
Para completar el viaje a los días del Imperio Romano que empecé en Almedinilla decidí terminar mi visita a la Campiña Sur de Córdoba visitando dos magníficos tesoros que se han conservado en un estado casi perfecto desde aquellos tiempos de emperadores y patricios. Los mosaicos que veis arriba y abajo de estas líneas pertenecen a la magnífica colección de suelos que adornan la villa romana de Fuente Álamo, en Puente Genil. Para visitarla, he quedado con el responsable de la excavación, David Jaén.
Lo que hace único a este lugar no son, solamente, los mosaicos. “Lo que hace que Fuente Álamo sea especial es que aquí vivió gente durante diez siglos”, me dice David. De hecho, lo increíble es que haya huellas bien conservadas de los diferentes usos que tuvo este lugar: unas termas romanas en el siglo I, una villa en el siglo IV y una pequeña aldea con almazara hasta el siglo X.
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Andalucía ha sido siempre tierra de buenos vinos. Hay una tierra, de hecho, que ha destacado sobre muchas otras por su producción de uva Pedro Ximénez: la Campiña Sur de la provincia de Córdoba, especialmente los municipios de Montemayor, La Rambla, Aguilar, Puente Genil y, sobre todo, Montilla y Moriles, que dan nombre a los vinos que se exportan desde este rincón del centro de Andalucía a muchos países.

Los campos que rodean a estas ciudades cumplen con las condiciones óptimas para ofrecer uvas de gran calidad, tanto por las características del terreno como por el clima. Hay una zona particularmente afortunada para el cultivo de la Pedro Ximénez: los montes que separan a Montilla de Moriles que son considerados, de hecho, como la zona óptima para producir los vinos de la denominación Montilla-Moriles. A medio camino entre los aires serranos de la Subbética y los más suaves de la Vega del Guadalquivir, el clima suele ser perfecto y permite vendimiar en agosto, justo el momento en que la uva alcanza el grado de maduración justo que permite alcanzar una graduación alcohólica en torno a los 15º.
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Acabo de desempolvar los conocimientos de latín de mis años de instituto para titular el artículo que os presento y ni siquiera sé si está bien escrito. Lo que quería decir es “Un día romano en Almedinilla” (por descontado, cualquier corrección será bienvenida, ¡faltaría más!).
Os preguntaréis por qué me ha dado ahora por titular un artículo en latín. Pues porque acabo de pasar uno de los días más interesantes desde que he empezado a viajar por Andalucía. Ha sido en Almedinilla, un pequeño pueblo del este de la Subbética que durante las obras de la carretera que lleva de Cabra a Alcalá la Real descubrió que hace dos mil años había sido un asentamiento romano de importancia y que ha sabido conservar y enseñar al mundo (o, como ahora dicen por ahí, “poner en valor”) la herencia recibida de algún patricio romano que habitó una lujosa villa en estas tierras hace dos milenios. Las figuras de Hypnos y Hermafrodita encontradas en el lugar dan idea de la dedicación espiritual a estos ídolos.

Sin embargo, y aunque los vestigios arqueológicos son excepcionales, lo que diferencia a Almedinilla de muchos otros lugares con restos romanos es la iniciativa de un grupo de jóvenes y del ayuntamiento: entre todos han constituido la empresa Somnus para gestionar el enorme legado que los restos romanos, el poblado íbero y el magnífico museo histórico suponen.
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Cualquier visita a Cabra puede ir mucho más allá de visitar las numerosas iglesias (¡existen 27 hermandades que procesionan en semana santa!) y de tomarse uno de los mejores salmorejos del mundo en cualquiera de los numerosos restaurantes de la ciudad. Los dos atractivos anteriores, aún siendo excepcionales, no distinguen a los egabrenses de los vecinos de muchos otros lugares de la provincia o Andalucía.

Sin embargo, hay un lugar que sí hace a Cabra especial por encima de cualquier valoración: el instituto de bachillerato Aguilar y Eslava (en la calle Pepita Jiménez), un centro público que ha funcionado como instituto de enseñanzas medias desde hace más de tres siglos. Sus clases han acogido a alumnos tan ilustres como Blas Infante (que también estudió en Archidona, en un instituto también centenario del que os hablé hace tiempo), la ex ministra de Cultura Carmen Calvo y el que fue presidente de la II República Española durante cinco años, Niceto Alcalá-Zamora. Por cierto, la visita de Alcalá-Zamora, nacido en la vecina Priego de Córdoba, es recordada desde 1932 con una placa a la entrada del instituto. “De hecho, ha sido el único jefe del Estado que ha estado aquí. Cuando venga otro, ya pondremos otra placa”, me cuenta con ironía Salvador Guzmán, profesor del instituto y presidente del patronato de la Fundación Aguilar y Eslava, que se encarga de la gestión y mantenimiento del museo.
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Ya sé que para muchos de vosotros, sobre todo los que nos leéis desde Andalucía, esta pregunta tiene fácil respuesta. Habrá muchos otros que, sin embargo, crean que el aceite viene del Merca… digo, del supermercado. Para ellos (yo soy el primero) no está de más una visita a alguno de los museos que en la comarca del Guadajoz enseñan de manera muy didáctica el proceso de elaboración de este verdadero tesoro líquido desde que la aceituna se recoge del árbol hasta que se embotella.

El mejor lugar para iniciarse en el conocimiento del arte del aceite es el Museo del Olivar y el Aceite, en el centro de Baena (calle Cañada, 7). El centenario edificio alberga 800 m² de espacios para las exposiciones y conserva una almazara que aún se pone en marcha para mostrar el proceso de extracción mecánica del aceite. Además del equipamiento, que funcionó de manera habitual hasta 1959 en el mismo espacio, el museo ofrece paneles, maquetas y objetos originales que muestran la evolución del arte aceitero en los últimos dos milenios.
Desde las diferentes prensas y molinos hasta las aplicaciones modernas del óleo a la cosmética, el espacio permite al visitante descubrir algo nuevo en cada esquina. No os perdáis el panel móvil que muestra el completo léxico relacionado con el olivar. El museo abre de martes a sábado (11.00 a 14.00 y 17.00 a 200) y los domingos (de 11.00 a 14.00). Si queréis ver algo más antes de vuestra visita, podéis visitar su web en http://www.museoaceite.com
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“¿A qué hora quieres que venga mañana a prepararte el desayuno?”, me preguntó Paqui. “Bueno, no quiero molestar… si me dejas un poco de leche y café y algo para comer ya me lo preparo yo”, le respondí. “No, hombre… ¡si yo quiero prepararlo! A las nueve y media vengo”, fue su respuesta.

Con esta anécdota, que muestra la dedicación y el cariño con que el visitante es recibido en esta casa, empiezo hoy mi relato de la visita a la Casa Guájar, una de las muchas casas de turismo rural que hay en la Sierra de las Nieves. Es difícil escoger entre tantas la perfecta para pasar este puente o para escaparnos, durante unos días, de la vorágine urbanita de humo, asfalto, prisas, informes “para ayer”, comer mal y dormir peor. La casa, que construyeron y regentan desde hace diez años Paqui y Pepe, es un oasis que mira, de frente, al pequeño pueblo de Monda, de cuyo centro está separada por un kilómetro escaso. Imaginaos levantándoos cualquier mañana y disfrutando de las vistas de las que disfruta el dormitorio principal, en la primera planta y orientado al sureste para que el sol que se eleva sobre la Penibética os dé en la cara y os ayude a empezar el día de buen humor.

Aunque ahora mismo no estamos en la mejor época para hacer uso de ella, al costado de la casa hay una piscina donde poder aliviar el calor del verano. Justo al lado de la piscina está también uno de los rincones más especiales: un horno y una parrilla donde poder preparar comida para los ocho o diez huéspedes que, como máximo, puede albergar la casa.
En la finca que la rodea hay madroños

Los entendidos en vino saben que ‘tempranillo’ es una variedad de uva tinta, muy habitual en La Rioja, que madura antes que la mayoría de las demás variedades. Dice la Wikipedia que la uva tempranillo se considera la “uva noble” a la hora de elaborar diferentes vinos. Recorrer el norte de la comarca de Antequera y los municipios cercanos de las provincias de Córdoba y Sevilla sirve para encontrarse con otro tempranillo, cuya leyenda no tiene nada que ver con las uvas pero que conserva la misma nobleza para la mayoría de habitantes de la zona.

Trazada entre tres provincias, la Ruta del Tempranillo es un itinerario que comienza en Jauja (Lucena, Córdoba) y que nos permite visitar los lugares donde se desarrolló la vida de José María Hinojosa Cobacho, a quien se apodó ‘el Tempranillo’ por la juventud con la que se convirtió en bandolero, después de una riña en la que un hombre terminó muerto, cuando José María estaba todavía en su adolescencia temprana.
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