Las tres gracias

Para completar el viaje a los días del Imperio Romano que empecé en Almedinilla decidí terminar mi visita a la Campiña Sur de Córdoba visitando dos magníficos tesoros que se han conservado en un estado casi perfecto desde aquellos tiempos de emperadores y patricios. Los mosaicos que veis arriba y abajo de estas líneas pertenecen a la magnífica colección de suelos que adornan la villa romana de Fuente Álamo, en Puente Genil. Para visitarla, he quedado con el responsable de la excavación, David Jaén.

Lo que hace único a este lugar no son, solamente, los mosaicos. “Lo que hace que Fuente Álamo sea especial es que aquí vivió gente durante diez siglos”, me dice David. De hecho, lo increíble es que haya huellas bien conservadas de los diferentes usos que tuvo este lugar: unas termas romanas en el siglo I, una villa en el siglo IV y una pequeña aldea con almazara hasta el siglo X.

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Viñas en espaldera

Andalucía ha sido siempre tierra de buenos vinos. Hay una tierra, de hecho, que ha destacado sobre muchas otras por su producción de uva Pedro Ximénez: la Campiña Sur de la provincia de Córdoba, especialmente los municipios de Montemayor, La Rambla, Aguilar, Puente Genil y, sobre todo, Montilla y Moriles, que dan nombre a los vinos que se exportan desde este rincón del centro de Andalucía a muchos países.

Botas

Los campos que rodean a estas ciudades cumplen con las condiciones óptimas para ofrecer uvas de gran calidad, tanto por las características del terreno como por el clima. Hay una zona particularmente afortunada para el cultivo de la Pedro Ximénez: los montes que separan a Montilla de Moriles que son considerados, de hecho, como la zona óptima para producir los vinos de la denominación Montilla-Moriles. A medio camino entre los aires serranos de la Subbética y los más suaves de la Vega del Guadalquivir, el clima suele ser perfecto y permite vendimiar en agosto, justo el momento en que la uva alcanza el grado de maduración justo que permite alcanzar una graduación alcohólica en torno a los 15º.

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Arcos

Comienzo mi visita a la Comarca Nororiental de Málaga alojándome en La Cañada del Sacristán. Este hotel rural de cuatro habitaciones es, según la guía Casas rurales con encanto (editada por El País - Aguilar, 2009), uno de los mejores alojamientos rurales de España. La razón es que Mari Carmen y Antonio, sus propietarios, han cuidado tanto los detalles que el viajero consigue descubrir algo interesante en cada rincón de la casa y la finca de siete hectáreas que la rodea. Este artículo no habla, por tanto, de los datos generales ni habituales que suelen rodear a las entradas sobre casas rurales. No es un post al uso porque esta casa tampoco es una casa cualquiera.

Lagarto y baldosas

Cualquiera que ponga la mínima atención es capaz de notar que hay muchos lagartos repartidos por cada estancia, desde los azulejos del zaguán hasta la chimenea del salón. “Es el símbolo de la casa”, me comenta Antonio. “Cuando llegamos nos dimos cuenta de que nos ayudaban a eliminar insectos que son mucho más molestos”. Por suerte para los viajeros con indicios de lagartofobia (bueno, el nombre científico es ‘herpetofobia’, o aversión a los reptiles) como yo, los que quedan son casi todos de hierro forjado, como el que veis en la foto sobre una de las mesas del comedor.

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Espinas

Después de conocer la ruta del tempranillo, y sin cuerpo para seguir con actividades de aventuras, he puesto la vista en el área que se sitúa al sur del Torcal de Antequera, una extensa zona que llega desde las mismas faldas del Torcal hasta Álora y Almogía, a pocos kilómetros ya de la zona metropolitana de la ciudad de Málaga. Aunque está realmente cerca de una de las ciudades más bulliciosas y pobladas de la península, el sur del Torcal ha permanecido al margen de muchos de los cambios que han marcado, a veces sin mucho acierto, el desarrollo económico y turístico de la provincia.

De hecho, este es el mayor encanto de la zona. En un paseo por La Joya o La Higuera, dos de las pedanías de Antequera que encontramos antes de llegar a Villanueva de la Concepción, podemos recuperar el sabor de las costumbres y tradiciones que siguen en pie sin haberse perdido en la nube del progreso. También podemos comprobar que, lejos de seguir siendo la causa principal de la despoblación de la zona, hoy se puede aprovechar este atraso para crear riqueza y conseguir que cada vez más gente pueble los paisajes que podéis ver en las fotos que ilustran esta entrada.

Terraza al anochecer

De hecho, que llegue gente (algunos de muy lejos) para vivir en esta zona no es un proceso nuevo. Ursula y Hans Pieter (”Juan-Pedro”, según él mismo se presenta) llevan ya muchos años viviendo aquí. Fue a finales de la década de 1980 cuando llegaron por primera vez a la zona desde el sur de Alemania, donde vivían esta investigadora farmacéutica y este economista. En 1994 se establecieron por fin en esta antigua panadería y la restauraron para acoger a los viajeros en la mitad que han dedicado a alojamiento rural, uno de los primeros de la actual Asociación de Turismo Rural Sur del Torcal, que ya agrupa a 31 casas.

Si algo tenían claro Ursula y Juan-Pedro cuando llegaron a La Higuera es que no querían establecer un gueto de extranjeros como otros que han florecido en otras partes de Andalucía. “Somos extranjeros y siempre vamos a serlo. Se ve en la ropa, en la manera de trabajar, en el acento… pero queremos vivir entre andaluces y ser como ellos”, me dice Ursula con determinación. Después de tanto tiempo en el pueblo, Ursula y Juan-Pedro son un puente entre dos culturas, unos guías de excepción para los viajeros que llegan a la comarca desde Francia, Bélgica, Irlanda o Alemania y quieren conocer cómo se vive aquí. A algunos les gusta tanto que acaban por seguir el ejemplo y estableciendo sus propias casas. “Ojalá los andaluces consigan también ir animándose y ser los propietarios de todos estos establecimientos y no sólo empleados de los extranjeros”, me comenta Ursula, con la seguridad que da saber que se puede vivir del turismo rural en una zona que conserva, casi intacto, un gran potencial. “La verdad es que el negocio nota la crisis pero no nos está yendo tan mal”, remata Ursula.

Antonio

Hay algunos habitantes de la zona que sí se han dado cuenta del potencial de su tierra. Entre ellos, Ramiro es uno de los mejores ejemplos. Luchador incansable por el desarrollo de los pueblos de su comarca, es el propietario de la Casa de la Monja, donde me quedé a dormir en la noche que pasé al sur del Torcal. Después de un descanso reparador disfrutando del silencio de la noche antequerana, llegó a las nueve a la casa y me sirvió uno de los mejores desayunos que recuerdo en mis viajes por Andalucía: higos recién cogidos del árbol con almendras recogidas de los árboles situados frente a la casa. “El concepto de economía sostenible suena muy moderno, pero aquí llevamos muchos años luchando por ella”. Y uno de los protagonistas de esta lucha continua por lo que es justo anda a cuatro patas y no habla, sino que rebuzna.

Niños y Margarita

Se llama Margarita, es habitual en las manifestaciones que buscan acabar con la patente deuda histórica que marca el presente de la comarca y ha sido madre hace poco de un rucho al que han bautizado como Solidario. En la foto podéis ver la visita que los niños del colegio de La Higuera hicieron a la joven madre el mismo día que yo pasé en el pueblo. Aunque los contenidos académicos son la base de cualquier proceso educativo, hay mucha gente que no entiende que los propios niños del centro de Antequera puedan llegar a pasar muchos años sin ver o tocar a un burro, a una oveja o a una de las 400.000 cabras que viven en la provincia.

Anochecer en Almogía

El sur del Torcal es una zona con mucho futuro, sobre todo para los que han sido capaces de darse cuenta. A la zona han llegado muchos holandeses, alemanes, ingleses o franceses que poco a poco han conseguido hacer ver a los nativos que hay muchas razonas por las que tener amor a su tierra. Han vuelto, incluso, muchos que habían emigrado al extranjero hace años buscando la riqueza que aquí no había. “Quien más lo valora es la gente que ha viajado y acaba volviendo a la tierra”, asegura Ramiro.

Para algunos viajeros que pasan por aquí casi por accidente, como yo, es imposible no valorarlo. Echad un ojo a mis fotos en flickr, visitad la web de la Asociación de Turismo y pasaos por aquí un día. Estoy seguro: vosotros mismos también acabaréis por compartir el amor de Ursula, Juan-Pedro, Ramiro, Margarita y Solidario por su tierra.

sierradeyeguas.com

“Las páginas estáticas, que no permiten que los usuarios suban contenidos, no funcionan”. Así de claro lo tiene Derick, que trabaja en el Guadalinfo de Sierra de Yeguas como dinamizador. Y es precisamente eso, dinamismo, lo que no le falta a él: en los últimos años ha sido capaz de movilizar a muchos de los vecinos de su pueblo (y algunos de fuera pero que siguen relacionados con el pueblo gracias a internet) para convertir al portal SierradeYeguas.com en la plaza mayor del pueblo.

El portal, diseñado con herramientas de software libre como Joomla! o Ning, ha ido creciendo en los últimos ocho años para ir incorporando información sobre el pueblo, noticias, galerías de fotos, varios foros muy visitados y, lo más relevante, un enjambre de redes sociales que harían palidecer de envidia al mismo Facebook. De hecho, existen varias redes organizadas entorno a temáticas más o menos especializadas que sirven para que se comuniquen los serranos que participan en la asociación de Igualdad, Desarrollo Rural e Innovación, la de los empresarios de la comarca, los aficionados a las rutas de montaña en bicicleta, los madridistas de la peña del pueblo o los jugadores de póker, entre muchas otras.

Derick

Para los lectores despistados, hay ciertos trucos que permiten descubrir qué webs han dado el salto al dospuntocero. Son, especialmente, aquellas que han cambiado las típicas parrafadas de datos (casi siempre) desactualizados por blogs con entradas que admiten comentarios (como este que estás leyendo), las páginas ‘wiki’ que permiten a cualquier editarlas y contribuir con sus aportaciones y las que, al estilo de Facebook y Tuenti, permiten a sus usuarios compartir fotos, vídeos y enlaces con los usuarios a los que añade como contactos.

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Torre

Después de una semana por la Campiña Norte de Jaén y otra por Cazorla (y el Pozo) decidí visitar a unas amigas en Estepona y Marbella y pasar allí mi día libre. Aunque la compañía era estupenda, pasar un día en los alrededores de la que por allí llaman ‘la milla de oro’ me sirvió para recordarme que el turismo de sol, playa y masificación no es lo mío. Por la tarde del domingo, antes de lo previsto, puse rumbo al norte y llegué a la comarca del Guadalteba.

En poco más de una hora pude comprobar que Andalucía ofrece al viajero todo lo que se pueda imaginar. De todas las provincias, quizá sea Málaga la que ofrece mayores contrastes: en cien kilómetros puedes pasar desde la cosmopolita, lujosa y desordenada Costa del Sol a la tranquila, histórica e inexplorada (por muchos viajeros) comarca del Guadalteba, situada en el centro geográfico de Andalucía, muy cerca de Antequera, siguiendo la A-92 en dirección a Sevilla.

Ayuntamiento y parque

Guadalteba es una de las grandes sorpresas que he encontrado en el tiempo que llevo viajando por Andalucía. En veinticuatro horas he sido capaz de pasar del “Guadal… ¿qué? ¿Dónde?” al “¡No me va a llegar el tiempo a nada! ¡Quiero quedarme más días!” Seguid leyendo y descubriréis por qué.

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