Patio

Aunque el nombre de Montilla suene solo a vino, esta pequeña ciudad cordobesa ofrece muchas más cosas que hacer y que ver entre copita y copita de Pedro Ximénez. Como en cualquier lugar, lo primero que se puede hacer es pasar por la oficina de turismo. Y será un buen comienzo: el propio edificio que la alberga es conocido como la Casa del Inca, porque en él vivió durante treinta años, nada menos, el mismísimo Inca Garcilaso de la Vega. El edificio guarda pequeños tesoros, como el despacho que ocupó el célebre inquilino, o unas botas de vino firmadas por Alfonso XIII y su nieto, el rey actual Juan Carlos I. Su patio empedrado, presidido por una enorme palmera, es uno de los más antiguos y bonitos que he visto hasta ahora.

Cristalera

Por lo demás, Montilla es una ciudad que se sabe señorial. Con un pequeño paseo por sus calles más céntricas, la Corredera y las que la rodean, permite descubrir detalles como la cristalera de arriba, que cierra con clase uno de los balcones más elegantes que he visto hasta ahora en mis viajes por Andalucía.

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Oliendo

Para terminar de conocer la Subbética (o para comenzar cualquier comida de buena mesa) podemos aliñar el viaje con un poco de aceite de oliva virgen extra. El otro día os decía que los amigos Juan y Federico están preparando una web para vender por internet el mejor aceite del mundo. Después de visitar la sede de la Denominación de Origen Priego de Córdoba estoy seguro de que en la tienda online podréis comprar muchas de sus marcas. ¿Por qué?

Frotando el vaso

Pues porque la DO sólo certifica los aceites cuando han pasado por controles de calidad rigurosísimos. Para saber más, he hablado con Rafael Rodríguez, uno de los encargados de asegurar que el aceite de Priego, Almedinilla, Carcabuey y Fuente Tójar llegue a la mesa sin ningún tipo de impureza. De hecho, sólo el diez por ciento de los veinte millones de kilos de aceituna que se recogen en estos campos pasa el control y obtiene la preciada etiqueta que permite venderlo como auténtico aceite de Priego de Córdoba.

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Enero 30th, 2010Dies romanus Almedinillā

Esclavo atento

Acabo de desempolvar los conocimientos de latín de mis años de instituto para titular el artículo que os presento y ni siquiera sé si está bien escrito. Lo que quería decir es “Un día romano en Almedinilla” (por descontado, cualquier corrección será bienvenida, ¡faltaría más!).

Os preguntaréis por qué me ha dado ahora por titular un artículo en latín. Pues porque acabo de pasar uno de los días más interesantes desde que he empezado a viajar por Andalucía. Ha sido en Almedinilla, un pequeño pueblo del este de la Subbética que durante las obras de la carretera que lleva de Cabra a Alcalá la Real descubrió que hace dos mil años había sido un asentamiento romano de importancia y que ha sabido conservar y enseñar al mundo (o, como ahora dicen por ahí, “poner en valor”) la herencia recibida de algún patricio romano que habitó una lujosa villa en estas tierras hace dos milenios. Las figuras de Hypnos y Hermafrodita encontradas en el lugar dan idea de la dedicación espiritual a estos ídolos.

Mosaico en una habitación

Sin embargo, y aunque los vestigios arqueológicos son excepcionales, lo que diferencia a Almedinilla de muchos otros lugares con restos romanos es la iniciativa de un grupo de jóvenes y del ayuntamiento: entre todos han constituido la empresa Somnus para gestionar el enorme legado que los restos romanos, el poblado íbero y el magnífico museo histórico suponen.

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Mirando al olivo

Ya sé que para muchos de vosotros, sobre todo los que nos leéis desde Andalucía, esta pregunta tiene fácil respuesta. Habrá muchos otros que, sin embargo, crean que el aceite viene del Merca… digo, del supermercado. Para ellos (yo soy el primero) no está de más una visita a alguno de los museos que en la comarca del Guadajoz enseñan de manera muy didáctica el proceso de elaboración de este verdadero tesoro líquido desde que la aceituna se recoge del árbol hasta que se embotella.

Vista general del museo

El mejor lugar para iniciarse en el conocimiento del arte del aceite es el Museo del Olivar y el Aceite, en el centro de Baena (calle Cañada, 7). El centenario edificio alberga 800 m² de espacios para las exposiciones y conserva una almazara que aún se pone en marcha para mostrar el proceso de extracción mecánica del aceite. Además del equipamiento, que funcionó de manera habitual hasta 1959 en el mismo espacio, el museo ofrece paneles, maquetas y objetos originales que muestran la evolución del arte aceitero en los últimos dos milenios.

Desde las diferentes prensas y molinos hasta las aplicaciones modernas del óleo a la cosmética, el espacio permite al visitante descubrir algo nuevo en cada esquina. No os perdáis el panel móvil que muestra el completo léxico relacionado con el olivar. El museo abre de martes a sábado (11.00 a 14.00 y 17.00 a 200) y los domingos (de 11.00 a 14.00). Si queréis ver algo más antes de vuestra visita, podéis visitar su web en http://www.museoaceite.com

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El hotel

Al viajero que llega por primera vez a recorrer la zona costera de la provincia de Málaga le llama siempre la atención la masificación del litoral. Aunque se adivina que en su día estas tierras fueron privilegiadas por su clima y su magnífica posición sobre el Mediterráneo, lo más probable es que el viajero que busca encontrar sitios auténticos pase de largo por la autovía A7 y se olvide de lugares tan poco apetecibles como Puerto Banús, Solymar o los innumerables complejos de golf que pueblan la Costa del Sol. Sin embargo, no hace falta hacer muchos kilómetros para encontrarse con lugares para alojarse con un encanto muy especial.

Camas

Uno de los alojamientos más especiales de la provincia es el complejo turístico La Garganta, un hotel situado a la orilla del pantano de El Chorro en el edificio que hace casi un siglo se levantó allí para alojar una harinera. “El Chorro era, hace casi un siglo, el centro de la producción hidroeléctrica andaluza”, me cuenta Fernando, el propietario del hotel. El pasado industrial de la pedanía se ve en muchos de los edificios que rodean a la antigua harinera, como la estación de tren que sigue en uso o las antiguas fábricas de carburos o de áridos. Fernando nació hace algo más de cincuenta años en una de las casas de esta barriada que pertenece al municipio de Álora y recuerda muchísimas historias de la gente que ha poblado este rincón. Desde la época de posguerra y el desarrollismo de los años cincuenta y sesenta hasta la rehabilitación de la fábrica de harinas para convertirla en el hotel que es hoy, la memoria de Fernando está llena de historias que transportan al viajero a épocas en las que la vida no era tan fácil como ahora. Durante las tres o cuatro horas que compartimos recorriendo las riberas del pantano del Chorro pude conocer cómo era la vida antes de que el desarrollo turístico transformara, para siempre, a esta provincia.

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Arcos

Comienzo mi visita a la Comarca Nororiental de Málaga alojándome en La Cañada del Sacristán. Este hotel rural de cuatro habitaciones es, según la guía Casas rurales con encanto (editada por El País - Aguilar, 2009), uno de los mejores alojamientos rurales de España. La razón es que Mari Carmen y Antonio, sus propietarios, han cuidado tanto los detalles que el viajero consigue descubrir algo interesante en cada rincón de la casa y la finca de siete hectáreas que la rodea. Este artículo no habla, por tanto, de los datos generales ni habituales que suelen rodear a las entradas sobre casas rurales. No es un post al uso porque esta casa tampoco es una casa cualquiera.

Lagarto y baldosas

Cualquiera que ponga la mínima atención es capaz de notar que hay muchos lagartos repartidos por cada estancia, desde los azulejos del zaguán hasta la chimenea del salón. “Es el símbolo de la casa”, me comenta Antonio. “Cuando llegamos nos dimos cuenta de que nos ayudaban a eliminar insectos que son mucho más molestos”. Por suerte para los viajeros con indicios de lagartofobia (bueno, el nombre científico es ‘herpetofobia’, o aversión a los reptiles) como yo, los que quedan son casi todos de hierro forjado, como el que veis en la foto sobre una de las mesas del comedor.

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Vista general

Aunque hace poco mi compañero Jorge estuvo también por El Torcal, y nos lo contó tan bien como siempre en su blog, cualquier viajero que pase por aquí tiene que hacer una visita a este rincón mágico. Yo tampoco pude dejar de pasar la oportunidad, sobre todo al contar con un guía excepcional, Ramiro.

El Torcal es el resultado de un capricho geológico que no soy capaz de entender completamente. Cómo media Península Ibérica estaba bajo el agua y cómo emergió y llegó a formar catedrales como esta no es un proceso sencillo ni comprensible para quien ha estudiado una carrera de letras. Para ayudar a estos viajeros (y a los niños, y a los jóvenes, y a cualquiera que llegue por aquí) a entenderlo, hace poco tiempo se ha abierto un centro de interpretación junto a la carretera que lleva desde Villanueva de la Concepción hasta El Torcal. Este ‘centro de interpretación’ es uno de los que responde bien a esta etiqueta que ha proliferado como una especie de seta por las zonas rurales en los últimos años.

Especies

Después de visitar el centro, sólo te quedan ganas de salir a comprobar qué maravillas ha creado la naturaleza al haber conjugado en un sitio tan concreto tantas maravillas geológicas.

Y no sólo de piedras se nutrió mi visita: la compañía de Ramiro sirvió para conocer, de primera mano, la realidad de la gente que vive en la comarca sin pasar por folletos turísticos ni portales instltucionales (que están muy bien, no digo yo que no –sólo faltaría– pero que muchas veces se quedan cortos en sus descripciones de la realidad del día a día en las zonas rurales).

Laminado

La ruta por las maravillas pétreas que veis en las fotos que ilustran esta entrada, y que podéis ampliar en las que he subido a un álbum en flickr, alternó el disfrute estético de las vistas con el debate animado de hacia dónde deberían dirigirse los esfuerzos en el desarrollo turístico: que si hay que mostrar más turismo que la semana santa, que si debemos ofrecer experiencias auténticas a los turistas, que si la zona tiene un déficit de infraestructuras que sólo va reduciéndose muy lentamente, que si la instalación de los parques eólicos proyectados va a estropear, para siempre, la mágica atmósfera de la zona, que si la presencia de la burra Margarita en las manifestaciones se ha convertido en un símbolo de las reivindicaciones de los vecinos

Cabra montés

Uno de los grandes momentos del día tuvo lugar en la Venta Pastelero (está en la pedanía de Pastelero que se encuentra a medio camino entre Villanueva de la Concepción y Almogía), cuando Paco, el dueño del restaurante, me tomó nota en gallego. No, no es que hayamos colonizado ya la zona… sino que vivió durante quince años en Suiza entre emigrantes y aprendió a hablar una variedad de gallego-andaluz que bien podría considerarse el idioma criollo más bonito del mundo.

Verdiales

La jornada terminó en Almogía, un pequeño pueblo al sur de la comarca que está considerado como la cuna de una de las manifestaciones de la cultura popular más características de la provincia de Málaga: el verdial, una fiesta que hunde sus raíces en la historia antigua y que se mantiene intacta, sobreviviendo al impacto uniformador de las ferias y semanas santas en el calendario festivo de la zona interior de Málaga. El sombrero de flores con cintas de muchos colores, panderetas y crótalos que veis en la foto son los símbolos que distinguen a esta muestra cultural única. Youtube tiene una gran colección de vídeos donde saborear las fiestas de verdiales.

Anochecer en Almogía

Bolsa

De manera totalmente intencionada, he dejado para el final un plato fuerte de la visita a cualquier comarca rural de Andalucía: los restaurantes y los alojamientos que ponen, en Guadalteba, la guinda a una de las grandes sorpresas en los viajes que llevo hasta ahora por esta nuestra comunidad.

Aunque existen muchos sitios donde disfrutar de la gastronomía de la comarca, hay dos que llamaron mi atención por encima de los demás por razones que, estando relacionadas, son dos expresiones de las diferentes maneras de entender la comida. En Campillos, y separados por poco más de un kilómetro, conviven dos restaurantes que son referencia obligada en la zona.

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Torre

Después de una semana por la Campiña Norte de Jaén y otra por Cazorla (y el Pozo) decidí visitar a unas amigas en Estepona y Marbella y pasar allí mi día libre. Aunque la compañía era estupenda, pasar un día en los alrededores de la que por allí llaman ‘la milla de oro’ me sirvió para recordarme que el turismo de sol, playa y masificación no es lo mío. Por la tarde del domingo, antes de lo previsto, puse rumbo al norte y llegué a la comarca del Guadalteba.

En poco más de una hora pude comprobar que Andalucía ofrece al viajero todo lo que se pueda imaginar. De todas las provincias, quizá sea Málaga la que ofrece mayores contrastes: en cien kilómetros puedes pasar desde la cosmopolita, lujosa y desordenada Costa del Sol a la tranquila, histórica e inexplorada (por muchos viajeros) comarca del Guadalteba, situada en el centro geográfico de Andalucía, muy cerca de Antequera, siguiendo la A-92 en dirección a Sevilla.

Ayuntamiento y parque

Guadalteba es una de las grandes sorpresas que he encontrado en el tiempo que llevo viajando por Andalucía. En veinticuatro horas he sido capaz de pasar del “Guadal… ¿qué? ¿Dónde?” al “¡No me va a llegar el tiempo a nada! ¡Quiero quedarme más días!” Seguid leyendo y descubriréis por qué.

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