
Aunque forman parte del mismo municipio, llamado Castellar de la Frontera, entre Jimena y San Roque existen dos pueblos. El que veis en estas fotos es Castellar viejo, a las faldas del castillo que un dÃa (bueno, un siglo… el XII) construyeron los musulmanes y que hoy es un complejo turÃstico. En la década de 1960, y con motivo de la construcción del pantano que veis en las fotos –uno de tantos que se construyeron en aquellos años–, la mayorÃa de los habitantes de Castellar dejaron el casco antiguo y se fueron al pueblo nuevo, situado a 9 km de distancia. Desde entonces, muchos habitantes de fuera empezaron a llegar, movidos por el espÃritu hippy, para ir repoblando, poco a poco, el viejo Castellar y darle un aire completamente diferente al original.
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En pleno centro de Jimena de la Frontera (calle Sevilla, 119) se encuentra La Tahona Vieja, una casa rural ubicada en una antigua panaderÃa que ofrece un gran encanto para el viajero. Desgraciadamente, ya no quedan los olores del pan recién hecho. Echándole imaginación, sà podemos descubrir otras huellas de su pasado, como las repisas donde se colocaban los bollos de masa para que descansaran antes de entrar al horno (aunque hoy sirven como somier para un sofá cama en el que caben dos personas y donde se debe estar genial cuando fuera hace frÃo). La casa tiene capacidad para seis personas, en sus dos habitaciones dobles y en su salón con este sofá-repisa para pan.
De todas formas, el elemento más mágico es la escalera… Según me comentó Javi, la escalera servÃa hasta hace bien poco –hasta la rehabilitación de la casa hace unos años, de hecho– como callejón de la época mozárabe entre la calle de Sevilla y la calle de La Loba, por lo que no era nada raro pasar por ella y encontrarse a la señora que vivÃa aquà hasta hace unos años en su salón o en la cocina, cada uno de ellos a un lado de la empinada cuesta. El pasaje, de unos 30 metros de longitud, está empedrada y sus escalones están marcados con traviesas de madera, como podéis ver en la foto.
La casa, como el resto del casco histórico de Jimena de la Frontera, está en una zona de buena cobertura 3G. Puede parecer poco importante… pero para el viajero que, como yo, necesita estar conectado en todo momento para escribir y subir contenidos a la red, nunca está de más contar con estos adelantos de la comunicación inalámbrica. De hecho, siempre estoy buscando sitios donde tenga buena cobertura, porque subir 20 ó 30 fotos es imposible con una conexión GSM. Para estos menesteres, o para pasar la tarde en silencio disfrutando de un buen libro, la Tahona tiene una pequeña sala de lectura en la parte superior, bien iluminada y con mesa camilla incluida, que hará las delicias de los viajeros más lectores o más tecnológicos (o más tecnodependientes, que de todo hay).
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Aunque después de otros dos viajes para Miradas puedo decir que en cualquier pueblo de AndalucÃa se recibe al viajero con los brazos abiertos, al llegar a Alcalá de los Gazules para empezar a recorrer mi tercera comarca me di cuenta de que todavÃa soy capaz de sorprenderme con la bondad de los desconocidos (aunque suene un poco a obra de teatro de Tenessee Williams). Mari Santos, la propietaria de la Casa de Bárbara, la casa rural donde iba a pasar mi primera noche en Los Alcornocales, me esperaba para ofrecerme uno de los mejores recibimientos que recuerdo.
Mari Santos es una enamorada de su pueblo. Su propio nombre, de hecho, es el mismo que el de la patrona de Alcalá, todo un sÃntoma de que las raÃces que tiene en el suelo de Los Alcornocales son fuertes. No solo me ofreció explicaciones detalladas de la historia del pueblo y respondió pacientemente a mis preguntas (”¿Qué son los gazules?”), sino que me reservaba una agradable sorpresa que terminó de conquistar mi estómago goloso. En la mesa del salón de la Casa de Bárbara me esperaba una muestra de las diferentes variedades de bollos, queso y reposterÃa de los que puede disfrutar el visitante de este rincón tan especial de la sierra de Cádiz: molletes, queso artesanal de cabra, tortas de pellizco, merengues, polvorones de almendra… “Te he traÃdo uno de cada, para que los puedas probar todos”, añadió Mari Santos.
La bienvenida se completó con un completo paseo por el pueblo, que os contaré en la siguiente entrada, y con una visita a uno de los bares de la Alameda de la Cruz, donde pude seguir deleitándome con unas cabrillas y una tapa de carne en salsa.

Un detalle de la Casa de Bárbara / Foto: casadebarbara.com
Por cierto… Los gazules eran los integrantes de la familia bereber que reinó en la zona durante los primeros años de dominación musulmana, justo después de la conquista de la PenÃnsula en el siglo VIII.