hermana mayor de Arjonilla (no sólo por el nombre, ya que esta última perteneció al municipio de la primera hasta el siglo XVI), me ofreció ayer un panorama muy distinto del de su vecina: silencio y calma en cada esquina, de esos que cualquier urbanita contempla con recelo la primera vez que se los encuentra. Y no es que fuera la hora de la siesta, nada de eso: la tarde estaba ya bien entrada cuando, sobre las siete, me di un paseo por la zona más monumental y, al mismo tiempo, más espectacular de la pequeña ciudad.

Descanso

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Vegetación

Aunque forman parte del mismo municipio, llamado Castellar de la Frontera, entre Jimena y San Roque existen dos pueblos. El que veis en estas fotos es Castellar viejo, a las faldas del castillo que un día (bueno, un siglo… el XII) construyeron los musulmanes y que hoy es un complejo turístico. En la década de 1960, y con motivo de la construcción del pantano que veis en las fotos –uno de tantos que se construyeron en aquellos años–, la mayoría de los habitantes de Castellar dejaron el casco antiguo y se fueron al pueblo nuevo, situado a 9 km de distancia. Desde entonces, muchos habitantes de fuera empezaron a llegar, movidos por el espíritu hippy, para ir repoblando, poco a poco, el viejo Castellar y darle un aire completamente diferente al original.

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Después de pasarme trabajando unas horas en la habitación de la casa rural, me dirigí al encuentro de Carolina en la plaza de la Corredera. Allí estaba, rodeada de un grupo de amigos del pueblo, no sé si porque habían quedado con ella o porque, como pasa en cualquier pueblo cuando el tiempo acompaña, les era imposible cruzarse con alguien conocido y no pararse a charlar un rato. Carolina me presentó a Abraham, que estaba acompañado de Amelia y de su hija Silvia.

Aunque llegué puntual a la cita a las 9 de la noche, pronto me di cuenta de que podía haber dejado el reloj en la mochila. El tiempo de repente se paró. Fue algo así como a las 11 cuando Gabriel (Senderismo por Extremadura), Juande (Foroware.com), José y su familia (Desde Castellar hacia un más allá), Carolina (ADR Sierra de Cazorla) y yo, comandados por Abraham (Panorámica Cazorlense), salimos de la plaza para hacer el primer recorrido por la ciudad; tampoco importó la espera. Pasamos las dos primeras horas hablando de Cazorla, de sus calles, del parque natural, de los cotos de caza que amenazan o enriquecen -según la opinión de cada uno- la vida en los entornos naturales.

En realidad, las dos horas de charla animada fueron casi como el tiempo que necesitamos esperar para que cayera la noche y la luna se pusiera justo encima del castillo para darle un toque mágico al paisaje serrano. En nuestro recorrido, hablamos del nombre popular de la plaza de la Corredera (’Plaza del Huevo’, por la forma ovalada de su diseño y, hasta hace unos años, por la forma de huevo que describía el sentido de la circulación alrededor de la zona central de la plaza, hoy peatonalizada), del Ayuntamiento -antiguo convento mercedario- o de las numerosas leyendas que se siguen contando en la zona.

Castillo de la Yedra, Cazorla, por Luis_Jimenez / flickr

Castillo de la Yedra, Cazorla, por Luis_Jimenez / flickr

Entre ellas, destaca como un orgullo local la leyenda de la Tragantía, tan antigua como la lucha entre los musulmanes y los castellanos. Durante la reconquista de estas tierras estratégicas, y en el intento cristiano por dar el penúltimo paso y llegar a Granada para acabar con los siglos de esplendor de Al-Ándalus, cuenta la leyenda que el rey musulmán de Cazorla decidió esconder a su hija en los sótanos del castillo de la Yedra durante el asedio cristiano, convencido de que vencerían en la batalla. Sin embargo, los cristianos lograron matar al rey y a muchos cazorleños y hacerse con el control de la ciudad. La hija del rey quedó allí olvidada, encerrada para siempre. Cuentan que cada noche de san Juan (del 23 al 24 de junio) sale de su mazmorra secreta del castillo de la Yedra y recorre Cazorla para devorar a los más jóvenes vecinos, descendientes de aquellos que asesinaron a su padre hace ya tantos siglos.

Plaza de Santa María de Cazorla, por RBolance / flickr

Plaza de Santa María de Cazorla, por RBolance / flickr

La pasión con que Abraham contaba la historia y la magia de la calle de la Nubla, que dibuja un balcón cercano a la plaza de Santa María desde donde se puede ver la mejor panorámica del castillo, hizo que nos entrara, a nosotros también, el hambre y bajáramos por la pequeña cuesta que lleva a la vieja plaza. Nos sentamos en una de las terrazas más cercanas a las ruinas de la iglesia de Santa María y empezamos a disfrutar de muchos pequeños manjares… el combustible para las geniales rutas del fin de semana que os describiré en el próximo post.

Como os decía en el post anterior, poner un pie en Cazorla después de un viaje desde Sevilla (casi) sin parar supone para cualquiera un pequeño choque. De hecho, llegar a bajar del coche se convirtió en una aventura. Básicamente, porque no hice caso de las instrucciones de Carolina, nuestra amiga de la ADR Sierra de Cazorla, que en una conversación telefónica dos días antes de mi llegada me había advertido: “No intentes meterte por las callejuelas del centro de Cazorla; deja el coche en el aparcamiento de la villa turística y baja andando hasta la plaza”. Nada, ni caso. Debe ser que me estoy metiendo en el papel de un viajero intrépido y hago a mi coche pasar por experiencias que no se merece.

En fin, pocos minutos después, y con unos pequeños arañazos en ambos espejos retrovisores (os podéis imaginar el ancho de las callejas por donde hice pasar al pobre coche), acepté mi derrota y aparqué en una de las grandes protagonistas del fin de semana: la avenida del Cronista Lorenzo Polaino, quizá una de las cuestas con mayor inclinación de toda Cazorla. La casa rural estaba verdaderamente cerca. En pocos minutos, y gracias al navegador GPS de mi móvil, pude llegar a la Plaza de Santa María, el lugar donde me esperaba la magnífica casa rural que lleva el mismo nombre. En menos de lo que canta un gallo estaba ya instalado en la habitación número 5, un pequeño espacio abuhardillado dividido en dos espacios por un antiguo postigo de madera. Lo primero que llamó mi atención fue la decoración: se adivinaba que aquel espacio había sido un desván, pero la magnífica restauración había aportado una personalidad especial a aquel antiguo almacén del que -según supe más tarde- había sido durante muchos años el ayuntamiento de la ciudad. No pude entonces evitar el impulso de hacer unas cuantas fotos con el móvil. “Tengo que conseguir transmitir a mis amigos lo que estoy viendo”, pensé. Aquí está el resultado:

Sin más, encendí mi ordenador y me puse a trabajar. Todavía faltaban seis horas para el encuentro con Carolina en la plaza de la Corredera. Afortunadamente, mi móvil conocía a la plaza por ese nombre. Luego sabría que los cazorleños le suelen llamar ‘la plaza del Huevo’. La explicación es de lo más peregrina… pero os la contaré en un próximo post.


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