Balcón

La comarca del Valle Medio del Guadalquivir es, en realidad, la suma de dos subcomarcas que, separadas por la ciudad de Córdoba, reciben y despiden al río por el este y el oeste de la provincia. El cauce más bajo está presidido por Palma del Río, de la que ya os he hablado. La zona alta está coronada por la preciosa Montoro, uno de los paisajes urbanos más bonitos que he encontrado en la provincia de Córdoba. De hecho, después de la primera impresión de asombro que tuve al llegar, eché mano de recuerdos de viajes pasados para saber por qué me resultaba familiar.

Panorámica de Montoro

La respuesta está, de hecho, cerca de mi (otra) tierra. Al final de otro de los grandes ríos ibéricos, el Duero, se encuentra la ciudad de Porto (Oporto, en castellano), un ejemplo del mismo espíritu arquitectónico en el que las casas van subiendo por la ladera de una montaña para tramar un esquema de callejuelas con vistas a un valle. Mirad esta foto que he encontrado en la wikipedia y decidme si no tiene un aire importante… Vale, la escala es distinta, porque Porto tiene una población veintidós veces mayor que Montoro y, aún así, la cordobesa puede presumir de un encanto parecido.

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Patio

Aunque el nombre de Montilla suene solo a vino, esta pequeña ciudad cordobesa ofrece muchas más cosas que hacer y que ver entre copita y copita de Pedro Ximénez. Como en cualquier lugar, lo primero que se puede hacer es pasar por la oficina de turismo. Y será un buen comienzo: el propio edificio que la alberga es conocido como la Casa del Inca, porque en él vivió durante treinta años, nada menos, el mismísimo Inca Garcilaso de la Vega. El edificio guarda pequeños tesoros, como el despacho que ocupó el célebre inquilino, o unas botas de vino firmadas por Alfonso XIII y su nieto, el rey actual Juan Carlos I. Su patio empedrado, presidido por una enorme palmera, es uno de los más antiguos y bonitos que he visto hasta ahora.

Cristalera

Por lo demás, Montilla es una ciudad que se sabe señorial. Con un pequeño paseo por sus calles más céntricas, la Corredera y las que la rodean, permite descubrir detalles como la cristalera de arriba, que cierra con clase uno de los balcones más elegantes que he visto hasta ahora en mis viajes por Andalucía.

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sierradeyeguas.com

“Las páginas estáticas, que no permiten que los usuarios suban contenidos, no funcionan”. Así de claro lo tiene Derick, que trabaja en el Guadalinfo de Sierra de Yeguas como dinamizador. Y es precisamente eso, dinamismo, lo que no le falta a él: en los últimos años ha sido capaz de movilizar a muchos de los vecinos de su pueblo (y algunos de fuera pero que siguen relacionados con el pueblo gracias a internet) para convertir al portal SierradeYeguas.com en la plaza mayor del pueblo.

El portal, diseñado con herramientas de software libre como Joomla! o Ning, ha ido creciendo en los últimos ocho años para ir incorporando información sobre el pueblo, noticias, galerías de fotos, varios foros muy visitados y, lo más relevante, un enjambre de redes sociales que harían palidecer de envidia al mismo Facebook. De hecho, existen varias redes organizadas entorno a temáticas más o menos especializadas que sirven para que se comuniquen los serranos que participan en la asociación de Igualdad, Desarrollo Rural e Innovación, la de los empresarios de la comarca, los aficionados a las rutas de montaña en bicicleta, los madridistas de la peña del pueblo o los jugadores de póker, entre muchas otras.

Derick

Para los lectores despistados, hay ciertos trucos que permiten descubrir qué webs han dado el salto al dospuntocero. Son, especialmente, aquellas que han cambiado las típicas parrafadas de datos (casi siempre) desactualizados por blogs con entradas que admiten comentarios (como este que estás leyendo), las páginas ‘wiki’ que permiten a cualquier editarlas y contribuir con sus aportaciones y las que, al estilo de Facebook y Tuenti, permiten a sus usuarios compartir fotos, vídeos y enlaces con los usuarios a los que añade como contactos.

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Torre

Después de una semana por la Campiña Norte de Jaén y otra por Cazorla (y el Pozo) decidí visitar a unas amigas en Estepona y Marbella y pasar allí mi día libre. Aunque la compañía era estupenda, pasar un día en los alrededores de la que por allí llaman ‘la milla de oro’ me sirvió para recordarme que el turismo de sol, playa y masificación no es lo mío. Por la tarde del domingo, antes de lo previsto, puse rumbo al norte y llegué a la comarca del Guadalteba.

En poco más de una hora pude comprobar que Andalucía ofrece al viajero todo lo que se pueda imaginar. De todas las provincias, quizá sea Málaga la que ofrece mayores contrastes: en cien kilómetros puedes pasar desde la cosmopolita, lujosa y desordenada Costa del Sol a la tranquila, histórica e inexplorada (por muchos viajeros) comarca del Guadalteba, situada en el centro geográfico de Andalucía, muy cerca de Antequera, siguiendo la A-92 en dirección a Sevilla.

Ayuntamiento y parque

Guadalteba es una de las grandes sorpresas que he encontrado en el tiempo que llevo viajando por Andalucía. En veinticuatro horas he sido capaz de pasar del “Guadal… ¿qué? ¿Dónde?” al “¡No me va a llegar el tiempo a nada! ¡Quiero quedarme más días!” Seguid leyendo y descubriréis por qué.

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Restauración

Situada justo en el medio de la comarca, entre Córdoba y Jaén, la vieja ciudad de Porcuna ofrece al visitante la oportunidad de dar marcha atrás en el tiempo. Un paseo por el callejero de Porcuna ofrece todo un bálsamo frente a la creciente desmemoria que se ha buscado desde muchos ámbitos para borrar el pasado, a veces con intención de encubrir atrocidades y a veces con el fin bienintencionado, pero ingenuo, de no abrir antiguas heridas.

Y no hablo sólo de la historia reciente, la relacionada con la República, la Guerra Civil y la dictadura de Franco. Porcuna es, de hecho, un punto esencial de la llama Ruta de los Castillos y las Batallas (cuya magnífica web podéis ver aquí), un recorrido que transcurre entre la manchega Carrión de Calatrava hasta la propia Granada y sirve como recuerdo de todas las batallas que se libraron en esta tierra, desde la de Baécula entre cartagineses y romanos, hasta la guerra fraticida entre nacionales y republicanos, pasando por la de las Navas de Tolosa, entre cristianos y musulmanes, o la de Bailén, librada por los ejércitos de la resistencia española contra los de Napoleón recién empezado el siglo XIX. Lee el resto de esta entrada »

Columnas sobre olivos

Arjona, hermana mayor de Arjonilla (no sólo por el nombre, ya que esta última perteneció al municipio de la primera hasta el siglo XVI), me ofreció ayer un panorama muy distinto del de su vecina: silencio y calma en cada esquina, de esos que cualquier urbanita contempla con recelo la primera vez que se los encuentra. Y no es que fuera la hora de la siesta, nada de eso: la tarde estaba ya bien entrada cuando, sobre las siete, me di un paseo por la zona más monumental y, al mismo tiempo, más espectacular de la pequeña ciudad.

Descanso

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Como os decía en el post anterior, poner un pie en Cazorla después de un viaje desde Sevilla (casi) sin parar supone para cualquiera un pequeño choque. De hecho, llegar a bajar del coche se convirtió en una aventura. Básicamente, porque no hice caso de las instrucciones de Carolina, nuestra amiga de la ADR Sierra de Cazorla, que en una conversación telefónica dos días antes de mi llegada me había advertido: “No intentes meterte por las callejuelas del centro de Cazorla; deja el coche en el aparcamiento de la villa turística y baja andando hasta la plaza”. Nada, ni caso. Debe ser que me estoy metiendo en el papel de un viajero intrépido y hago a mi coche pasar por experiencias que no se merece.

En fin, pocos minutos después, y con unos pequeños arañazos en ambos espejos retrovisores (os podéis imaginar el ancho de las callejas por donde hice pasar al pobre coche), acepté mi derrota y aparqué en una de las grandes protagonistas del fin de semana: la avenida del Cronista Lorenzo Polaino, quizá una de las cuestas con mayor inclinación de toda Cazorla. La casa rural estaba verdaderamente cerca. En pocos minutos, y gracias al navegador GPS de mi móvil, pude llegar a la Plaza de Santa María, el lugar donde me esperaba la magnífica casa rural que lleva el mismo nombre. En menos de lo que canta un gallo estaba ya instalado en la habitación número 5, un pequeño espacio abuhardillado dividido en dos espacios por un antiguo postigo de madera. Lo primero que llamó mi atención fue la decoración: se adivinaba que aquel espacio había sido un desván, pero la magnífica restauración había aportado una personalidad especial a aquel antiguo almacén del que -según supe más tarde- había sido durante muchos años el ayuntamiento de la ciudad. No pude entonces evitar el impulso de hacer unas cuantas fotos con el móvil. “Tengo que conseguir transmitir a mis amigos lo que estoy viendo”, pensé. Aquí está el resultado:

Sin más, encendí mi ordenador y me puse a trabajar. Todavía faltaban seis horas para el encuentro con Carolina en la plaza de la Corredera. Afortunadamente, mi móvil conocía a la plaza por ese nombre. Luego sabría que los cazorleños le suelen llamar ‘la plaza del Huevo’. La explicación es de lo más peregrina… pero os la contaré en un próximo post.


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