Atardecer en Santaella

Cuando cae la noche en la Campiña Sur de Córdoba y el sueño va apagando el ánimo, el viajero puede acercarse a alguno de los lugares que os voy a presentar para dormir y descansar en silencio. Los dos primeros que os presento se encuentran en Santaella: las casas rurales ‘El Recreo’ y ‘Casa La Muela’ son dos expresiones del cariño que tiene Juan Palma, su propietario, por su pueblo y sus raíces.

Salón, comedor y cocina

La que veis sobre estas líneas es la casa rural El Recreo, hogar de la familia de Juan desde 1896. Después de una profunda restauración que mantuvo, sin embargo, el sabor tradicional de las casas de la campiña, en 2004 Juan la abrió como un alojamiento rural con cinco plazas. Tiene tres dormitorios, un cuarto de baño y el salón-cocina que veis arriba. Sin embargo, el verdadero tesoro de la casa es la bodega que ocupa todo el sótano del edificio. Justo enfrente de la casa, hace poco tiempo que Juan construyó un jardín con piscina, barbacoa y horno “donde salen muy bien los asados”, dice entre risas.

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Hay muy buenos alojamientos en la Subbética Cordobesa. Entre todos ellos, os hablaré de los cinco que he conocido de primera mano… Normalmente paso tres días en cada comarca, pero en esta ocasión he dedicado mi día de descanso semanal a descubrir otros dos más, gracias a la estupenda gente del GDR y del Centro de Iniciativas Turísticas de la Subbética.

Patio con fuente

Hotel Huerta de Las Palomas | Priego de Córdoba

Un magnífico hotel de cuatro estrellas inaugurado hace pocos años. La cuidadísima decoración se basa en la arquitectura tradicional de los cortijos andaluces. Sus patios de varias alturas comunican las diferentes habitaciones, todas con nombres de pueblos de la comarca. La carta combina platos típicos con nuevas interpretaciones de los sabores de la tierra. Tiene piscina, pista de tenis, salones para banquetes y convenciones y amplias zonas ajardinadas. De hecho, en el corazón de una de las zonas más bonitas de la comarca, la carretera de Priego a Zagrilla. Tenéis más información en su web http://www.zercahoteles.com/

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Esquina

Os contaba el otro día que en plena campiña olivarera de Córdoba hay albergues del camino de Santiago. Por lo menos uno: el albergue rural ‘Ruta del Califato’, situado en el llamado camino mozárabe que empieza en Granada y se une, ya en tierras extremeñas, a la ruta de la Plata.

El puente de madera

El alojamiento ha sido reformado hace poco y tiene capacidad para acoger a más de cuarenta personas en sus once habitaciones. No os perdáis el puente de madera que comunica los dos edificios por encima de una de las calles de la almedina de Baena.

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Desayuno mediterráneo

“¿A qué hora quieres que venga mañana a prepararte el desayuno?”, me preguntó Paqui. “Bueno, no quiero molestar… si me dejas un poco de leche y café y algo para comer ya me lo preparo yo”, le respondí. “No, hombre… ¡si yo quiero prepararlo! A las nueve y media vengo”, fue su respuesta.

Porche

Con esta anécdota, que muestra la dedicación y el cariño con que el visitante es recibido en esta casa, empiezo hoy mi relato de la visita a la Casa Guájar, una de las muchas casas de turismo rural que hay en la Sierra de las Nieves. Es difícil escoger entre tantas la perfecta para pasar este puente o para escaparnos, durante unos días, de la vorágine urbanita de humo, asfalto, prisas, informes “para ayer”, comer mal y dormir peor. La casa, que construyeron y regentan desde hace diez años Paqui y Pepe, es un oasis que mira, de frente, al pequeño pueblo de Monda, de cuyo centro está separada por un kilómetro escaso. Imaginaos levantándoos cualquier mañana y disfrutando de las vistas de las que disfruta el dormitorio principal, en la primera planta y orientado al sureste para que el sol que se eleva sobre la Penibética os dé en la cara y os ayude a empezar el día de buen humor.

Reflejo

Aunque ahora mismo no estamos en la mejor época para hacer uso de ella, al costado de la casa hay una piscina donde poder aliviar el calor del verano. Justo al lado de la piscina está también uno de los rincones más especiales: un horno y una parrilla donde poder preparar comida para los ocho o diez huéspedes que, como máximo, puede albergar la casa.

En la finca que la rodea hay madroños

Trabajando

De la mano de Inés y Mari Carmen, de la empresa Corral Consejo, y de Sandra, de Promarketing, llegué a Yunquera para dedicarme a saborear uno de los mejores planes que se me ocurren para una tarde de otoño: una visita a unas colmenas, un paseo por este precioso pueblo de la Sierra de las Nieves, una degustación de diferentes tipos de miel y cata de vinos jóvenes en una de las últimas bodegas familiares que quedan en la comarca. No es algo que se haga en un rato… así que vamos por partes:

Saliendo de la colmena

Uno de los problemas habituales para el turismo rural es que los viajeros no encuentran cosas que hacer durante sus vacaciones y muchas veces acaban aburriéndose. Con esta idea en mente, Carmen e Inés han dedicado los últimos años a ofrecer actividades etnográficas y a gestionar el alquiler de casas rurales en Yunquera para enseñar la comarca a los viajeros de una manera diferente a lo habitual y conseguir que nadie se aburra en su visita a esta tierra… al menos, si no quiere.

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El hotel

Al viajero que llega por primera vez a recorrer la zona costera de la provincia de Málaga le llama siempre la atención la masificación del litoral. Aunque se adivina que en su día estas tierras fueron privilegiadas por su clima y su magnífica posición sobre el Mediterráneo, lo más probable es que el viajero que busca encontrar sitios auténticos pase de largo por la autovía A7 y se olvide de lugares tan poco apetecibles como Puerto Banús, Solymar o los innumerables complejos de golf que pueblan la Costa del Sol. Sin embargo, no hace falta hacer muchos kilómetros para encontrarse con lugares para alojarse con un encanto muy especial.

Camas

Uno de los alojamientos más especiales de la provincia es el complejo turístico La Garganta, un hotel situado a la orilla del pantano de El Chorro en el edificio que hace casi un siglo se levantó allí para alojar una harinera. “El Chorro era, hace casi un siglo, el centro de la producción hidroeléctrica andaluza”, me cuenta Fernando, el propietario del hotel. El pasado industrial de la pedanía se ve en muchos de los edificios que rodean a la antigua harinera, como la estación de tren que sigue en uso o las antiguas fábricas de carburos o de áridos. Fernando nació hace algo más de cincuenta años en una de las casas de esta barriada que pertenece al municipio de Álora y recuerda muchísimas historias de la gente que ha poblado este rincón. Desde la época de posguerra y el desarrollismo de los años cincuenta y sesenta hasta la rehabilitación de la fábrica de harinas para convertirla en el hotel que es hoy, la memoria de Fernando está llena de historias que transportan al viajero a épocas en las que la vida no era tan fácil como ahora. Durante las tres o cuatro horas que compartimos recorriendo las riberas del pantano del Chorro pude conocer cómo era la vida antes de que el desarrollo turístico transformara, para siempre, a esta provincia.

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Arcos

Comienzo mi visita a la Comarca Nororiental de Málaga alojándome en La Cañada del Sacristán. Este hotel rural de cuatro habitaciones es, según la guía Casas rurales con encanto (editada por El País - Aguilar, 2009), uno de los mejores alojamientos rurales de España. La razón es que Mari Carmen y Antonio, sus propietarios, han cuidado tanto los detalles que el viajero consigue descubrir algo interesante en cada rincón de la casa y la finca de siete hectáreas que la rodea. Este artículo no habla, por tanto, de los datos generales ni habituales que suelen rodear a las entradas sobre casas rurales. No es un post al uso porque esta casa tampoco es una casa cualquiera.

Lagarto y baldosas

Cualquiera que ponga la mínima atención es capaz de notar que hay muchos lagartos repartidos por cada estancia, desde los azulejos del zaguán hasta la chimenea del salón. “Es el símbolo de la casa”, me comenta Antonio. “Cuando llegamos nos dimos cuenta de que nos ayudaban a eliminar insectos que son mucho más molestos”. Por suerte para los viajeros con indicios de lagartofobia (bueno, el nombre científico es ‘herpetofobia’, o aversión a los reptiles) como yo, los que quedan son casi todos de hierro forjado, como el que veis en la foto sobre una de las mesas del comedor.

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Espinas

Después de conocer la ruta del tempranillo, y sin cuerpo para seguir con actividades de aventuras, he puesto la vista en el área que se sitúa al sur del Torcal de Antequera, una extensa zona que llega desde las mismas faldas del Torcal hasta Álora y Almogía, a pocos kilómetros ya de la zona metropolitana de la ciudad de Málaga. Aunque está realmente cerca de una de las ciudades más bulliciosas y pobladas de la península, el sur del Torcal ha permanecido al margen de muchos de los cambios que han marcado, a veces sin mucho acierto, el desarrollo económico y turístico de la provincia.

De hecho, este es el mayor encanto de la zona. En un paseo por La Joya o La Higuera, dos de las pedanías de Antequera que encontramos antes de llegar a Villanueva de la Concepción, podemos recuperar el sabor de las costumbres y tradiciones que siguen en pie sin haberse perdido en la nube del progreso. También podemos comprobar que, lejos de seguir siendo la causa principal de la despoblación de la zona, hoy se puede aprovechar este atraso para crear riqueza y conseguir que cada vez más gente pueble los paisajes que podéis ver en las fotos que ilustran esta entrada.

Terraza al anochecer

De hecho, que llegue gente (algunos de muy lejos) para vivir en esta zona no es un proceso nuevo. Ursula y Hans Pieter (”Juan-Pedro”, según él mismo se presenta) llevan ya muchos años viviendo aquí. Fue a finales de la década de 1980 cuando llegaron por primera vez a la zona desde el sur de Alemania, donde vivían esta investigadora farmacéutica y este economista. En 1994 se establecieron por fin en esta antigua panadería y la restauraron para acoger a los viajeros en la mitad que han dedicado a alojamiento rural, uno de los primeros de la actual Asociación de Turismo Rural Sur del Torcal, que ya agrupa a 31 casas.

Si algo tenían claro Ursula y Juan-Pedro cuando llegaron a La Higuera es que no querían establecer un gueto de extranjeros como otros que han florecido en otras partes de Andalucía. “Somos extranjeros y siempre vamos a serlo. Se ve en la ropa, en la manera de trabajar, en el acento… pero queremos vivir entre andaluces y ser como ellos”, me dice Ursula con determinación. Después de tanto tiempo en el pueblo, Ursula y Juan-Pedro son un puente entre dos culturas, unos guías de excepción para los viajeros que llegan a la comarca desde Francia, Bélgica, Irlanda o Alemania y quieren conocer cómo se vive aquí. A algunos les gusta tanto que acaban por seguir el ejemplo y estableciendo sus propias casas. “Ojalá los andaluces consigan también ir animándose y ser los propietarios de todos estos establecimientos y no sólo empleados de los extranjeros”, me comenta Ursula, con la seguridad que da saber que se puede vivir del turismo rural en una zona que conserva, casi intacto, un gran potencial. “La verdad es que el negocio nota la crisis pero no nos está yendo tan mal”, remata Ursula.

Antonio

Hay algunos habitantes de la zona que sí se han dado cuenta del potencial de su tierra. Entre ellos, Ramiro es uno de los mejores ejemplos. Luchador incansable por el desarrollo de los pueblos de su comarca, es el propietario de la Casa de la Monja, donde me quedé a dormir en la noche que pasé al sur del Torcal. Después de un descanso reparador disfrutando del silencio de la noche antequerana, llegó a las nueve a la casa y me sirvió uno de los mejores desayunos que recuerdo en mis viajes por Andalucía: higos recién cogidos del árbol con almendras recogidas de los árboles situados frente a la casa. “El concepto de economía sostenible suena muy moderno, pero aquí llevamos muchos años luchando por ella”. Y uno de los protagonistas de esta lucha continua por lo que es justo anda a cuatro patas y no habla, sino que rebuzna.

Niños y Margarita

Se llama Margarita, es habitual en las manifestaciones que buscan acabar con la patente deuda histórica que marca el presente de la comarca y ha sido madre hace poco de un rucho al que han bautizado como Solidario. En la foto podéis ver la visita que los niños del colegio de La Higuera hicieron a la joven madre el mismo día que yo pasé en el pueblo. Aunque los contenidos académicos son la base de cualquier proceso educativo, hay mucha gente que no entiende que los propios niños del centro de Antequera puedan llegar a pasar muchos años sin ver o tocar a un burro, a una oveja o a una de las 400.000 cabras que viven en la provincia.

Anochecer en Almogía

El sur del Torcal es una zona con mucho futuro, sobre todo para los que han sido capaces de darse cuenta. A la zona han llegado muchos holandeses, alemanes, ingleses o franceses que poco a poco han conseguido hacer ver a los nativos que hay muchas razonas por las que tener amor a su tierra. Han vuelto, incluso, muchos que habían emigrado al extranjero hace años buscando la riqueza que aquí no había. “Quien más lo valora es la gente que ha viajado y acaba volviendo a la tierra”, asegura Ramiro.

Para algunos viajeros que pasan por aquí casi por accidente, como yo, es imposible no valorarlo. Echad un ojo a mis fotos en flickr, visitad la web de la Asociación de Turismo y pasaos por aquí un día. Estoy seguro: vosotros mismos también acabaréis por compartir el amor de Ursula, Juan-Pedro, Ramiro, Margarita y Solidario por su tierra.

Bolsa

De manera totalmente intencionada, he dejado para el final un plato fuerte de la visita a cualquier comarca rural de Andalucía: los restaurantes y los alojamientos que ponen, en Guadalteba, la guinda a una de las grandes sorpresas en los viajes que llevo hasta ahora por esta nuestra comunidad.

Aunque existen muchos sitios donde disfrutar de la gastronomía de la comarca, hay dos que llamaron mi atención por encima de los demás por razones que, estando relacionadas, son dos expresiones de las diferentes maneras de entender la comida. En Campillos, y separados por poco más de un kilómetro, conviven dos restaurantes que son referencia obligada en la zona.

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Aunque tanto Pozo Alcón como la pedanía de Arroyo Frío, en la Iruela, forman parte de la comarca de Cazorla, conducir entre uno y otro sitio bien puede convertirse en la aventura de un día de otoño. Entre los dos extremos hay poco más de ochenta kilómetros.  Según Google Maps, ese engendro que estoy empezando a odiar pero del que dependo para casi todo, lleva casi dos horas recorrerla. Hay que pasar por Hinojares, Huesa, Quesada, Cazorla y La Iruela antes de llegar al destino, subir y bajar varios puertos, pasar decenas de curvas, esquivar unos cuantos coches… y, si la hora acompaña, parar a comer en alguno de los sitios que se apostan a los lados de la carretera para dar de comer al hambriento y de beber al sediento (o ambas, en el caso de los que disfrutamos con la buena mesa en cualquier momento).

La carretera, con todo, depara algunas sorpresas de esas que se graban a fuego en la memoria y que hacen que deseemos volver a recorrerla en cualquier momento. Echad un vistazo:

Cazorla

…una vista genial de Cazorla, con su castillo (a la derecha) que se yergue orgulloso sobre su pueblo y que guarda misterios como la leyenda de La Tragantía, y que disfruta de un telón de fondo que ya quisieran muchos, la Peña de los Halcones…

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