Octubre 20th, 2009Campiñaneando por Jaén

A lo lejos

Empiezo mi segundo tour por las comarcas rurales de esta nuestra comunidad en una de las zonas que más ha exportado su imagen y sus productos al resto del mundo: la Campiña Norte de Jaén, ese enorme y famoso mar de olivos que atraviesa la autovía A4 y que acompaña al visitante que entra en Andalucía por Despeñaperros hasta que deja la provincia para seguir su viaje hacia Córdoba y Sevilla.

Los pueblos, agrupados en veinticinco municipios, sobresalen en las cotas más altas del paisaje ondulado como si fueran barcos sobre las olas de un océano verde y blanco. Las torres de sus iglesias y antiguas fortalezas parecen mástiles de carabelas, y las casas se arremolinan a su alrededor como si fueran velas que aprovechan el viento suave que sopla en la zona para llevar al visitante-navegante de un lugar a otro con la suavidad de una marejada de interior.

Huerto, al fin y al cabo

Y aunque parezca que por aquí todo sigue igual desde hace cientos de años, entre los campos de olivos están empezando a surgir otros huertos, estos algo más tecnológicos que los otros pero que siguen extrayendo lo mejor de la energía solar que llega, con tanta fuerza, a estas tierras… aunque hoy esté el día algo nublado.

Desayuno en Porcuna

Por lo demás, ya me conocéis. No hay nada como empezar bien el día, con un desayuno deluxe en alguno de los bares de la comarca. No os perdáis la barra de pan que me han puesto, el pedazo de café y la muestra de embutidos. Eso sí, aunque esta comarca es la cuna del aceite y el zumo de sus aceitunas se pasee por los cinco continentes (o seis, que seguro que algún científico polar se lo ha llevado a la Antártida de expedición), me han puesto el mítico Capricho Andaluz cordobés. Seguiré buscando para el desayuno de mañana y, si no, me bajo en cualquier campo y exprimo yo un poco.

Panorámica de Cazorla, por Gabriel Villena Fernández / Cazorla a pie de foto

Panorámica de Cazorla, por Gabriel Villena Fernández / Cazorla a pie de foto

Las escapadas de fin de semana destinadas a ser recordadas durante mucho tiempo suelen ofrecer buenas sensaciones desde el primer momento. La pequeña ciudad de Cazorla, en el centro de la sierra a la que da nombre, ofrece buenas vibraciones mucho tiempo antes de llegar a sus calles. Cualquier viajero que se dirige hacia ella desde la Andalucía Occidental atraviesa un mar -un océano, para ser exactos- de olivos. Si ha cometido la imprudencia de no pararse en Úbeda o Baeza, dos ciudades patrimonio de la humanidad por su increíble espíritu renacentista, la monotonía de la expedición habrá durado varias horas sin ver mucho más que las enormes extensiones de campo cultivado que acompaña al Guadalquivir en su curso.

En cualquier caso, el premio de la llegada a Cazorla es entregado varios kilómetros antes de la meta. A medida que el viajero se acerca, es casi imposible que no rece o cruce los dedos para que la providencia cumpla su deseo: “Ojalá que aquella ciudad al pie de aquel escarpado acantilado de varios cientos de metros sea Cazorla y no me haya equivocado de destino”, pensará el trotamundos. Poco después, confirmará, para su alegría, que en efecto ese enclave privilegiado era, en efecto, la meta de su viaje.

Descubrir que es en este lugar donde pasará el fin de semana es un premio para cualquier viajero en búsqueda de nuevos descubrimientos. Saber que, además, llega a Cazorla para asistir a un encuentro de blogs rurales invitado por Abraham, un cazorleño enamorado de su tierra, es como encontrar una galleta en el fondo de ese paquete que creía vacío y que le había sabido a tan poco: el viajero está seguro de que podrá conseguir conocer Cazorla como muy pocos turistas, de esos que van de paso y con el único fin de sacar el número máximo de fotos antes de ir al siguiente destino, podrán soñar nunca.

Pongamos que yo fui el viajero este último fin de semana. Pongamos, también, que fui enviado al I Evento Blog Rural Ciudad de Cazorla por la coordinadora de este proyecto Miradas de Andalucía y que, por indicación del grupo de desarrollo rural de la Sierra de Cazorla, tenía que encontrar una casa rural situada en una vieja plaza situada en el centro de una maraña de callejuelas de origen árabe, poco aptas para la circulación de un coche del siglo XXI, llamada Plaza de Santa María. Pongamos que debía hacer todo eso e intentar que mi boca abierta por el asombro causado por este lugar único no dejara escapar sus efluvios. Cualquier viajero experimentado en estas tierras entenderá que todo ello no es tarea fácil para quien sólo ha pisado suelo jiennense en su paso entre Sevilla y Madrid. Pues bien: lo conseguí. Lo que pasó desde que bajé del coche será motivo de otro post.


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